Opinión

A la Policía le quedan dos caminos

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Entre la madrugada del lunes y este martes, la Policía mostró toda su desfiguración institucional. Protegió a vándalos que atacaron, secuestraron y avasallaron, y atropelló a un periodista como si se tratara del peor de los delincuentes. En dos días le mostró al país que ha sido convertida en una fuerza irregular, al servicio del régimen, en contra de la sociedad a la que juró proteger.

La indignante actuación de los policías comenzó el lunes con el resguardo que dieron a grupos delictivos que, a punta de dinamita y petardos, atacaron la sede de Adepcoca en La Paz y secuestraron al principal dirigente orgánico de los cocaleros de los Yungas para que entre tanto se elija no uno, sino dos directorios apadrinados por el gobierno.

El humillante papel de la Policía fue planificado. Consistió en facilitar la toma de la sede cocalera por parte del sector cooptado por el masismo. Centenares de efectivos, entre oficiales y sargentos, cumplieron la orden del amo político rodeando las instalaciones de Adepcoca para que el ataque consiga su objetivo y gasificando a los socios que pretendían ingresar al edificio de Adepcoca.

Protegidos de pies a cabeza para no ser reconocidos, los policías también impidieron que los periodistas ingresen a la zona del ataque y muestren los destrozos. La abogada de los cocaleros Evelin Cossío dio un dato que dice mucho de la cuestionada actuación policial.

La profesional dijo a los medios de comunicación que entre lunes y martes más de 20 cocaleros yungueños fueron detenidos y llevados a oficinas policiales de La Paz para que enfrenten a los fiscales y precisó que ninguno de ellos pertenece a los grupos afines al oficialismo. “No sé como hacen para identificar solo a cocaleros del sector orgánico”, sostuvo.

Este martes, la subordinación de la Policía al poder político volvió a ser exhibida con el desmedido atropello al periodista Carlos Quisbert del periódico Página Siete, medio de comunicación que permanentemente es atacado discursivamente por autoridades del gobierno y dirigentes del masismo. Varios policías rodearon al periodista, le enmanillaron y lo llevaron a dependencias policiales.

Pese a que otros periodistas comenzaron a grabar videos del abuso con sus teléfonos móviles y cámaras de televisión, los efectivos llevaron al periodista con violencia hasta una camioneta de la Policía a la que fue introducido a empujones. El periodista del diario crítico al gobierno fue trasladado a dependencias de la FELCC.

En las últimas semanas un general, dos coroneles, un mayor y un capitán de la Policía fueron dados de baja de manera definitiva y sin derecho a la reincorporación, por haber asumido funciones de mando en el gobierno transitorio, mientras un excomandante general y otro coronel, fueron detenidos preventivamente en el penal de San Pedro y vergonzosamente la institución del orden, desde el Alto Mando hasta las asociaciones de clases y policías, agachó la cabeza y su silencio fue cómplice del abuso político.

En Venezuela los temidos “colectivos” chavistas que supuestamente defienden la “revolución bolivariana” están integrados por policías y sectores sociales, mientras que en Cuba los denominados “boinas negras”, integrantes de una fuerza de control abusivo de la sociedad, se encargaron de aplacar las inéditas marchas y protestas en La Habana y otras ciudades cubanas en julio de este año.

El sometimiento de quienes conducen actualmente la Policía Boliviana ha dado paso a que el poder la transforme en una fuerza armada usada para neutralizar a adversarios políticos del gobierno. Por tanto, a la Policía le quedan dos caminos: recuperar la institucionalidad en todos sus niveles o terminar como un grupo irregular dispuesto a violar los derechos humanos y libertades constitucionales para hacer el trabajo sucio del poder.


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