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¿Por qué el dinero no alcanza?

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Leyendo noticias, redes sociales, opiniones de expertos y entrevistas a ciudadanos, se percibe que cada vez alcanza menos el presupuesto para llegar a fin de mes, algo que es común en los países donde hay inflación. Pero viendo las estadísticas oficiales, uno constata que la inflación reportada es baja.

¿Cómo se puede conciliar esa percepción de que todo está subiendo con el hecho de que la inflación sea baja?

La primera sospecha en este caso sería que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) está mal medido. Pero, esto es prácticamente imposible porque el Instituto Nacional de Estadística (INE) reporta cómo se comportan los 397 precios que componen el IPC. Se puede falsear un número, pero es más difícil falsificar 903 precios reportados individualmente por cada capital y región metropolitana del país.

Esto no implica que en algún momento se pueda falsificar la información, tal cual sucedió en Argentina en la presidencia de Cristina Kirchner o que eventualmente la inflación pueda subir más adelante. Pero de momento no es la situación.

En todo caso, llama más la atención la falta de información oficial sobre la producción, el gasto, la pobreza, la desigualdad, entre los principales indicadores necesarios para entender la coyuntura.

Los precios en general han subido, pero no en una proporción preocupante. Entre diciembre de 2019 y de 2022 el IPC subió 4,7%. En similar periodo los precios promedio subieron 300% en Argentina, 28% en Uruguay, 24% en Chile, 22% en Brasil, 18% en Perú, entre los más relevantes.

En los países avanzados la situación fue también preocupante: 16% en Estados Unidos y en Alemania, 12% en España, por ejemplo. En términos comparativos la inflación boliviana ha sido baja y no parece ser el problema. Es la 15ª inflación más baja de 196 países en el mundo.

La explicación se encuentra en el comportamiento de los ingresos laborales en el país. En diciembre de 2019, el salario promedio era Bs3.296 por persona en el área urbana, mientras que en diciembre de 2022 cayó a Bs2.913, 12% menos. Si a eso le sumamos el alza modesta de precios, tenemos que el salario corregido por inflación fue Bs2.781, una merma de 16% en los últimos tres años.

Esta caída es resultado de la alta informalidad que existe en el país. Mientras que la remuneración promedio en el sector privado formal subió 3% en términos nominales en similar periodo, en el sector informal los ingresos cayeron agudamente.

¿Por qué? Cuando llegó la pandemia, la actividad productiva se detuvo repentinamente en Bolivia y en el resto del mundo. Frente a la caída de la demanda, las empresas informales tuvieron que verse ante la disyuntiva o de disminuir el empleo o bajar los salarios. Dada la alta flexibilidad que existe en el sector informal, en torno al 90% según el criterio que se considere, los trabajadores aceptaron salarios más bajos para evitar perder sus empleos.

Con salarios más bajos, las familias tuvieron que ver cómo sobrevivir. Y una forma fue que otros miembros del hogar entren a trabajar. De esa forma el empleo urbano subió de 3,7 millones de personas al cierre de 2019 a 4,4 millones en el último trimestre de 2022, un alza del 17%. De esa manera las familias pudieron contrapesar la caída de los ingresos.

En 1925 el gobierno británico encabezado por Winston Churchill decidió revaluar la moneda para volver a una forma de administración monetaria conocida como Patrón Oro. Esa medida encareció los productos británicos en el mundo y contrajo la demanda agregada.

Según la visión de Churchill, los precios y los salarios también se ajustarían rápidamente hacia la baja, de tal forma que la producción no iba a ser afectada. Pero como en Gran Bretaña el empleo formal y sindicalizado era extendido, los salarios no bajaron y la contracción implicó alto desempleo, como lo advirtió el economista John Keynes.

La alta flexibilidad laboral en la “Bolivia invisible” hizo que los salarios disminuyeran estos año tal como Churchill creía en la Inglaterra clásica de hace 100 años.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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