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Iniciando este año 2026 los flamantes Magistrados electos en las elecciones judiciales (parciales, por obra de los impresentables auto prorrogados que impunemente fallaron en causa propia e impidieron se realicen como dejó ordenado el Constituyente); han cumplido un año de funciones. ¿Cuál es el balance preliminar que podemos hacer de su desempeño?
Convengamos que estamos opinando solamente de un puñado de operadores que constituyen una pequeñísima porción del total del sistema de administración de justicia (Jueces + Fiscales + Abogados, etc) aunque dada su naturaleza de altos cargos, gravitan significativamente en su funcionamiento. A eso me refiero entonces.
A la vista de ese estado del arte, cabría empezar resaltando que a enorme diferencia de las dos camadas anteriores de “electos”; los actuales ingresaron en la mayoría de los casos -hay que hilar fino en cada uno- con un interesante grado de legitimidad, pues en general le ganaron a mi eterna candidata en esas lides: la Drita. Blanca Nulo de Pifiado.
Naturalmente también habría que analizar en cada caso individual, lo que me es aquí imposible por razones obvias; así que me centro en el desempeño general de cada órgano, con algún matiz en sus CEO´s.
Los que más difícil la han tenido han sido los del TCP. Prostituido como estaba por los auto prorrogados que lo tenían secuestrado; los electos -en minoría además- hicieron muy pero muy poco y, a la vista del resultado de las elecciones generales del 17A, empezaron a despertar de su preocupante letargo y con su inexorable caída, tienen ante si el enorme desafío de empezar a componer el TCP desde las ruinas en las que les dejaron aquellos impresentables -hoy impunes-. Tienen una tarea colosal que ojalá empiece ya a mostrar resultados, que no pasan solamente por la calidad de sus fallos, sino por independencia, transparencia, confiabilidad, honestidad y muchos otros bienes, que no fueron cumplidos por los anteriores. Hay que darles el beneficio de la duda, tienen un buen elenco técnico en la mayoría de los casos. Les soplan buenos vientos.
Creo que el Tribunal Supremo ha metido los mejores goles en este año, aunque aun no ha ganado el partido de fondo y menos el campeonato. Su Presidente ha mostrado un interesante liderazgo político -en el buen sentido del término – con algún que otro exceso mediático y en general, especialmente su Sala Penal -que puedo hablar con conocimiento de causa- está votando interesante jurisprudencia aunque absolutamente superada por la enorme cantidad de causas, que le esta haciendo mantener algunas posturas indebidas de sus antecesores, que ya debieron superarse. Encuentro un enorme aplazo en los Magistrados de Potosí y Oruro que no tuvieron el valor civil de ilustrarnos al Foro sus argumentos escritos y fundamentados de su disidencia en el “Leading Case” de la RES de Janine Añez. Su silencio es ensordecedor y dice muy pero muy mal de su idoneidad. En conjunto, aprobados; esperamos sigan metiendo goles en el resto del partido, hasta campeonar.
Del Tribunal Agroambiental poco puedo opinar pues no es mi especialidad, salvo lo constitucional o convencional de sus fallos. Como Abogado supe de varios fallos interesantes y en general se ve con buenos ojos desde el foro su desempeño. Tienen aun el resto del campeonato por delante.
El aplazado -cuando no- es el Consejo de la Magistratura (antes apodado de la MASistratura) pues más allá de su marketing en las RRSS que muestran un deleznable culto a la personalidad, no hubo nada de substancia y más bien, están repitiendo el pésimo desempeño de sus antecesores. Ni siquiera sus promesas de campaña han cumplido: ¿Qué fue de la auditoría de la anterior gestión prometida en campaña? ¿O será que entre bomberos…? ¿Realmente se están eligiendo por méritos en todos los casos a los Jueces? ¿O siguen las malas prácticas anteriores, algo disimuladitas? ¿No están haciendo a toda costa campito para nombrar a su gente o a sus operadores de campaña? Aprobaron pomposamente un Protocolo de independencia, pero: ¿Lo cumplen ellos? ¿Su régimen disciplinario respeta la independencia de los jueces en la interpretación de la ley? ¿Cumplen la jurisprudencia vinculante del Constitucional y la Convencional en esas materias? Viéndoles en sus RRSS de viaje de un lugar a otro en muchos casos a simples shows para la platea: ¿Cuándo despachan? Son algunas preguntitas qué a cualquier observador del sistema, nos surgen. Muchos ruidos, nada de nueces.
Con todo, soplan nuevos vientos en el sistema, pero es demasiado complejo y requiere de cambios estructurales que aún no se vislumbran en tal calidad. La publicitada Cumbre de hace unas semanas, por el momento parece estar quedando en show, pues ni siquiera sus conclusiones sistematizadas han sido difundidas. PD: Mantengo mi postura que el sistema de elección popular de altos cargos judiciales es un completo fracaso que habría que reparar vía reforma constitucional. Así que: ¡A VINO NUEVO, ODRES NUEVOS!” Mc 2, 18-22.



