OpiniónEconomía

Un Foro que interpeló a Latinoamérica

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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El momento mundial actual está marcado por tensiones geopolíticas persistentes, fragmentación del comercio global y una aceleración tecnológica sin precedentes.

América Latina y el Caribe enfrentan un dilema recurrente y exigente: adaptarse pasivamente o construir una estrategia inteligente. Para Bolivia, esta disyuntiva es central para su desarrollo futuro.

En ese marco, el Foro Económico 2026, organizado por CAF en Panamá, se consolidó como uno de los espacios más relevantes de diálogo económico regional. Fue un punto de encuentro entre gobiernos, empresarios, multilaterales e inversionistas orientado a convertir ideas en alianzas concretas.

El mensaje transversal fue claro: la región necesita más coordinación y menos fragmentación. En un mundo cada vez más competitivo, actuar de manera aislada debilita. El presidente de Brasil, Lula da Silva, lo expresó sin ambigüedades: “seguir divididos nos torna a todos más frágiles”.

Ningún país latinoamericano puede enfrentar en solitario desafíos estructurales como la baja productividad, la transformación tecnológica o la transición energética. La acción colectiva deja de ser un ideal político para convertirse en una condición económica.

Las prioridades discutidas —integración regional, inteligencia artificial, transición energética y reconfiguración del comercio global— tienen implicancias directas para Bolivia.

Desde la perspectiva de los inversionistas, la región ofrece oportunidades relevantes, pero sigue exhibiendo riesgos persistentes: inestabilidad económica, debilidad institucional y reglas de juego imprevisibles. Pese al gran avance, Bolivia no es ajena a esta percepción.

La reflexión de largo plazo fue pertinente. James Robinson, Premio Nobel de Economía, recordó que América Latina ha quedado rezagada; pero la heterogeneidad regional también puede ser fuente de resiliencia e innovación.

Para Bolivia, esto implica reconocer sus limitaciones estructurales sin resignarse a ellas. El desafío no es negar los problemas, sino convertirlos en una agenda clara de reformas y oportunidades.

Bolivia cuenta con activos que le otorgan relevancia en el escenario global: recursos estratégicos, potencial agroindustrial, capacidad de producir alimentos, reservas de minerales críticos y una ubicación geográfica que podría articularse mejor con los mercados regionales.

Estos activos no se traducen automáticamente en desarrollo. Requieren inversión sostenida, estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica y una articulación efectiva entre sector público y privado.

El Foro dejó una lección clave: la inversión productiva no responde a discursos ni a voluntarismos. Responde a confianza, la cual se construye con reglas claras, instituciones funcionales y previsibilidad. Bolivia, que tuvo buena recepción en el Foro, enfrenta esta tarea pendiente si aspira a jugar un rol más activo en la economía regional y global.

La innovación fue otro eje central. Philippe Aghion, también Nobel de Economía, fue contundente: crecer exige educación de calidad, baja burocracia, estabilidad macroeconómica y un entorno que fomente la innovación.

La inteligencia artificial ya no es el futuro: es una herramienta actual de productividad y competitividad. Para nuestro país, el reto no es solo adoptar tecnología, sino preparar talento, empresas y políticas públicas para esta transición.

Por último, la integración regional fue abordada desde una perspectiva pragmática. Reinsertarse en el mundo no significa exportar únicamente materias primas, sino integrarse a cadenas regionales de valor, diversificar exportaciones y construir complementariedades productivas. Para un país como Bolivia, con altos costos logísticos, esta agenda es estratégica.

El Foro dejó tres mensajes claros: el mundo se mueve rápido y quedarse al margen tiene costos; inversión e innovación son inseparables; y la integración regional es un imperativo, no una opción. El desafío ahora es traducir el diálogo en proyectos concretos. La oportunidad está abierta.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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