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“Desnazificar” la política de tierras

Emilio Martinez

Escritor y analista político

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El nacionalsocialismo o nazismo impuso el concepto de “Erbhof” (granja hereditaria), una forma de tierra inembargable introducida tras su ascenso al poder en 1933 para “proteger a la agricultura” de las fuerzas del mercado. Estas granjas no podían ser hipotecadas, embargadas ni vendidas por deudas, transmitiéndose de generación en generación para asegurar la “pureza del suelo” y la autosuficiencia.

La tierra inembargable tenía como finalidad declarada garantizar que las granjas permanecieran en manos de familias alemanas y evitar la ejecución por los bancos. Esto limitaba la libertad económica del agricultor, convirtiéndolo en un custodio del suelo en lugar de un propietario absoluto.

El “Erbhof” era parte de una política racial más extensa de “Sangre y Suelo” (Blut und Boden), que buscaba vincular a la población con la tierra, promoviendo la idea de que la agricultura era la base de la raza alemana.

Estas tierras estaban sujetas a un riguroso control estatal, formando parte de la reestructuración corporativista de la economía. La dictadura nazi utilizó este sistema para crear una clase campesina dependiente y leal al Estado, eliminando el riesgo de quiebra, pero anulando la libertad de mercado sobre la propiedad de la tierra.

¿Todo esto suena conocido aquí en Bolivia? Creo que sí. Y es por uno de los puntos de la reforma agraria de los años ’50, implementada cuando el nacionalismo revolucionario aún tenía algunos de los reflejos condicionados de su filo-fascismo inicial. Punto que estipulaba el carácter inembargable de la pequeña propiedad de la tierra y que ha sido mantenido en el presente ordenamiento constitucional.

Ahora, un proyecto de ley busca liberar a los pequeños propietarios, permitiéndoles redefinirse voluntariamente como medianos y así acceder a mayores mecanismos de financiamiento bancario mediante garantías hipotecarias, obviamente, asumiendo los riesgos y responsabilidades que vienen con la libertad.

Como era previsible, surgen voces “progresistas” protestando contra el posible cambio, buscando mantener la tutela paternalista y empobrecedora sobre los campesinos o pequeños productores, considerados eternos menores de edad. Entre estas voces, la de alguna fundación “ecologista”, en realidad anticapitalista camuflada, propulsora de un neo-socialismo pintado de verde para disimular.

Lo cierto es que, más allá de estos pataleos colectivistas, el fin del “Erbhof” boliviano, la “cláusula nazi” del ordenamiento agrario, podría ser un paso fundamental para que el país despegue en su producción alimentaria y alcance a las economías de la vanguardia regional.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Emilio Martinez

Escritor y analista político

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