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Andronicosas

“El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias”. Augusto Monterroso

Emilio Martinez

Escritor y analista político

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No sabemos si la fórmula oficialista será, finalmente, un arcismo-androniquismo, un andrónico-garcialinerismo o un evismo-rodriguismo, pero por ahí andará la cosa.

En la primera combinación, el joven delfín del Chapare: a) encabezaría el binomio, flanqueado por un vicepresidenciable de extrema confianza de Arce (¿Eva Copa?), b) acompañaría a Arce como vicepresidente (si es que se piensa en un mega-fraude al estilo Maduro), o c) iría a la presidencia acompañado por un Arce que se atreva a hacer “la gran CFK” (bajarse a la vice para ganar).

En cualquiera de estas cábalas, contaría con el apoyo de la maquinaria estatal y con el piso electoral que representan el medio millón de empleados públicos más sus familiares. Por supuesto, el candidato tendría que recibir ciertos márgenes de libertad discursiva para distanciarse de la gestión económica del gobierno.

La versión garcialinierista implicaría un mayor radicalismo socialista en el proyecto (no significa que el ex vice vaya en el binomio, aunque podría aspirar a una senaturía), mientras que, en la última combinación, Evo desistiría de su postulación a cambio de impunidades y canonjías.

Quien dé por finiquitado el experimento masista por el agotamiento del “modelo” y la subsecuente escasez de dólares y combustible, tendrá que tener en cuenta no sólo las posibles trampas electorales sino también la implantación profunda del populismo en la psicología de masas, que suele perdurar más allá de las evidencias de fracaso.

Pensemos, si no, en el caso argentino del 2023, cuando el peronista Sergio Massa fue el candidato más votado en primera vuelta, a pesar del desbarajuste inflacionario del que era corresponsable como ministro de economía.

Anotamos esto no para desanimar vientos de cambio, que existen y deben consolidarse, pero sí para tener en cuenta con algo de objetividad los escenarios y obstáculos que pueden presentarse.

En cualquier caso, la oposición democrática tendrá que potenciar su capacidad de conexión con el nuevo voto generacional, ya sea con el vicepresidenciable, las listas parlamentarias, las propuestas programáticas y los equipos técnicos para una eventual gestión.

Esto, si se quieren contrarrestar los riesgos de un masismo 3.0, en versión K-pop y más ambientado en TikTok que en la Radio Kawsachun Coca. Y si –ya que comenzamos con Monterroso– no queremos despertar una mañana de finales de agosto y comprobar que “el dinosaurio azul todavía estaba allí”.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Emilio Martinez

Escritor y analista político

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