Escucha la noticia
Bolivia comienza una nueva era. Tras dos décadas de populismo, manipulación institucional y empobrecimiento generalizado, el país tiene -por fin- una oportunidad histórica para reconciliarse con el sentido común en la ciencia económica: el capitalismo. El presidente Rodrigo Paz lo expresó con coraje y claridad a lo largo de su campaña con su “capitalismo para todos”, una frase que, de por sí, es un avance civilizatorio frente al retraso económico, social y moral que significa el socialismo y la izquierda internacional, lo podemos ver cada minuto mientras hacemos interminables filas por combustible y cuando ir a comprar alimentos al mercado se vuelve una tortura.
El capitalismo es el sistema económico que ha permitido a los pueblos prosperar. No es un sistema perfecto, pero sus componentes implican la condición necesaria (pero no suficiente) para el crecimiento económico, y sin sostenibilidad económica no hay sostenibilidad social ni ambiental. Larry Neal y Jeffrey Williamson, en The Cambridge History of Capitalism (en sus dos tomos de 2014 y 2015) señalan que todo capitalismo descansa en cuatro pilares universales: derechos de propiedad, poder judicial, precios libres y gobiernos que los promuevan. Allí donde esos principios se cumplen, hay capitalismo y el crecimiento económico florece reduciendo la pobreza como lo demuestra la historia económica y social de la humanidad de los últimos 2 siglos, particularmente, los últimos 70 años. De ahí surge el énfasis: pasar del socialismo al capitalismo como paradigma de gobierno es un salto civilizatorio que la humanidad superó hace décadas y que Bolivia está aprendiendo a superar de una manera muy dolorosa (con pobreza, inflación, persecución, desabastecimiento, expropiaciones, incertidumbre, etc.).
Durante veinte años, Bolivia siguió el camino de un modelo de implementación gradual del socialismo, un modelo que expropió la propiedad, destruyó a la justicia, controló los precios, cerró las exportaciones, anuló la competencia y usó al Estado como herramienta de poder político. El resultado fue advertido al menos desde 2013: inflación, desempleo, pobreza y desinstitucionalización.
El “capitalismo para todos” es un concepto que no implica privilegios, al ser “para todos”, implica la única igualdad que debe ser impuesta: la igualdad ante la ley; no divide entre ricos y pobres, sino entre quienes quieren avanzar con reglas claras y quienes quieren hacer trampa, normalmente con un estado de la misma naturaleza: un “estado-trampa” que ataca a todos, pero afecta negativamente mucho más a los que menos tienen. El capitalismo es el único sistema económico que defiende la propiedad del pequeño comerciante, del joven emprendedor y del productor; el capitalismo es el único sistema económico que permite un vínculo abierto y transparente con el mundo y un vínculo sostenible con nuestro medio ambiente; el capitalismo es el único sistema económico que es compatible con la democracia, el Estado de Derecho y la libertad de expresión. El capitalismo es el único sistema económico que nos permite crecer y la libertad de innovar, y es el único sistema que nos permitirá tener la oportunidad de salir de la peor crisis económica y social en 40 años. Eso sí, habrá que definir el tipo de capitalismo que implementará el presidente Paz (no es lo mismo, por ejemplo, un capitalismo de Estado, un capitalismo crony o un capitalismo de libre mercado).
El Presidente Paz y sus notables colaboradores han dado señales de seriedad y profundo compromiso humano muy importantes; Bolivia puede volver a crecer, y lo hará desde la verdad y la libertad, sin que nadie se rinda. La misión es clara: reconstruir el país. ¿Quién se rinde? Nadie se rinde.
Casi lo olvido, cuando vemos a un analista decir que Paz toma decisiones con ”pragmatismo” es una simple y solemne reverencia al capitalismo, pero a veces no se tiene la honestidad o el coraje intelectual de admitirlo.



