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¿Acaso la experiencia de Rusia en Ucrania reduce o aumenta la probabilidad de que China invada Taiwán?

Ted Galen Carpenter considera que las dificultades que las fuerzas rusas se han encontrado en Ucrania deberían producir más cautela por parte del República Popular de China.

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Por Ted Galen Carpenter1

Siguen circulando narrativas en competencia acerca de qué relevancia podría tener la invasión rusa de Ucrania para el asunto de Taiwán. Una escuela de pensamiento sostiene que la violación flagrante de Moscú de las normas internacionales en contra del uso de la fuerza para lidiar con una disputa territorial podría alentar a la República Popular de China (PRC) para hacer lo mismo para resolver el problema madurado desde hace mucho del status político de Taiwán. Esto es especialmente cierto, afirman los partidarios, si el gobierno de Vladimir Putin logra sus objetivos: forzar a Kiev a renunciar a su ambición de unirse a la OTAN, aceptar la amputación territorial de Crimea, y reconocer la “independencia” de los pequeños estados de la región Donbas.

La tesis opuesta argumenta que porque la ofensiva rusa ha sido más lenta, mucho más difícil, y más costosa tanto en términos de tesoro y sangre que lo que alguna vez se imaginó el Kremlin, esas lecciones amargas probablemente reduzcan cualquier tentación que podrían tener los líderes del PRC de adoptar una estrategia igual de agresiva hacia Taiwán. Según ese razonamiento, el fracaso de Rusia de lograr una victoria rápida, decisiva y de bajo costo en Ucrania ha provocado que Pekín se de cuenta de que intentar conquistar una isla podría ser mucho más difícil y costoso de lo que se pensó anteriormente. Por lo tanto, una invasión de Taiwán se ha vuelto menos probable.

Al considerar el probable impacto de la guerra en Ucrania sobre el futuro probable de Taiwán es imperativo reconocer que una similitud importante entre los dos asuntos. En ambos casos, el gran poder involucrado manifestó claramente que habían “líneas rojas” que no debían atreverse a cruzar. Para Rusia, era el esfuerzo continuo por parte de Occidente de hacer de Ucrania un activo militar de la OTAN. Para la PRC, una línea roja clave es cualquier esfuerzo por parte de Taiwán de obtener una independencia formal. De hecho, la negativa continua de Taipei a discutir una unificación con el continente bajo la fórmula de Pekín de “un país, dos sistemas” últimamente podría demostrar ser una provocación suficiente para empujar las cuestiones hacia el precipicio.

Las advertencias de Pekín en contra de las acciones persistentes, algunas veces separatistas, de Taipei, que se han dado durante la administración de Tsai Ing-wen se están volviendo notablemente más enfáticas. También sucede esto con las advertencias de los “poderes foráneos”—principalmente EE.UU. y Japón— en contra de fomentar y facilitar dichas ambiciones. Nuevamente, las similitudes entre la postura de la PRC y aquella de Putin constantemente escalando sus amenazas ante la OTAN respecto de Ucrania son asombrosas.

Washington, no obstante, ha presionado y seguido adelante con su respaldo a Taiwán, justo conforme ignoró luz roja tras otra luz roja respecto de la expansión de la OTAN hacia la frontera rusa. A lo largo de la presidencia de Donald Trump, la cooperación de seguridad entre EE.UU. y Taiwán aumentó hasta el punto en el que empezó a parecerse a una alianza militar integral. Bajo el Presidente Biden, esa tendencia ha continuado sin ser moderada. Las declaraciones repetidas de Biden de que Washington tiene una obligación de defender a Taiwán de un ataque generalmente han sido desestimadas como meteduras de pata de un individuo notoriamente proclive a meter a la pata, dado que el compromiso de EE.UU. en virtud de la Ley de Retaliaciones por Taiwán de 1979 es mucho más limitada y vaga. No obstante, las acciones estadounidenses bajo las administraciones de Trump y Biden sugieren que el presidente está describiendo con precisión la política actual de Washington.

Los líderes del PRC probablemente preferirían evitar recurrir a la fuerza para abordar el asunto de Taiwán. Sin embargo, Washington necesita entender que Taiwán es un interés vital para China, así como Ucrania era y es un interés vital para Rusia. Cuando están involucrados los intereses vitales, los grandes poderes usualmente no titubean para usar la fuerza militar, si creen que dicho curso de acción se ha vuelto necesario. Los líderes estadounidenses necesitan tomar las advertencias de Pekín respecto de Taiwán mucho más en serio de lo que lo han hecho hasta ahora, o se arriesgan a cometer el mismo error de cálculo que hicieron respecto de la relación provocadora de la OTAN con Ucrania.

Si la paz se acaba en el Estrecho de Taiwán, la crisis podría demostrar ser mucho más perturbadora y peligrosa que la continua guerra entre Rusia-Ucrania. Incluso este segundo conflicto ha causado importantes perjuicios económicos, como todo evento de este tipo lo hace. Una serie de sanciones económicas que EE.UU. y sus aliados impusieron sobre Rusia provocaron dislocaciones adicionales. Es importante notar que aunque Ucrania es una fuente importante de provisiones de alimentos y energía, el país no es un jugador económico importante en la mayoría de los demás aspectos. Aún así, las consecuencias negativas de la guerra han estado lejos de ser triviales.

Tanto Taiwán como la PRC son mucho más importantes para la economía global. Taiwán es un centro de producción importante de semi-conductores, y la isla es el principal proveedor de los microchips más avanzados. En general, Taiwán es la economía No. 22 del mundo, medida por el tamaño de su Producto Interno Bruto, mientras que la PRC, como la segunda economía más grande del mundo, es todavía más importante. Incluso un conflicto restringido a esos dos beligerantes causaría un masivo caos global. Si EE.UU., Japón y otros países importantes fuesen arrastrados hacia la lucha, como es muy probable, el impacto económico por sí solo sería horroroso.

Súmele a eso el verdadero peligro de que una confrontación militar directa entre EE.UU. y la PRC podría escalar al nivel nuclear, y la magnitud del riesgo de una catástrofe terrible es aparente. La amenaza nuclear respecto de la guerra Rusia-Ucrania es lo suficientemente preocupante, como EE.UU. y sus aliados en la OTAN continúan enviando armamentos en Ucrania y compartiendo inteligencia militar con Kiev, a pesar de las advertencias por parte de Moscú. Una guerra entre la alianza liderada por EE.UU. en Asia y la PRC que escale al nivel nuclear sería todavía mayor.

Las dificultades que las fuerzas armadas rusas se han encontrado en Ucrania, junto con el precio diplomático y económico está pagando en general, deberían producir más cautela por parte de la PRC acerca de usar la fuerza en contra de Taiwán. No obstante, al mismo tiempo, a pesar de todas las habladurías en Occidente acerca de que Ucrania es capaz de “ganar” la guerra, la realidad es que la invasión rusa continúa avanzando —así sea a un paso lento y ruidoso.

Esa realización debería causar una reflexión sobria en Taipei acerca de la dudosa sabiduría de empujar el sobre acerca de la independencia. Al adoptar la estrategia “puercoespín” que Kiev está utilizando para retardar e infligir daño sobre las fuerzas rusas, Taiwán sin duda podía convertir en una pesadilla una invasión de la PRC. No obstante, Taiwán probablemente perdería al final del día, incluso con la asistencia militar de EE.UU. —y la pérdida vendría con un gran costo en sangre y tesoro. La abrumadora lección de la tragedia en Ucrania para Pekín, para Taipei y para un EE.UU. entrometido debería ser que todos perderían, y perderían mucho, en dicha guerra.

1es Académico Distinguido del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington’s Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).

*Este artículo fue publicado originalmente en elcato.org el 07 de junio de 2022

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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