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A fines de diciembre decidí sumar a unas semanas sin clases, tres sin columnas y cerré el fin de semana antes de Navidad con “Comenzó la sanación”, un acompañamiento esperanzado de un proceso de reingeniería nacional que dejaba avizorarse con el 5503.
¡Y vaya que estas semanas el bombardeo de noticias me hicieron dudar de continuar el descanso autoimpuesto! El arresto de Nicolás Maduro; la conflictividad social local; las compulsiones del vicepresidente contra el Ejecutivo; el aparente fraccionamiento de la bancada legislativa del PDC —el silenciamiento posterior de Lara desde Tariquía me hizo perder ese guion—; la autoproclamación de la bancada de LIBRE como mayoritaria; las candidaturas para las subnacionales, con la ya habitual pero creciente táctica de inscribir candidatos con datos incompletos para después completarlos o —como denuncia Ávila, el presidente del TSE— cambiarlos por “tapaditos” según el panorama y las socorridas negociaciones under the table…Y la COB en enero, dispuesta a todo o nada.
Empezaré con yerros de la Gestión, para cerrar con los éxitos, que deben realzarse.
Admito que, a fines de diciembre en las primeras negociaciones Gobierno-organizaciones sociales, pensé en una alianza LaraCOB (nada que ver, por cierto, con Lara Croft más allá de la aparente homofonía) pero el silenciamiento pertinaz de Lara tras sus intentos, de continuo fracasados, para arrastrar la Asamblea tras de sí en su oposición al Ejecutivo, le dejó el protagonismo a la COB. Y la COB, funcional al evismo y al arcismo en sus décadas de auge y caída, supo aprovechar ese vacío. (Aunque “el mérito” de los bloqueos es para la CSUTCB, paradoja de un país donde menos del 26 % de la población —la rural— acogota así a más del 74 %: la urbana).
El Gobierno Paz (¿Paz III o Paz 3?, una dinastía republicana y democrática) ha sido, de hecho, una alianza PDC-UNIDAD —aunque el componente PDC es, en realidad, de independientes invitados, algo muy sensato considerando la falta de experiencia en gobernar del Partido (taxipartido por décadas), más una anomia de aptitudes en una de las acepciones originales que Durkheim le dio al término griego anomía: ausente de orden, de estructura— y con alianzas coyunturales en el Legislativo.
Se ha paralelizado (“parametrizado” en vocabulario woke del castrismo) el inicio de las Administraciones de ambos Paz, en 1985 y 2025: En 2025 y en 1985 Bolivia “se moría” sin duda alguna, con dos crisis socioeconómicas que podían ser terminales; el 17 de diciembre de 2025, el Ejecutivo Paz (Paz III) presentó el Decreto Supremo 5503; cuarenta años antes y poco más, el 29 de agosto de 1985 el Gobierno Paz (Paz I) anunciaba el Decreto Supremo 21060; el 5503 demoró treinta y nueve días en ser promulgado y el 21060 se presentó veintitrés días luego de transmitido el mando a Paz Estenssoro (Paz I); el 5503 tenía 121 artículos y el 21060 tuvo 170. El 21060 sobrevivió esos cuarenta años —odiado, vilipendiado, criticado, objeto de repulsa y baldón para los enemigos de cualquier capitalismo— pero el 5503 sólo veintinueve (incluidos feriados y “puentes”). ¿Erró el nuevo Gobierno con el 5503?
Primero que todo, sí erró en comunicación “educativa” institucional: la comunicación que deben hacer las Instituciones (el Ejecutivo es una de las Instituciones del Estado) para informar educando, y acá me refiero a educar desmenuzadamente a la población sobre los alcances de las medidas que se toman. Sobre los alcances fundamentales del DS 5503, varios ministros técnicos (Medinacelli, Espinoza) hicieron un gran trabajo de introducción, pero el staff de comunicación del Gobierno fracasó (¿por inexperiencia o por falta de experiencia estratégica en política comunicacional gubernamental?) después de esos técnicos al no transmitir desmenuzada y hasta machaconamente cuáles eran los objetivos y las soluciones de ese Decreto Supremo. Ser muy buen periodista no conlleva ser buen estratega comunicacional gubernamental, aunque no es una regla insalvable como demostró Adorni (además economista).
Segundo pecado: Débil coordinación interna entre el Gabinete, visible (por ejemplo) cuando los ministros que negociaban con las organizaciones sociales anunciaron que se eliminarían 19 artículos del Decreto 5503 e inmediatamente otra autoridad anunció que serían 35; para mayor desubicación, la misma autoridad despertó la iracundia de munícipes, entre otros, cuando habló de rebajar el techo de financiamiento, teniendo que retractarse inmediatamente.
Tercero: La COB enfrentada y una parte del Gobierno aterrado. Como bien mencionó Eróstegui, la lucha de la COB contra el Decreto Supremo 5513 era política y no sectorial porque «no se originaban en la quita de los subsidios [porque] este aspecto tenía respaldo de la sociedad, de los conductores». Con violencia contra la población y con bloqueos camineros, la COB —tan desprestigiada durante el masismo— convocó a su apoyo de con quienes compartió los últimos veinte años: las organizaciones afines a los sindicatos del Chapare, los ponchos rojos de Achacachi, sin pudor de sus dirigentes ante las denuncias de sus privilegios y excesivas remuneraciones que los convertían en una casta alejada de sus sindicalizados.
Abanderada la COB en el pedido de abrogación de los DDSS 5503 (que ya mencioné), del 5509 (empeñada contra la entrada del Internet satelital, de más calidad y más económico, lo que beneficiaría a todo el país, con lo cual la COB se convirtió en aliada de las empresas oferentes actuales y enemiga del pueblo humilde) y del 5515 de gobernanza virtual (mudados en tácitos defensores de una vicepresidencia opositora). Paralelo de una medida comunicacional y de imagen gubernamental de transparencia que celebro (la transmisión pública de las discusiones con las organizaciones sociales), lo proactivo de gran parte de la comunicación oficial fracasó, nuevamente, en su función inherente de explicar a la población, para educarla, qué se discutía y qué defendían los ministros que representaban el Gobierno en esas discusiones.
Al final, el DS 5503 fue derogado —peligroso augurio de otros potenciales violentos reclamos futuros visto el éxito de este fracaso oficial, prevenibles desde ya— y el peligroso presagio que para muchos nos conllevó, en hechos prácticos ha sido paliado y sustituido por Decretos Supremos parciales que van recogiendo todo el sentido del 5503 abrogado y aun más, pero las imágenes gubernamentales de debilidad y débil coordinación quedaron; los éxitos, que los hay y muchos, deberán potenciarse (el apoyo de la población y estabilización del país lo demuestran), pero es un duro aviso de que debe comunicarse al país y, a la vez, buscarse el apoyo de la Asamblea para fijar la permanencia de los DDSS —comprobada, hasta el momento, la cada vez mayor intrascendencia de Lara— y, sobre todo, revisar las falencias, humanas, institucionales y estratégicas que han aflorado negativamente.
Coincido plenamente con Doria Medina que «un acuerdo es mejor que una guerra» pero una mala estrategia inviabiliza —o inutiliza— cualquier acuerdo (como el dubitativo manejo de la crisis boliviana de junio de 2005 lo demostró).
Vayamos al recuento de éxitos de la sanación, que nos dan esperanza. El problema más controversial para el país desde 1997 (y sus remiendos posteriores en 2004 y demás) y, por ende, el logro más rotundo de la Gestión Paz III fue la eliminación del subsidio a la mayoría de los hidrocarburos, aceptado por la población y luego negociado con los transportistas; el resultado: un ahorro sustancial en la cuenta perdida de 2 mil millones de dólares anuales (600 millones en beneficio de contrabandistas que lo reexportaban a precios muchísimo mayores) y, a pesar de no tener subvención, hoy Bolivia es el octavo país (de 30 en Latinoamérica y el Caribe) con gasolina más barata.
La lista de avances es larga y contundente —a pesar del dicenio masista y su desmantelamiento del Estado a su arbitrio y de la inexperiencia de algunos pocos nuevos—: La apertura económica y diplomática ha reinsertado a Bolivia en el mundo, incluidos potencialmente los corredores bioceánicos (avances urgidos ¡ya! de legislación sobre los bloqueos); la desideologización de las RREE (manifestada claramente con los reacercamientos con EEUU y Chile, entre muchos otros); el potenciamiento del turismo como motor de desarrollo (también con inaplazable legislación sobre los bloqueos); la integración tecnológica, para sacarnos del aislamiento que sufrimos respecto del siglo 21 y del atraso respectivo; la valoración de la importancia de la agroindustria y la agropecuaria y la eliminación de cortapisas a sus exportaciones y la biotecnología; la reforma del pensum educativo, pendiente de una ley que no mire hacia el Incanato. Es una lista creciente.
Y en proceso, entre muchas cosas más, vamos hacia reinstitucionalizar Bolivia y, sin timideces, rebolivianizar el país.
Sí, hay sanación.



