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Una de las recomendaciones del catedrático de Técnicas de la Investigación, que nos guiaba en la preparación de la tesis de grado, era no tener reparos en deshacernos de cierto material reunido, por valioso que fuera. Tendemos, decía, a acumular información y perdernos entre tantos datos.
Eso pasa ahora con Internet; recibimos data por vías distintas a cada momento. De modo que en diez minutos ya hemos leído una noticia sobre Irán, visto un TikTok de Lara, conocido en qué van las denuncias de acoso contra Julio Iglesias, compadecido a los que fregaron los motores de sus autos con gasolina trucha, y envidiado a algún compañero de trabajo que está con su familia en Punta Cana.
A veces es difícil separar el mineral de la ganga, pero en esa mina de extrañas mezclas de información debemos identificar los metales preciosos. Como el que encontré hace unas semanas: un post revelador sobre el significado histórico de la mantequilla. Fue como una luz que bendecía retroactivamente mi conducta y dejaba atrás la culpa por la desobediencia a mis médicos («la mantequilla se convierte en grasa saturada que obstruye las arterias y bla, bla, bla»).
El post cuenta que los relatos de Julio César sobre la invasión de Britania, en el año 55 a. C., incluye observaciones sobre las tribus celtas. Él destaca que consumían enormes cantidades de mantequilla; y que los romanos lo encontraban repugnante. “La gente civilizada usaba aceite de oliva. La mantequilla era un alimento bárbaro. El sello distintivo de las tribus primitivas del norte que no entendían la cocina tradicional”.
Algo parecido sucede ahora: el aceite de oliva, “oro líquido”, es más valorado y está mejor visto. Goza de la distinción y elegancia de las que parece carecer la mantequilla.
El texto señala que los británicos celtas no sentían complejo alguno. Batían mantequilla, la comían, cocinaban con ella y la exportaban a otras tribus. La mantequilla era riqueza. La mantequilla era medicina. La mantequilla era la que los mantenía con vida durante los inviernos nórdicos.
Mi abuela contaba cómo su padre, francés, preparaba kilos de mantequilla que conservaba por meses en la bodega de su casa. Y yo recuerdo las tardes de mis sábados cuando viví en Sucre. La precariedad económica nos limitaba mucho, pero no para abandonar el rito de hacer pan en el horno de barro, para luego untarlo con el verdadero oro comestible.
Según el relato, los romanos, con su dieta «civilizada» basada en aceite de oliva y cereales, advirtieron que los celtas eran significativamente más grandes y fuertes que los pueblos mediterráneos. Más altos. Más corpulentos. Más capaces físicamente. Y es que la mantequilla era calóricamente densa, nutricionalmente completa, estable y no requería combustible para cocinar en regiones donde la madera escaseaba.
Tengo la fortuna de vivir en un país que produce la mantequilla más rica del planeta. Hace un par de años la empresa productora emitió un comunicado público que conmocionó a la población: por un tiempo dejaría de fabricar su producto estrella. Aunque no se supo si se trató de un efecto de mercadeo o del mero gusto de angustiarnos, esos días compramos por docenas barras de esa mantequilla.
Sea como sea, las pautas son recurrentes. Sin importar si es porque su consumo es vulgar o insano, quienes comemos mantequilla “estamos haciendo algo mal”. Los celtas, que comían mantequilla a granel, eran bárbaros. La bisabuela, cocinando con mantequilla, se estaba matando. Pero en verdad, como asegura el post que provocó esta nota, los celtas eran más sanos que los romanos. Y la bisabuela vivió hasta los 90 años.
Tengo unas cuantas manías. Una de ellas, la mantequilla no puede estar fría. De ahí que jamás la ponga en el refrigerador (a menos de que nuestro invierno paceño haga que sea peor dejarla fuera). Además, quienes me rodean y me quieren, o al menos me toleran, saben que si comparten el desayuno conmigo deben asegurarse de que el mantequillero esté cerca de mi plato cuando el pan salga de la tostadora, si no quieren escuchar el conocido “¡la mantequilla, carajo!”. Confirmado: comer mantequilla es de gente vulgar.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



