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Economía en una lección

Diego Aguilera

Abogado y Docente Universitario

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Hace tiempo que tenía ganas de leer el libro que lleva por título homónimo al presente artículo, no tuve la oportunidad de encontrarlo en Bolivia, por suerte un buen amigo me lo trajo desde Estados Unidos, mismo país en el cual el autor escribió su primera edición hace más de 70 años. Es sorprendente que, pasadas más de siete décadas, el libro mantenga su vigencia con relación a sus ideas económicas.  

El libro se sintetiza en una lección principal: “la economía es la ciencia que calcula los resultados de determinada política económica, simplemente planeada o puesta en práctica, no solo a corto plazo y en relación con algún grupo de intereses especiales, sino a la larga y en relación con el interés general de toda la colectividad”. El libro además desarrolla otras lecciones que complementan la primera. La grandeza de esta obra reside en la claridad y simpleza de explicar principios básicos de economía para quienes no somos economistas.

“Economía en una Lección”, de Henry Hazlitt, me llegó justo días antes del inicio de la pandemia en Bolivia, la cuarentena obligatoria y la sencillez con la que el autor desarrolla sus ideas confabularon para que me “sople” el libro durante el encierro sanitario. 

Como lo leí en plena pandemia pude comprobar la tesis teórica en la práctica, tomé como ensayo la venta de los barbijos y las lecciones referidas por el autor con relación a la estabilización de los premios y la intervención estatal de los precios. 

Cuando la crisis del coronavirus comenzó en Bolivia, ¡los barbijos llegaron a costar hasta 20 bolivianos la unidad! No hace falta ser economista para entender que la demanda se había disparado y que la oferta en ese momento no llegaba a cubrir la demanda. Por lo tanto, el precio de este producto  estaba por encima del poder adquisitivo de un ciudadano boliviano que almuerza con menos de 10 bolivianos al día. 

Estos son los momentos en los cuales los gobiernos intervencionistas aprovechan para enarbolar un discurso “moralizador” para establecer precios máximos bajo el argumento que, dada la crisis sanitaria, los barbijos constituyen un artículo de primera necesidad y, por lo tanto, se debería establecer un precio “digno” de tal forma que “no solo los ricos puedan tener acceso a este esencial bien”. 

Este control de precios hubiera sido un error garrafal, en la medida que los agentes económicos, en este caso los comerciantes (principalmente informales) hubieran perdido el interés de seguir comprando barbijos para su reventa. A su vez, los productores se hubieran visto desalentados a seguir produciendo este bien y hubieran migrado a producir de otro bien o servicio que les generen mayores márgenes de ganancia. 

El resultado hubiera sido la escasez de barbijos ocasionando que los precios no solo se mantengan altos, sino que se incrementen aún más.  Por la naturaleza de la situación, habría hecho que las fuerzas de mercado se abran paso mediante “mercados negros” y mayor contrabando, como ocurre con otros productos actualmente. 

Afortunadamente no ocurrió aquello y los agentes económicos, gracias a los buenos ingresos que obtuvieron en las primeras ventas, pudieron tener los recursos necesarios para producir y comercializar en mayor cantidad, multiplicando de manera exponencial la oferta hasta llegar a satisfacer la demanda, lo cual derivó a su vez en una caída del precio. 

En palabras de Hazlitt  “los precios se fijan de acuerdo con la relación existente entre la oferta y la demanda. Cuando la gente necesita mayor cantidad de determinado artículo ofrece más por él. El precio sube, aumentando los beneficios de los que fabrican dicho artículo. Como ahora produce mayor provecho fabricar este artículo que otros, los que ya lo fabrican aumentan su producción, atrayendo más gente a este negocio. El incremento que experimenta la oferta reduce el precio y el margen de los beneficios, que terminan por descender al mismo nivel general (considerandos los riesgos respectivos) de las otras industrias”. 

Es resultado es que hoy, ese mismo barbijo que a inicios de la pandemia costaba 20 bolivianos hoy se lo encuentra a un boliviano, es decir un precio 20 veces menor.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Diego Aguilera

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