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8 de noviembre de 2025. 8 de enero de 2026. Rodrigo Paz jura como presidente constitucional de Bolivia. Evo Morales aparece por última vez en público, en el trópico. Rodrigo Paz inicia cinco años de gobierno para superar la crisis multidimensional causada por el masismo e instaurar un ciclo económico liberal. Evo Morales deja la primera línea de la acción política y sindical después de más de 40 años.
En estos días empezaron los recuentos, análisis y pronósticos a propósito de los primeros tres meses de gestión del presidente Paz, que parecen años por la cantidad de cosas que han pasado en lo económico y político, casi todas rodeadas de esperanza en el país y de acentuada expectativa extranjera. El domingo 8 de febrero será un día propicio para evaluar y proyectar.
También será la fecha en que Morales cumplirá un mes de haber capitulado en una dimensión en la que ha sido insuperable por décadas y mediante la cual no solamente ha sabido cautivar a las masas, sino adoctrinarlas. Dejó de hacer política hablando, discurseando, orientando, posteando, fijando posición sobre la coyuntura… Una dolorosa mutilación.
Los claroscuros de los tres primeros meses de Paz en la presidencia, que ahora se puede ejercer a distancia y sin dejar el bastón de mando a nadie, marcan avances, retrocesos y recomposiciones en lo económico con la normalización en la provisión de combustibles, aunque abundaron las quejas por el mala calidad de la gasolina; la aprobación de créditos de miles de millones de dólares de parte de organismos internacionales para apuntalar el ajuste; la compensación social con el programa PEPE para grupos vulnerables, la disminución del riesgo país; el aumento de las reservas internacionales en divisas y la devolución de ahorros hasta mil dólares en una primera etapa, entre otros aspectos positivos.
En lo político, el balance es menos halagüeño ya que el Gobierno fue incapaz de sostener el Decreto 5503, terminó cediendo ante la COB renovada y tuvo que abrogarlo, aunque sus retazos fueron convertidos en nuevos decretos supremos. Paz anunció una cumbre de líderes políticos que no pasó de un par de reuniones preparatorias mientras la urgente agenda de reformas constitucionales y nuevas normas no despega en la ALP; dijo que retomaría contacto con las bases de los sectores sociales, pero quedó en discurso palaciego; la Comisión de la Verdad no asume aún su rol histórico y compite con el Ministerio Público, por demás ineficiente en investigaciones de casos escandalosos como las 31 maletas misteriosas llegadas a Santa Cruz.
El divorcio político entre el presidente Paz y el vicepresidente Edmand Lara podría ingresar en la segunda parte de las evaluaciones, pero creo que el tema ya está resuelto, salvo opinión u acción benevolente del primer mandatario. Lara ha quedado anulado con la indiferencia de Paz. Ni la ráfaga de insultos y descalificaciones, ni el ruego para superar las diferencias en una conversación a solas han hecho que el presidente vuelque su mirada sobre su excompañero de fórmula electoral y vicepresidente autoproclamado opositor al Gobierno.
Considerar una reconciliación con Lara sería desastroso para la estrategia de poder de Paz, más aún después de los resultados de la última encuesta de Ipsos Cíesmori —65% de aprobación al presidente y 20% al vicepresidente en enero— y el destacado desempeño que tuvo en el Foro Económico de la CAF, evento en el que Bolivia fue la niña mimada de los organismos internacionales, de potencias económicas de América y de otros continentes como el europeo. ¡Ni loco que fuere!
En cambio, el paso del tiempo es el peor enemigo para Evo Morales. Es, a no dudarlo, uno de los líderes que mejor ha entendido el valor de la palabra y de la presencia política permanente. Le arrebataron la sigla del MAS, lo marginaron de las dos últimas elecciones generales —como candidato a senador por Cochabamba en 2020 y como postulante presidencial en 2025—, le iniciaron un proceso penal por abusar sexualmente a jovencitas cuando era presidente de los bolivianos; sin embargo, nunca arrió banderas. Se confinó en el trópico cochabambino y desde allí se dio formas para no entrar en la categoría de los olvidados.
Este domingo 8 de febrero será un mes del paso de Morales a las penumbras. Para un caudillo que se hizo en la polémica pública, en la confrontación de posiciones y en duelos verbales con sus adversarios nacionales y extranjero, estar al margen de la vitrina mediática y de la agenda pública debe ser una verdadera tortura.
Durante este mes en las penumbras, solo se han conocido unos cuantos mensajes en su cuenta de X, pero nada trascendentales. ¿Será que la captura de Nicolás Maduro y la debacle del socialismo del siglo XXI han influido en su decisión de convertirse en un fantasma político? No sería extraño enterarnos que acordó mantenerse en silencio en su encierro territorial a cambio de subsistir en medio del proceso electoral regional, un gran proceso de comunicación política.
Este 8 de febrero dará para evaluar a un animal político que al parecer se bate en retirada y a un presidente impensado que todavía es aprendiz de estadista.



