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Pandemia: más que la producción de un año

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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La pandemia en Bolivia ha tenido efectos catastróficos en diversos ámbitos como, por ejemplo: sanitario por la pérdida de vidas y las secuelas permanentes; económico por la caída de producción en diversos sectores; social por la caída de los ingresos de las familias pese a la recuperación del empleo; y, político por el alza de la polarización y conflictividad.

En lo sanitario la pandemia habría tenido secuelas que son más altas de los que nos sugieren las cifras oficiales. Por ejemplo, se deduce de la Encuesta de Hogares 2020 que el número de infectados habría estado en torno a los 400 mil casos, por encima de los 150 mil reportados en dicha gestión.

La diferencia se debe a la baja capacidad de testeo, especialmente al inicio y en los picos de las olas de la pandemia, como a la ausencia de esquemas de rastreo de contactos. En algunos países esta tarea es automática mediante dispositivos móviles y aplicaciones, mientras que en otros como en Chile ha mediante operadoras telefónicas alertando a los contactos estrechos.

En cuanto a la mortalidad, la situación también es alarmante. Me referiré a las cifras estimadas por la reconocida revista The Economist, que tiene métodos avanzados para estimar el número de decesos debido al Covid-19.

Según sus estimaciones, hasta fin de 2021 el número de decesos habría sido de 52 mil personas, por encima de las menos de 20 mil reportadas oficialmente. Esta cifra es alarmante si se compara con las de Chile, cuyas cifras oficiales y estimadas están en torno a 40 mil personas.

¿Cuánto vale una vida?

Por más dolorosa que parezca la pregunta, es una que las empresas de seguros deben hacerse continuamente. 

Uno de los casos más conocidos es el de los decesos en los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono en septiembre de 2001. De hecho, hay una película “¿Cuánto vale mi vida?” (2020) protagonizada por Michael Keaton, (“Batman” de los noventa) quien encarna a un abogado que debe proponer la indemnización a las familias que fueron afectadas por los ataques terroristas.

Existen diversos métodos para conocer el valor estadístico y económico de la vida humana. En Estados Unidos, se estima que estaría entre 9 y 10 millones de dólares según diversas fuentes. Eso equivale a 150 veces el ingreso por habitante anual de dicho país.

Extrapolando esa cifra a nuestro país, supondría $us470 mil por persona si se toma la misma relación con el PIB per cápita; o, alternativamente, más de 1,2 millones de dólares estadounidenses si lo convertimos con la diferencia en el costo de vida entre ambos países.

Tomando arbitrariamente como punto de referencia $us750 mil como el valor estadístico de la vida en el país y el número de decesos estimado por la fuente señalada hasta el 25 de enero (59 mil personas) podría entrañar en números aproximados la pérdida de valor de $us44 mil millones.

Esta cifra es más alta que el PIB boliviano en un año ($us41 mil millones en 2019). Muestra una faceta económica insospechadamente grande, además del dolor y costo emocional.

Por otra parte, según estimaciones recientes la variante Ómicron predominante actualmente tiene la capacidad de que por cada infectado se contagien 10 personas. Si la mayoría de éstas estaría vacunada, existe evidencia robusta que los nuevos casos derivarían en algo parecido a una gripe fuerte y una probabilidad de 1% tener que acudir a terapia intensiva y todo lo que ello implica.

Menciono todas estas cifras porque dada la voluntariedad de hecho de la vacunación, el costo social de no vacunarse es alto. Además del costo del tratamiento personal, implica un efecto en la alta posibilidad de contagio en otras personas que, si no están vacunadas, podrían tener consecuencias irreparables como las calculadas.

En sencillo, si el costo personal de la enfermedad es, por ejemplo, Bs2.000 por medicinas y pruebas, se debe sumar un valor similar por el costo social que conlleva la pérdida humana asociada.

En conclusión: vacúnese y use barbijo por favor; y promovamos la vacunación.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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