OpiniónEconomía

Un manifiesto ciudadano por la metrópolis cruceña

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Santa Cruz ya no es la pequeña ciudad aislada de hace un siglo. Es la región metropolitana más grande de Bolivia en los hechos que integra varios municipios en una sola dinámica económica y social. Sin embargo, seguimos tomando decisiones fragmentadas, como si cada municipio fuese una isla. Esa desconexión entre la escala real de los problemas y la escala política de las decisiones constituye hoy uno de los mayores riesgos para nuestro futuro.

El dinamismo económico regional es innegable. Santa Cruz continúa siendo el motor productivo del país. Pero ese crecimiento convive con congestión crónica, expansión urbana desordenada, presión ambiental, déficit cualitativo de vivienda y débil coordinación institucional. Desde la economía urbana el diagnóstico es claro: estamos creciendo en extensión y población, pero no necesariamente en productividad.

La evidencia internacional muestra que las ciudades más competitivas —como Medellín, Curitiba o Santiago de Chile— han apostado por planificación metropolitana, movilidad eficiente y densificación inteligente. Cuando predomina la expansión sin ordenamiento, los costos por habitante en transporte, agua, alcantarillado y seguridad aumentan significativamente. Cada barrio desconectado del empleo formal amplía la desigualdad. Cada minuto perdido en tráfico es productividad que la región deja de generar.

Santa Cruz necesita un salto cualitativo sustentado en una visión metropolitana compartida. Estas líneas expresan mi opinión como economista y ciudadano comprometido con Santa Cruz. No representa la posición de las instituciones que integro profesional y socialmente.

Primero, ordenar el territorio en torno a un sistema productivo estratégico. Nuestra ubicación en el eje bioceánico sudamericano nos otorga una ventaja natural para consolidarnos como hub logístico, agroindustrial y de servicios. Sin embargo, carecemos de un corredor logístico–industrial plenamente articulado que conecte aeropuerto, parques industriales, red vial y centros de distribución. La región debe pensarse como un sistema integrado, no como municipios compitiendo por inversiones marginales.

Segundo, transformar la movilidad metropolitana. Que el parque automotor sea predominantemente privado refleja la falta de alternativas colectivas eficientes. La experiencia internacional demuestra que los sistemas de transporte masivo reducen tiempos, mejoran acceso al empleo y elevan productividad. Movilidad no es solo infraestructura: es política social y económica.

Tercero, abordar la vivienda con enfoque estructural. No basta con construir más unidades; es necesario construir mejor y en mejores ubicaciones. Vivienda cercana al empleo, densificación en nodos estratégicos y desarrollo de centralidades secundarias permiten reducir costos futuros y mejorar calidad de vida. La expansión descontrolada genera pasivos fiscales que terminan pagando las siguientes generaciones.

Cuarto, integrar sostenibilidad ambiental como condición de competitividad. La gestión de cuencas, el tratamiento de aguas residuales y la protección de corredores ecológicos no son lujos, sino inversiones estratégicas. La experiencia comparada muestra que prevenir es más económico que remediar.

Quinto, fortalecer la gobernanza metropolitana. Los ciudadanos vivimos en una sola región funcional, pero las instituciones actúan fragmentadas. Se requiere coordinación efectiva en planificación territorial, movilidad e infraestructura estratégica. No se trata de restar autonomía municipal, sino de ganar eficiencia colectiva.

Este manifiesto no responde a una ideología, sino a una responsabilidad histórica. Santa Cruz cuenta con un potencial en capital humano y tejido empresarial para ser una metrópoli competitiva y sostenible en Sudamérica. Pero requiere liderazgo fuerte con visión.

A los candidatos municipales les corresponde elevar el debate más allá de obras aisladas. A nosotros los ciudadanos, exigir planes integrales, metas medibles y transparencia fiscal.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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