OpiniónEconomía

1929: relato, ciclo económico y lecciones para Bolivia

“Claramente, cuanto mayor sea la expansión del crédito y más tiempo se prolongue, más durará el auge. El auge terminará cuando la expansión del crédito bancario finalmente se detenga. Evidentemente, cuanto más se prolonga el auge, más derrochadores serán los errores cometidos y más largo y severo será el ajuste depresivo necesario.” — Murray Rothbard

Diego A. Villarroel

Abogado, investigador y profesor de derecho

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La Gran Depresión de Estados Unidos de 1929 es un episodio histórico que siempre ha despertado mi curiosidad. Su alcance. La magnitud de la tragedia económica. La puesta en duda del capitalismo como modo de producción capaz de sostener el progreso. Pero, sobre todo, el drama de millones de individuos y empresas arrastrados por una crisis que destruyó negocios, quebró familias y transformó a Estados Unidos para siempre.

En ese contexto llegó a mis manos 1929, de Andrew Ross Sorkin. Tras culminar su lectura, el entusiasmo con el que publicaciones como The Economist y Financial Times recibieron esta obra resulta no solo comprensible, sino plenamente justificado.

1929 es un libro de historia bancaria, empresarial y política que se lee con la fluidez de una novela. Lejos de ser un tratado técnico árido, Andrew Ross Sorkin construye un relato vivo, centrado en personajes, decisiones y conflictos, que permite comprender la Gran Depresión estadounidense desde dentro: desde los despachos corporativos, las mesas de Wall Street y los pasillos del poder político.

Uno de los grandes aciertos del libro es su enfoque personalista. La historia económica deja de ser una sucesión abstracta de cifras y teorías económicas encontradas, y pasa a encarnarse en figuras clave del mundo empresarial —como William C. Durant, John Raskob, Owen Young, John D. Rockefeller—, del sistema bancario —con Charles “Sunshine Charlie” Mitchell, Thomas Lamont, Jack Morgan y, en general, la omnipresente House of Morgan— y de la política —Herbert Hoover, Carter Glass, Franklin D. Roosevelt, incluso Winston Churchill quien también sufrió los embates de la crisis—. A través de ellos, el lector observa cómo la exuberancia, el exceso de confianza y una fe casi ciega en el progreso permanente moldearon decisiones que terminaron amplificando la catástrofe.

El libro expone con claridad los errores empresariales y políticos que precedieron al colapso, pero también destaca por su capacidad narrativa al adentrarse en episodios de alto voltaje dramático. En particular, el juicio contra Charles Mitchell se presenta casi como un drama judicial, donde la tensión no proviene solo de los hechos económicos, sino de las consecuencias morales y políticas de exponer el funcionamiento interno de Wall Street.

En ese sentido, uno de los mayores atractivos de la obra son las audiencias lideradas por Ferdinand Pecora. Estas sesiones funcionan como el clímax del libro: el momento en el que el poder financiero es interrogado públicamente y donde salen a la luz prácticas que hasta entonces habían permanecido ocultas. Sorkin logra que estos episodios se lean con la intensidad de un thriller, sin perder solidez histórica.

Una crítica necesaria: más allá de la “avaricia”

El libro deja múltiples aprendizajes, especialmente sobre los peligros de la euforia colectiva, la laxitud regulatoria y la confusión entre innovación financiera y progreso real. Sin embargo, es posible señalar una limitación analítica importante: 1929 se muestra intrínsecamente favorable a la tesis de que la Gran Depresión fue causada, principalmente, por la “avaricia” de Wall Street.

Esta lectura moralizante deja en segundo plano una explicación alternativa —y más estructural— del colapso: el rol de la expansión crediticia impulsada por la Reserva Federal durante la década de 1920. Para quien desee profundizar en esta perspectiva, resulta altamente recomendable La Gran Depresión de Murray Rothbard (citada al inicio de este ensayo), donde se expone con claridad la teoría austríaca del ciclo económico aplicada al caso estadounidense.

Desde esta óptica, la crisis no fue el resultado de un fallo ético individual, sino la consecuencia lógica de una política monetaria expansiva que distorsionó las señales del mercado. El crédito artificialmente barato indujo malas inversiones (malinvestment), infló los precios de los activos bursátiles y generó una ilusión de prosperidad que no estaba respaldada por ahorro real. Cuando la expansión se detuvo, la estructura productiva reveló su fragilidad y la corrección fue inevitable. La burbuja no “estalló” por accidente: colapsó porque nunca fue sostenible.

Esta omisión no invalida el enorme valor histórico y narrativo de 1929, pero sí acota el abanico de interpretaciones económicas que ofrece al lector.

Lecciones para Bolivia: una historia aún por escribirse

El libro invita, además, a una reflexión más cercana. En países como Bolivia, donde una crisis económica comenzó a manifestarse con fuerza a partir de 2023, un ejercicio analítico similar resulta no solo pertinente, sino urgente.

Desde una lectura inspirada en la teoría del ciclo económico, el caso boliviano presenta paralelismos evidentes: una prolongada expansión crediticia y monetaria, financiada por el uso intensivo de reservas y el endeudamiento; una asignación distorsionada de recursos hacia sectores protegidos o políticamente priorizados; y una apreciación ficticia del boliviano, sostenida artificialmente, que encubrió desequilibrios profundos en la estructura productiva.

Como en otros episodios históricos, la aparente estabilidad fue en realidad una burbuja. Cuando las condiciones externas e internas dejaron de acompañar, las malas inversiones quedaron expuestas y el ajuste comenzó a manifestarse en escasez de divisas, tensiones fiscales y pérdida de credibilidad. El ciclo —expansión, ilusión de riqueza, distorsión y corrección— vuelve a repetirse.

Una obra que reconstruya la historia económica reciente de Bolivia desde adentro, combinando análisis económico, decisiones políticas y narrativa humana tendría un valor incalculable. 1929 demuestra que comprender las crisis no es solo un ejercicio académico: es una herramienta indispensable para evitar que los mismos errores se repitan, una y otra vez, bajo distintos nombres y contextos.


[1] La cita original en inglés se lee así: “Clearly, the greater the credit expansion and the longer it lasts, the longer will the boom last. The boom will end when bank credit expansion finally stops. Evidently, the longer the boom goes on the more wasteful the errors committed, and the longer and more severe will be the necessary depression readjustment.” Murray Rothbard, America’s Great Depression, 5TH Edition, Mises Institute, 2000, p. 13.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Diego A. Villarroel

Abogado, investigador y profesor de derecho

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