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La Batalla por Latinoamérica

Lo que pienso

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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El 12 de octubre de 1492 se dice que un presunto genovés llegó a lo que esperaba fuera Cipango o Catay con un grupo de marinos aventureros (algunos quizás con penas conmutadas para venir) en “tres cascarones de nueces”, dos de ellas denominadas carabelas (paradoja la de sus velas que fueron las primeras que permitieron “ir hacia atrás”, una constante de política y Poder  en nuestras tierras) pero se encontró en una isla del archipiélago de las Bahamas llamada Guanahani (la candidatura de cuál fue la primera se la disputan varias), bautizada por ellos como San Salvador para poder tomar posesión para su Reyna.​

No voy a entrar en la controversia de las leyendas rosas del Buen Salvaje (tan en la filosofía antidesarrollista de Rousseau) o los Pueblos Felices (mientras que algunos eran devorados en religiones antropofágicas en unas tierras y otros esclavizados por sacerdotes y gobernantes en otras) ni a la leyenda negra del ignorante conquistador rapaz y asesino que tan buen efecto de marketing les dio a ingleses y sus descendientes de la América del Norte. Voy a hablar de cómo estas benditas tierras han sido, una, otra y muchas veces, festín y batalla de intereses ajenos —a veces confundidos como propios.

Desde que Tordesillas dividió las nuevas tierras aún desconocidas (era tan recién como 1494), sólo se abrió el camino para un sinfín de interesados. Primero Portugal (al siglo siguiente española y al subsiguiente independiente de nuevo), poniendo sus reales sobre lo que sería Brasil e iniciando unas largas ristras de otros “visitantes”, invasores y “ocupantes” nada desinteresados durante los siguientes seis siglos: franceses, ingleses, neerlandeses, suecos, daneses, belgas, americanos del Norte, alemanes e italianos, rusos y soviéticos, chinos, iraníes y norcoreanos, sin contar terroristas y mafiosos sin patria.

Para inicios del siglo 19, muchos criollos —dueños de las tierras que heredaron de sus antepasados por gracia de los conquistadores y arrebato a los indígenas— se arroparon —que no siempre es encarnarse— de algunas de las ideas fundamentales de la Revolución Francesa: Liberté (entendida como su libertad) y Fraternité (entre los mismos criollos, claro, excluyendo españoles y portugueses) pero la mayoría de estos criollos se les olvidó la Égalité (que ni para indios ni para entre ellos mismos). (Como paradoja, las leyes indígenas del emperador impuesto por los franceses Maximiliano en México fueron tan liberales que los mexicanos sólo las pudieron recuperar cuando la Revolución de inicios del siglo 20).  Y empezó la larga lista de falsas munificencias interesadas… Fueron primeros los ingleses, urgidos de nuevos mercados para los productos de su Revolución Industrial, los que abrieron sus empréstitos que acogotaron a las nuevas repúblicas hasta el siglo 20; fueron luego estadounidenses —descendientes de los británicos del Mayflower con las Trece Colonias— y le siguieron franceses, entre otras potencias del siglo 19, todas necesitadas de recursos naturales y poner sus productos (incluidos esclavos africanos y coolíes en los primeros años).

(Y “Latinoamérica” es un ejemplo claro: nombre etiqueta publicitado por el constructo geopolítico del expansionismo de Napoleón el Menor avanzando sobre México y la Región).

Así la rica región entre el Pacífico y el Atlántico —la mar de las veces con ceguera de muchos de sus gobernantes criollos, angurrientos de poder y de mirarse los ombligos— terminó bailando entre hegemonías: de la ibérica a la inglesa a inicios del 19; de la inglesa a la estadounidense y francesa para acabar primando la estadounidense de la Doctrina Monroe (anticolonialista en su concepción, muy colonialista en su resultado) entre el 19 y 20, hasta la batalla —multifacética— entre capitalismo y marxismo primero y entre capitalismo y neomarxismo sigloveintiunero después.

¿Dónde estamos hoy? Pareciera que el péndulo ideológico se mueve: si en fines del 10 e inicios del 21 nos fuimos en mayoría al socialismo 21, su fracaso nos lleva al otro lado: Argentina, Bolivia, Chile ya, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Ecuador, Perú, Venezuela, pronto posible Colombia, quizás Brasil y un Uruguay siempre sin excesos.

Es el momento de los roces geopolíticos: de soviéticos y estadounidenses de la Guerra Fría, nos pasamos a rusos, estadounidenses, chinos y hasta iraníes, norcoreanos y terroristas del Medio Oriente. Sobrevivimos a la Doctrina Monroe (original para preservar la independencia de las nuevas repúblicas, pero convertida luego en el Big Stick) así que sobreviviremos a la Donroe, al presunto fin de la multilateralidad y la globalización y todas las batallas geopolíticas.

En este panorama, Bolivia hoy cambia, con tropiezos, inconsistencias a veces pero con muchas esperanzas. Vayamos a ello.

 


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José Rafael Vilar

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