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Descargar:: El descalabro boliviano del litio
La reciente revelación del gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia sobre un desfalco de US$ 15.000 millones en empresas del Estado evidencia el fracaso estructural de YPFB, EMAPA, BoA, el sector de radares, el Mutún y, fundamentalmente, de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB). Este desfalco supera la escala de una crisis doméstica; es un terremoto que altera las placas tectónicas del llamado «Triángulo del Litio». Mientras en Chile se anuncia la fusión de Codelco y SQM, y la creación de una nueva empresa publico privada NovaAndino Litio, y Argentina avanza con un modelo de concesiones provinciales bajo un aumento vertiginoso de las inversiones, el colapso del modelo estatista boliviano ofrece lecciones urgentes para toda la región.
El mito de la industrialización soberana Durante casi dos décadas, Bolivia proyectó la imagen de una potencia emergente que no solo extraer hería el «oro blanco», sino que fabricaría baterías a escala global. Sin embargo, los informes de la nueva Comisión de la Verdad instaurada por Rodrigo Paz han desnudado una realidad amarga: plantas financiadas con US$ 2.595 millones de las reservas internacionales que hoy se consideran «inviables». Ello obedece a que carecen de la tecnología necesaria y a que ninguno de los acuerdos firmados con Rusia o China se plasmó con la seriedad mínima requerida para proyectar una explotación a escala industrial.
Para el mercado sudamericano, esto significa que el vértice boliviano del triángulo —aquel que decía poseer los mayores recursos del mundo en el Salar de Uyuni— sigue siendo un actor nominal, pero no operativo. En ese sentido, es preciso valorar el anuncio de delimitación del Salar de Uyuni realizado por el ministro Mauricio Medinacelli, al declarar parte del salar como reserva turística protegida para las comunidades locales, evitando así un daño económico mayor a una de las zonas más bellas de Bolivia. Pese a ello, estos anuncios confirman una realidad preocupante para el sector minero boliviano: el país quedará fuera de la carrera del litio al menos durante la próxima década. Esto ocurre porque, aun si la industria pudiese ponerse en marcha «mañana», los procesos de esta minería son acumulativos, complejos y requieren de un know-how mucho más sofisticado que el de la minería extractiva tradicional.
Espejo para la estrategia chilena
La situación boliviana sirve como un incómodo espejo para la Estrategia Nacional del Litio en Chile. El fracaso del modelo boliviano, ahora documentado por el gobierno de Paz, marca el fin de la era de la «romantización del litio» en el Altiplano. El estudio que desarrollamos desde Chile y que hemos compartido en diversos espacios de España, Chile, Bolivia y Argentina, demuestra que YLB fue capturada durante años por redes de corrupción, falta de control y la ausencia de un plan estratégico viable. En Chile, mientras el debate sobre la asociación público-privada cobra una nueva relevancia, se hace imperativo conducir estos acuerdos con la máxima transparencia.
Riesgos y decisiones
Para el Triángulo del Litio, territorio clave en la transición energética mundial, la soberanía sin eficiencia es un camino hacia la quiebra. Pero también lo es la corrupción. Sacar a la luz el desfalco y volver a empezar será doloroso, pero evidencia madurez, responsabilidad y gobernanza. Bolivia enfrenta una cruda realidad y retrocede décadas. Cierto. En ese esquema, resulta acertado el concepto acuñado por el presidente Paz para describir el manejo de YPFB y YLB como una “corrupción logística”, seria advertencia sobre el camino a no seguir para los proyectos de infraestructura minera en la región.
En cuanto a las decisiones, es obligado decir que el litio se encuentra en el epicentro de una pugna internacional por recursos estratégicos. Y que es cierto: los chinos y los rusos son un mercado. Sin embargo, las primeras señales del gobierno de Rodrigo Paz, sobre sus alianzas internacionales estratégicas evidencian un cambio positivo: mirar nuevamente a Estados Unidos. Para aquellos que insisten en Bolivia en el «no alineamiento activo», valga explicar que Bolivia no debe operar una industria que carezca de certificaciones internacionales de manejo y operaciones. Y eso, no lo harán ni los chinos, ni los rusos quienes se manejan habitualmente en ambientes ambientales opacos. Por ello, resulta razonable pensar en una nueva Ley del Litio una vez superadas las auditorías y con gente experta, no solo en los mercados, sino sobre todo en los procesos que se relacionan con esta particular industria.
Una segunda decisión boliviana es emprender una certificación real de sus reservas. No sería de extrañar que las artimañas del MAS también hubiesen inflado cifras durante años para distraer a la ciudadanía del robo a escala global que se estaba ejecutando.


