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Bárcena: ¿de Cepal a Celac?

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Llamó la atención la participación en la última reunión del Grupo de Puebla, realizada días atrás, de la secretaría ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, tratándose de la representante de un organismo de Naciones Unidas haciendo parte de un encuentro de partidos políticos.

Coincidentemente, pocas jornadas después de la reunión, Bárcena anunció su alejamiento de la Cepal, tras 13 años al frente de esa institución, que tiempo atrás impulsó el fallido modelo de sustitución de importaciones y que posteriormente continuó promoviendo otras variantes del proteccionismo regional.

En el encuentro del Grupo de Puebla, los líderes de las izquierdas latinoamericanas presentaron un “modelo solidario de desarrollo”, que parece tener el sello personal de Bárcena, e insistieron en la necesidad de una “convergencia” de los mecanismos de integración subregional “hacia un punto de encuentro que podría ser la Celac”.

“Una Celac distinta a la actual, más empoderada, con mayor peso político, respaldada técnicamente, sin la presencia de los Estados Unidos y Canadá, debería ser el punto de llegada de este esfuerzo”, dice un manifiesto de la reunión.

Subrayemos el respaldada técnicamente, lo que tal vez indique el nuevo destino burocrático de Bárcena, quien ya había presentado en la VI Cumbre de Celac unos “lineamientos para la autosuficiencia sanitaria en América Latina y el Caribe”, que fueron aprobados por unanimidad.

Celac es una aproximación al viejo sueño castrista de una “OEA sin los Estados Unidos” y qué mejor forma de materializarla que a través de una secretaría técnica de alto perfil, que compita con el protagonismo de Luis Almagro en el sistema interamericano.

Por supuesto, esto se haría más que nada mediante la promoción de un nuevo proyecto dirigista de capitalismo de Estado, un “desarrollismo del siglo XXI” que esta vez irá envuelto en el papel celofán de las retóricas ambientalistas y de género, pero con el mismo trasfondo de siempre: la utilización de impuestos, cupos y aranceles para favorecer una industrialización artificial, operada por los “empresarios amigos” del poder.

Posdata: el “modelo solidario de desarrollo” incluye perlas como la creación de una  “Agencia Pública de Calificación de Riesgos países (sic) que reemplace las agencias calificadoras de riesgo actuales, movidas por intereses privados que destruyen países y economías con sus predicciones tremendistas”. De esta manera, se elegirá la autocomplacencia al sinceramiento, alejando aún más los necesarios objetivos de disciplina fiscal.


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