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A diez años del 21-F

Emilio Martinez

Escritor y analista político

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En pocos días más, se cumplirá una década de la revolución ciudadana que venció en las urnas al proyecto evista del reeleccionismo indefinido. Gesta con la cual comenzó el declive político del régimen autoritario-híbrido, iniciando un proceso que tendría otros hitos en el movimiento anti-fraude del 2019 y en el reciente derrumbe del aparato formal del MAS en las elecciones del 2025.

En buena medida, el triunfo del NO en el referéndum del 21 de febrero del 2016 fue posible gracias a la aparición de un actor social nuevo, de un “sujeto histórico” emergente si parodiamos a cierta jerga de izquierda: las plataformas ciudadanas, que nucleaban, por fuera de las estructuras partidarias de oposición, a activistas de diversos pelajes ideológicos y procedencias estamentarias, aunque fue evidente la predominancia de jóvenes de clase media, recientes profesionales o estudiantes universitarios avanzados.

Las plataformas permitieron unir en un objetivo común a fuerzas que, en contextos eleccionarios, habían estado fragmentadas frente al entonces monolítico masismo, ofreciendo nuevos rostros que no tenían el desgaste o los anticuerpos de los liderazgos opositores más conocidos.

De alguna manera, las plataformas ciudadanas tomaron o conquistaron el espacio que habían ido dejando vacío los movimientos sociales, que fueron muy activos en el ascenso al poder del evismo y en sus primeros años de gestión, pero que para mediados de la década pasada ya eran parte de un proceso de burocratización (vía cooptaciones por el Fondo Indígena y otros mecanismos) que los petrificaba y reducía a meros aparatos clientelares o prebendales.

Además, las plataformas jugaban el conflicto en un plano nuevo: el de las redes sociales digitales, dándoles ubicuidad y universalidad, en contraste con el anclaje mucho más corporativo-territorial de los movimientos sociales, a los que podríamos calificar como analógicos. Si éstos habían logrado controlar el territorio en la mayor parte de occidente y en bolsones del oriente, las plataformas saltaban todos esos esquemas, en una dimensión alterna (el ciberespacio) que no había sido tenida en cuenta de manera suficiente por los estrategas cubanos y venezolanos que tutelaban al régimen.

No sería sino hasta después de la derrota del 21-F que el gobierno evista desarrollaría la columna de los “guerreros digitales”, con gran presupuesto, tosco diseño conceptual y magros resultados.

A diez años del 21-F, el objetivo mayor de apartar de la cabeza del Estado a una camarilla autocrática se ha cumplido, aunque en un sentido más amplio podría pensarse que sigue pendiente una reforma profunda de la política, orientada hacia la transparencia, la descentralización y la horizontalidad. Aquellas cualidades que distinguieron a las plataformas y que hicieron posible la revolución ciudadana.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Emilio Martinez

Escritor y analista político

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