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Guerra: Juego de Suma Cero 

Guillermo Bretel

Politólogo y Sociólogo de la Julius-Maximilians-Universität Würzburg

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Durante la noche del lunes 21 de febrero, separatistas pro-Rusia, en el este de  Ucrania, han auto-proclamado independientes los óblasts o provincias de Donetsk  y Lugansk— ahora llamadas “repúblicas populares”; hecho que fue reconocido  oficialmente por la Federación Rusa, casi de inmediato, a pedido de los líderes  rebeldes en ambas provincias y, por supuesto, como movimiento estratégico para  justificar el ingreso de sus tropas en territorio soberano ucraniano.  

Con la firma del decreto de reconocimiento de ambos “nuevos Estados”, el  Presidente ruso Vladimir Putin apunta a esquivar cualquier tipo de responsabilidad  en derecho internacional, puesto que las tropas rusas no estarían violando la  soberanía de Ucrania, sino más bien apoyando militarmente a dos repúblicas  independientes y soberanas en una especie de alianza militar o, mejor dicho, un  acuerdo de protección con ellas. Y así fue, justo después de firmar el decreto de  reconocimiento de las nuevas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, Putin  ordenó el envío de fuerzas militares para “mantener la paz” en sus territorios.  

Sin embargo, a pesar de parecer –en primera instancia– una nueva jugada magistral  de Putin frente al derecho internacional, no se trata sino de otra violación del mismo,  pues incumple con el Memorando de Budapest de la Conferencia sobre la  Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) de 1994, en el cual Ucrania, por un  lado, renunció a sus armas nucleares y, por el otro, Rusia, Reino Unido y Estados  Unidos firmaron, en contrapartida, su compromiso de respetar la soberanía e  integridad territorial de Ucrania.  

Por otra parte, la prensa internacional viene denunciando, hace semanas, la  campaña de propaganda política puesta en marcha por el Kremlin, a modo de  justificar frente a su población una posible guerra. En los medios rusos se habla  incluso de que el gobierno ucraniano estaría orquestando un plan de genocidio en  estas provincias, con el único fin de eliminar a los nacionalistas rusos que habitan 

en ellas. Utilizando la desinformación como arma, el gobierno ruso busca –también  ahí– argumentos que fundamenten una ofensiva en territorio ucraniano. 

Como consecuencia de esta escalación, el canciller alemán Olaf Scholz ha decidido  frenar el inicio de operaciones del controvertido gasoducto “Nord Stream 2” que, de  lo contrario, se convertiría en el medio de importación de gas ruso más importante  hacia la Unión Europea, su mercado de exportación más grande. El efecto  económico para Rusia, un país extremadamente dependiente de sus exportaciones  de petróleo y gas natural, será inminentente nocivo. La pregunta que queda por  hacerse, es si la mano dura de Alemania –un aliado económico trascendental que  viene intentando sin éxitos una desescalada por la vía diplomática– podrá contribuir  a poner freno a las afrontas rusas en territorio ucraniano, o si, más bien, ésta  funcionará como nueva fuente de justificación de agresiones rusas incluso más  graves.  

Como se puede constatar, la intención de Rusia es evidente: encontrar fundamentos en todas las dimensiones posibles, desde el derecho internacional hasta la  desinformación en los medios de comunicación, para invadir y apoderarse de los  territorios de Donetsk y Lugansk en el este de Ucrania. Frente a esta clara señal,  Scholz ha optado por castigar duramente a Rusia, como afirmando que sabe a qué  juega el Kremlin y que, si éste decide poner a Ucrania y a la OTAN con la espada  contra la pared, Alemania no dudará en contraatacar con las medidas que crea  necesarias. El mensaje del Estado centroeuropeo también es manifiesto: la guerra,  en el plano económico o militar, es siempre un juego de suma cero. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Guillermo Bretel

Politólogo y Sociólogo de la Julius-Maximilians-Universität Würzburg

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