OpiniónEconomía

Los balances de las empresas luego de un nuevo tipo de cambio y el mito del precio descontado

Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN. Certified Pricing Professional (CPP).

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El nuevo esquema de tipo de cambio que implementará el Banco Central de Bolivia —una banda de flotación— abre una pregunta clave: ¿Cómo deberían reaccionar las empresas y qué harán en la práctica? La respuesta no es trivial, porque existe una brecha clara entre lo que dicta la teoría financiera y lo que impone la lógica de supervivencia empresarial.

Lo que deberían hacer, desde una perspectiva de finanzas corporativas, el ajuste va mucho más allá de subir precios. Implica ordenar la estructura económica del negocio en cuatro frentes: Primero, revalorizar activos y pasivos pues un nuevo tipo de cambio oficial incrementará automáticamente el valor en bolivianos de las deudas en dólares. Esto obliga a revisar la solvencia, ajustar flujos de caja y realizar pruebas de deterioro de activos. Segundo, segmentar costos según su exposición ya que no todos los productos pueden subir de precio por igual. El ajuste debería ser diferenciado, según el componente importado, considerando además el riesgo tangible de caer en down-trading —migración a productos más baratos—. Tercero, gestionar inteligentemente los márgenes y no aplicar “tarifazos” es decir, el enfoque correcto es optimizar el portafolio para sostener volumen sin sacrificar flujo operativo. Cuarto, buscar la cobertura natural en el entendido que, las empresas deberían tratar de alinear ingresos y egresos en moneda dura y presupuestar usando el escenario más adverso que sería el techo de la banda cambiaria.

Lo que probablemente harán, en la práctica, la urgencia y la psicología del mercado suelen imponerse, es decir: Primero, precios referenciados al techo de la banda pues, aunque el tipo de cambio fluctúe dentro del rango, muchas empresas fijarían precios como si ya estuviera en el límite superior, anticipando escasez de divisas. Segundo, protección del costo de reposición, los precios subirán de inmediato para garantizar que las ventas actuales permitan reponer inventarios futuros más caros. Tercero, limpieza de balances vía tipo de cambio, la revalorización de activos en dólares puede mejorar el patrimonio contable, compensando pérdidas acumuladas, aunque sin generar liquidez real. Cuarto, la restricción de su oferta, ante la incertidumbre, algunas empresas retendrían inventarios, generando escasez y presión adicional sobre los precios.

El mito del “precio ya descontado”, existe la idea de que el mercado ya incorporó el dólar paralelo en los precios. Sin embargo, esta lógica suele fallar, la experiencia muestra que, cuando el tipo de cambio oficial se ajusta, no es el techo el que baja hacia el paralelo, sino el piso el que empuja todo el sistema hacia arriba. Este fenómeno —observado, por ejemplo, en Argentina en 2015 con el denominado coloquialmente “efecto Prat-Gay”— revela que el “precio descontado” es más un mito que una realidad.

Dicho esto, ¿Qué riesgos clave enfrentarán las empresas? Básicamente dos, Primero, el aumento de costos “anclados” al tipo de cambio oficial, pues, aunque muchas operaciones ya se realizan a dólar paralelo, varios costos siguen indexados al oficial como ser: impuestos y aranceles de importación, servicios y logística, costos locales que reaccionan por expectativas inflacionarias, etc. y, Segundo, la ilusión nominal, ya que el balance puede mejorar en apariencia, pero esconder problemas reales, entre otros: mayor carga tributaria por ganancias contables, deterioro del flujo de caja debido al mayor capital de trabajo requerido, etc.

Entonces, ¿El dólar paralelo podría seguir subiendo? Podría, pues un nuevo régimen cambiario no garantiza estabilidad per-sé, de hecho, puede generar presiones adicionales si no viene acompañado de credibilidad, en tres aspectos: Primero, por falta de acceso a divisas ya que, si el mercado no consigue dólares en el sistema formal, asumirá que el equilibrio real estará por encima del techo de la banda. Segundo, por el atesoramiento, pues, la demanda de dólares puede aumentar por precaución, cobertura de riesgos y hasta por especulación. Tercero, por el traslado parcial y directo a precios —pass-through—, las empresas fijarán precios con un tipo de cambio implícito mayor al techo de la banda.

En conclusión, por un lado, “en teoría”; las empresas deberían ajustar con precisión para no destruir la demanda, pero, “en la práctica”; es más probable que adopten estrategias defensivas, fijando precios cerca del techo de la banda y priorizando liquidez de corto plazo por sobre rentabilidad de largo plazo. Por otro lado, el resultado contable puede ser engañoso, balances más “grandes” en bolivianos, pero una capacidad operativa real más limitada por su flujo. Finalmente, si este ajuste cambiario no viene acompañado de un programa económico sólido —disciplina fiscal, acumulación de reservas y credibilidad política—, el país corre el riesgo de enfrentar el peor escenario posible: más inflación y una brecha cambiaria que no se cierra, sino que se amplía. En otras palabras, tenemos el espejo en lo vivido en la Argentina de Mauricio Macri 2015-2019.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN. Certified Pricing Professional (CPP).

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