Economía

El presupuesto de la discordia: qué critican keynesianos y liberales

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El gobierno boliviano presentó su Presupuesto General del Estado 2022, que generó una ola de comentarios e interpretaciones críticas, entre economistas de diversas tendencias.

Entre los seguidores de las variantes keynesianas moderadas, no adscritas a la línea oficialista pero aún así creyentes en la posibilidad de un “gasto público inteligente”, se cuestionó ante todo el destino de ciertos fondos estatales, dedicados en el PGE a ítems como propaganda o uso del avión presidencial.

“En el año 2022 el gobierno pretende gastar 120 millones de bolivianos en propaganda. Esto equivale a 94,936 salarios mínimos y 240,000,000 panes. Se lee 240 millones de marraquetas, sarnitas y caucas. Caro echarse flores, no?”, dijo el economista Gonzalo Chávez desde su cuenta en Twitter.

Otros de los trinos de @GonzaloCHavezA fueron:

“Gob afirma que gasto en avión presidencial no subió. Más bien habría bajó de 40 a 38 millones de Bs. Agradezcan, estamos siendo austeros afirman desde el poder. Pero hay que recordarles q con 38 millones de Bs se pagan 17.600 salarios mínimos y se compran 76 millones de panes”.

“Pulsaciones autoritarias del Gob aumentan todos los días. Ahora los q tienen opiniones diferentes sobre los datos económicos y las perspectivas de la política económica comenzamos a ser calificados de mentirosos y desestabilizadores. Buscan crear miedo como en las dictaduras”.

Otro economista, Alberto Bonadona Cossío, argumentó desde su columna de opinión en Página Siete que “No es el déficit, es en cómo se utiliza”, señalando que “lo vital está en que el déficit no se convierta en estructural y considero que si se toman las decisiones correctas la sangre no llegará al río”.

Eso sí, Bonadona puso distancia con la presunta intención gubernamental de colocar nuevos bonos soberanos por 2.000 millones de dólares, prefiriendo que “en las condiciones que se ofrece el financiamiento internacional es conveniente, más bien, comprar la deuda de los bonos soberanos emitidos en años anteriores, prestarse todo lo necesario para financiar un plan nacional de desarrollo que genere valor agregado (empleo e ingresos para trabajadores bolivianos), sustituir lo que vendemos ahora al mercado internacional y cambiar el patrón de acumulación”. 

Pero volvamos a los trinos. Ya en la órbita liberal, se criticó no solamente el destino del dispendio sino también el tamaño del gasto.

“Plata a comunicación o al vice? Plata para el avión o para hospitales? Interesante, pero sigue siendo plata que administra el gobierno. La verdadera pregunta es, por qué dejamos que el gob administre nuestra plata (impuestos) en lugar de hacerlo nosotros?”, tuiteó el economista Antonio Saravia.  

Repasemos otros tuits de @tufisaravia:

“Cuentos chinos. 1. No hay ahorro. El PGE tiene 40% de deuda y 8% de déficit. 2. Parte de la deuda viene del BC. O son préstamos inorgánicos o nos seguiremos comiendo las pocas RIN. 3. La inversión pública no genera nada. Va a empresas deficitarias”.

“El tipo de cambio fijo es el ancla de nuestra estabilidad macroeconómica. Se lo debe mantener. Para eso, hay que proteger las RIN y para eso hay que reducir el gasto y el déficit. Lamentablemente el PGE 2022 hace todo lo contrario”.

“Nuestro futuro, y el de nuestros hijos, está hipotecado porque el gobierno decide seguir gastando como en la época del superciclo. Está hipotecado porque somos presa de un gobierno que ha decidido tener el rol protagónico y gasta y ejecuta de manera ineficiente y corrupta”.

“La contribución al déficit, y por tanto a la deuda, de gobernaciones y municipios es muy chiquita (porque ellos reciben solo el 10% del presupuesto). La mayor parte de los gastos se va en gasto corriente y empresas públicas (la gran mayoría deficitarias y todas ineficientes)”.

Por su parte, Mauricio Ríos García tuiteó: “No se escandalicen por el PGE 2022. Da la impresión de que el problema es reciente y coyuntural, de que antes todo iba bien, pero sólo ilustra la grave situación a la que nos llevó el keynesianismo marxista desde 2006. Ya se hablará de la política monetaria y el sist. Financiero” (@riosmauricio).

En un artículo titulado “La ruina de la economía de Bolivia que ilustra el PGE 2022”, Ríos García cuestionó que “se proyecta en Bolivia un incremento de la inversión pública (gasto) del 25%, es decir, de $4.000 millones a $5.000 millones (a niveles de 2016). Al respecto, lo primero que llama la atención es que se está incrementando el gasto cuando la ejecución de 2021 no supera el 25% en el primer semestre, de acuerdo a Fundación Milenio. De igual forma es importante destacar el hecho de que, si bien baja respecto de 2021 o 2020, el déficit fiscal de $3.458 millones (8% del PIB) sigue siendo escandalosamente elevado, y está siendo arrastrado ya por octavo año consecutivo”.

Y agregó desde Twitter: “El presupuesto general del Estado proyectado por el régimen de Arce para 2022 sitúa a Bolivia en uno de los peores desafíos económicos vistos en décadas”. 

Similar opinión “trinó” el economista Hugo Balderrama, señalando que “los datos nos muestran que la economía boliviana tiene en frente los mayores desafíos desde la década de los 80. Empero, esta vez no se vislumbra un plan de estabilización ni a un líder capaz de liderarlo”. 

Otros de los tuits en @hugobalderrama remarcaron:

“De hecho, la «oposición» cuestiona el destino del gasto, cuando lo que se debería cuestionar es el tamaño del Estado nacional que es, en última instancia, la causa para tamaño desastre”.

“Empero, la parte más preocupante de la Ley del PGE 2022 radica en la insistencia del gobierno de industrializar el país mediante la sustitución de importaciones”.

“El ministro de economía, Marcelo Montenegro, proyecta un crecimiento del gasto estatal de 4.011 a 5.015 millones de dólares, cuando lo que se necesita, y de manera urgente, es un recorte de éste”.

(Se conservó la grafía original de todos los tuits y artículos citados).


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