Opinión

Arce o el gigante con pies de barro

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El poderoso gobierno del MAS es débil en las calles. Enfureció a los cocaleros yungueños arrebatándoles su mercado de comercialización de la hoja de coca para entregarlo a un dirigente oficialista. Tras dos semanas de conflicto, este lunes miles de cocaleros llegaron a La Paz, vencieron a los policías en la batalla definitiva y recuperaron Adepcoca.

En humillantes imágenes para la Policía Boliviana, las redes de televisión del país mostraron en vivo cómo los efectivos abandonaban corriendo la zona del conflicto. Como ocurrió en las dos semanas anteriores, dispararon cientos de gases lacrimógenos, pero retrocedieron y no pudieron mantener el resguardo en el perímetro de Adepcoca.

Se trata de una derrota política, social y estratégica para el gobierno que planificó el asalto a una institución privada, con el objetivo de someter políticamente a los cocaleros de los Yungas, a los que nunca pudo domesticar desde el régimen de Evo Morales y son la piedra en el zapato de los cocaleros del Chapare y su dirigente vitalicio.

Y es una derrota de carácter estratégico porque el gobierno decidió anular el mercado paralelo de comercialización de la hoja de coca que funcionaba en un sindicato de transportistas en la zona de Kalajahuira, convencido que se había apropiado de Adepcoca, hace dos semanas.

Hay responsables directos. El principal es el Ministro de Gobierno que públicamente reconoció al oficialista Arnold Alanes como nuevo Presidente de Adepcoca, pero también el Comandante General de la Policía y el Comandante Departamental de La Paz porque la toma de la entidad cocalera, la protección a infiltrados, la represión desmedida y los atropellos a periodistas se produjeron bajo su mando.

Lo que correspondería en un gobierno que se respete es que el Ministro del área presente su renuncia al cargo porque puso al descubierto que la actual administración de Luis Arce es algo parecido a un gigante con pies de barro, que todo el poderío que muestra en sus discursos mediáticos no es otra cosa que una cáscara sin sustancia.

Los coroneles que mandan en la Policía a nivel nacional y departamental también tendrían que ser relevados por su incapacidad para cumplir la orden política de consolidar la usurpación de Adepcoca, pero sobre todo por la zozobra y el terror que provocaron en las villas Fátima y El Carmen, con la gasificación a hospitales y la represión incluso a vecinos que no tenían nada que ver en el conflicto cocalero.

En estos 11 meses, desde que Luis Arce asumió la Presidencia el 8 de noviembre de 2020, removió comandantes en las Fuerzas Armadas en tres oportunidades sin pensarlo dos veces. Es hora que se ponga así de firme en la Policía que en casi 40 años de democracia es comandada por un coronel cuando el gobierno tiene a su disposición la Ley de ascensos a generales del verde olivo.

El presidente Arce cumplirá un año en el ejercicio del poder dentro de un mes y está claro que llegará al 8 de noviembre de 2021 en su peor momento, no por estrategias opositoras efectivas, sino por los frentes que su propia administración abrió en las últimas semanas y puso en apronte a cocaleros, indígenas, gremialistas, empresarios, transportistas, cívicos, médicos, periodistas, autoridades regionales, plataformas ciudadanas y la diversidad de iglesias.

Es imperioso que el primer mandatario le explique al país cómo piensa encarar la multiplicidad de conflictos que tiene al frente y que pueden comenzar a converger y fortalecerse unos a otros poniendo en situación difícil al masismo en el ejercicio del poder. Arce no puede quedar callado, como suele hacerlo, porque la incertidumbre o incluso la duda puede comenzar a horadar al considerado núcleo duro del masismo.

Lo ocurrido este lunes a mediodía en Adepcoca, tras una hora de duro enfrentamiento en Villa Fátima, ha sido la primera derrota del masismo en las calles, escenario en el que se mostraba invencible. En el corto plazo pueden venir nuevas victorias para los sectores opositores al gobierno de Arce porque ya se sabe que tiene la apariencia de un coloso, pero en el fondo es débil y temeroso.


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