OpiniónEconomía

El “inferno” demográfico boliviano

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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En 1798 el reverendo Thomas Malthus alertó de que la población, cuando no se ve limitada, aumenta exponencialmente, mientras que los medios de subsistencia aumentan linealmente.

En 2016, el famoso actor Tom Hanks protagonizó la película “Inferno”, una trama relacionada con el miedo al crecimiento descontrolado de la población mundial e intentos violentos para reducirlo mediante un virus mortal.

El miedo al crecimiento poblacional acelerado tenía sustento: en 1700 el mundo tenía una población de 600 millones, mientras que al presente seríamos más de 8.000 millones. Si este ritmo siguiese en adelante pondríamos en jaque la capacidad productiva y presionaríamos los recursos planetarios.

Pero hoy el mundo enfrenta el temor opuesto. La tasa global de fecundidad se aproxima al nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer) y en muchas regiones y países ya está por debajo.

El economista Jesús Fernández-Villaverde señala que el mundo podría haber cruzado ya el umbral del reemplazo. El crecimiento poblacional actual responde a que generaciones numerosas nacidas en los noventa que aún están en edad reproductiva. Pero cuando esas cohortes sean reemplazadas por generaciones más pequeñas, la población comenzará a reducirse.

La implicación económica es directa. La producción depende de dos factores fundamentales: productividad y tamaño de la fuerza laboral. Si la población en edad de trabajar disminuye, incluso con mejoras en productividad el crecimiento agregado tenderá a moderarse.

China constituye el caso más emblemático. Tras décadas de política del hijo único, hoy enfrenta una tasa cercana a un hijo por mujer y una población que ha comenzado a disminuir, junto con su crecimiento del PIB.

Incluso India, recientemente convertida en el país más poblado del mundo, tampoco escapa a la tendencia. Su fecundidad ha descendido hasta niveles cercanos, e incluso inferiores en algunas regiones, al reemplazo.

A su vez, Estados Unidos mantiene una tasa algo superior a la europea, pero también por debajo del reemplazo. Su dinamismo demográfico depende paradojalmente de la combatida migración.

América Latina ha vivido una transición más acelerada. En los años setenta varios países registraban cinco o seis hijos por mujer. Hoy la mayoría está por debajo de dos. Colombia bordea un hijo por mujer; Brasil y Chile muestran cifras comparables a economías desarrolladas. La región envejece antes de haber alcanzado altos niveles de ingreso.

Hasta hace poco Bolivia parecía una excepción porque tenía una amplia proporción de población en edad de trabajar respecto a dependientes o “bono demográfico”. Sin embargo, la Encuesta de Demografía y Salud 2023 y el Censo de Población 2024 estimaron una tasa de 2,06 hijos por mujer, ya por debajo del nivel de reemplazo.

Es un síntoma de lo que algunos denominan “envejecer antes de hacerse rico”, un fenómeno que tensionaría el frágil sistema de pensiones, nuestro mercado laboral informal y las finanzas públicas estrechas.

No todos interpretan la caída de la fecundidad como un “inferno”. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) indica que el descenso en Bolivia es un reflejo de transformaciones sociales profundas: mayor educación femenina, acceso a anticonceptivos, autonomía reproductiva y cambios en las aspiraciones familiares.

¿Qué debemos hacer? Primero, elevar la productividad mediante educación de calidad, formación técnica pertinente y un entorno que fomente la inversión privada formal. Segundo, reformar gradualmente el sistema de pensiones para anticipar el envejecimiento.

Tercero, diseñar políticas de conciliación trabajo-familia como acceso a cuidado infantil, empleo digno y estable, vivienda y seguridad social. Por último, mejorar la cantidad, calidad y oportunidad de la información demográfica y migratoria.

El siglo XXI es, demográficamente, inverso a los anteriores. La pregunta no es cuántos seremos, sino cómo viviremos, produciremos y nos cuidaremos donde cada generación podría ser más pequeña que la anterior.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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