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La escuela del robo

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Cada vez que sale a la luz un nuevo caso de robo a los bolivianos, cometido en el gobierno de Luis Arce, es más evidente que la corrupción se enseña y se aprende. En 13 años como ministro–cajero le tocó hacer el trabajo sucio mientras los todopoderosos del momento se enriquecían con los ingentes recursos públicos que había en Bolivia producto de la bonanza.
Era convocado a Palacio Quemado, recibía encargos concretos y volvía a su despacho craneando cómo iba a maquillar y cuadrar las cifras para garantizarles impunidad. Nunca se atrevió a decirles que no se debía o no se podía. Le exigían las cosas para ayer.Cuando fue elegido como candidato a la Presidencia, en enero de 2020, en Buenos Aires, el exministro de Economía se vio ante la oportunidad de hacer para él todo lo que hizo para otros durante años.

Sabía, por ejemplo, que los $us 1.000 millones dilapidados en un anacrónico y equivocado método de explotación de litio en el Salar de Uyuni podría retribuirle ganancias millonarias con solo apostar por el método EDL. En plena campaña electoral acordó con su hijo mayor buscar socios extranjeros.

El objetivo era ganar millones con la explotación del oro blanco. No fue lo único. Ya instalado en la Casa Grande desplegó aquello que aprendió en casi década y media. La “industrialización con sustitución de importaciones” fue el Caballo de Troya para los negociados con plantas industriales, silos y maquinarias. La infraestructura vial también ingresó a la carpeta de los negocios varios.

Armó un equipo que le garantizara ganancias rápidas y permanentes, al margen de las que tenía que enviar a los niveles partidarios encabezados por el caudillo decidido a seguir aprovechándose del gobierno mediante su delfín electoral.

Obras Públicas fue central en ese esquema y, por ello, no hubo más que un solo ministro durante los cinco años de una administración que empezó masista y terminó arcista.

La coima millonaria en la doble vía entre Sucre y Yamparáez, de parte de una empresa china, fue el botón de muestra de lo que ya estaba ocurriendo en la ABC y otras áreas de la administración estatal con altos presupuestos en “inversión pública”.

Después de mucha resistencia rodó la cabeza del primer Director Ejecutivo de la Administradora Boliviana de Carreteras y de algunos funcionarios de tercer nivel. El Ministro de Obras Públicas se mantuvo en el cargo desde el inicio hasta el final del gobierno (2020-2025). Intuirás por qué.Édgar Montaño, ahora detenido preventivo en la cárcel de San Pedro de La Paz, donde también se encuentran Luis Arce y Franklin Flores, ente otras exautoridades, mostró su habilidad política desde el principio.

Fue diputado del MAS en el período 2015-2020 y se mostró como un rabioso defensor de Evo Morales. Ya en el poder, a partir del 9 de noviembre de 20202, Montaño pasó al arcismo sin mayores remordimientos porque sabía que su consolidación como Ministro de Obras Púbicas dependía del cambio de bando.

Enfrentó varias denuncias de corrupción durante su gestión de parte de parlamentarios del evismo y algunos opositores, además de los afectados por el direccionamiento en la contratación de grandes obras de infraestructura. Era un secreto a voces el pago de diezmos en el Ministerio de Montaño para adjudicarse proyectos millonarios y de envergadura.

Arce lo defendió a capa y espada, incluso cuando Morales pidió su destitución. Montaño se había convertido en autoridad inamovible, no por su capacidad técnica o su probada honestidad. No. Fue porque había aprendido aceleradamente cómo enriquecer a los nuevos todopoderosos y a él mismo.

Además de entrenar a grupos de choque, conocidos como “guerreros azules”, para que troten en desfiles públicos o griten consignas en entregas de obras, Montaño pretendió darle un toque de sofisticación al robo de recursos públicos. Lo hizo para obtener una ganancia cercana a $us  3 millones, cambiando un casi inadvertido decimal en un contrato carretero de más de $us 426 millones.

El tipo de cambio oficial era –y es todavía– Bs 6,96 por un dólar estadounidense. Durante el proceso de contratación para la construcción de un tramo en la vía entre Cochabamba y Santa Cruz, en el sector de El Sillar, que incluía dos extensos túneles paralelos, se cambió el decimal y el tipo de cambio subió a Bs 6,98. El rédito ilegal superó los $us 1,2 millones, según el Ministerio Público.

Otro monto parecido se habría obtenido vía contratos modificatorios y anulación de penalidades a la empresa china Sinohydro, la constructora que se adjudicó la obra entregada con demora y con observaciones constructivas. Los fiscales que investigan a Montaño y a otras exautoridades de Obras Públicas, además de un representante de la compañía asiática, informaron que habría corrupción incluso en la tramitación de la boleta de garantía presentada por la constructora.

Recordando los 14 años del régimen de Morales y los cinco de gobierno de Arce es imposible pensar que esas administraciones atestadas por la corrupción hayan sido presididas por hombres honestos y transparentes. Al contrario, se hizo de la corrupción una escuela de habilidades perniciosas. Se enseñó a cometer corrupción de frente, aprovechando el poder hegemónico y la captura del sistema judicial. Y se enseñó a usar la viveza criolla, como el cambio del tipo de cambio, con el convencimiento de que era una lección de sofisticación. Merecen castigos duros unos y otros, sobre todo aquellos que se mostraban como alumnos aventajados.


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