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Cavilaciones electoreras sobre el 22M

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Se acercan las elecciones subnacionales “22M” y mientras escucho y veo con empalago el acostumbrado desfile de phajpakus (en su mayoría) que prometen todo pese a saber (salvo sean completos ignaros y mamones con sentencia ejecutoriada) que la mayor parte de sus pomposas promesas serán materialmente irrealizables en la cruda realidad que les espera de ser entronizados, recuerdo aquella jodida frase de H.L. Mencken: “Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas”. Y me pregunto y les corro, amables lectores, en traslado estas mis inquietudes: ¿Usted, ilustre ciudadano que emitirá su voto el 22M, realmente se siente representado por alguno(s) de los candidatos en liza y sus similares a concejales y asambleístas? ¿Considera si es que una vez elegido(s) alguno(s), de alguna manera podrá exigirle(s) y/o controlarle(s) sobre el cumplimiento siquiera mínimo de sus fabulosas promesas? ¿Podrá controlar su desempeño una vez empoderados con esas banditas de “misses” que tanto les gustan? ¿Se acordarán siquiera de los que confiaron –ojalá no mamaron– en ellos, votándoles este 22M?

Lo que me llevó pensar en una deliciosa reciente lectura –carnavalesca, pues aproveché ese feriado– del maestro Roberto Gargarella: “La derrota del Derecho en America Latina. Siete Tesis” (Siglo XXI editores, Bs.As. 2020) –el San Google se los descarga facilito– cuando nos plantea entre esas tesis estas que sostengo caen como anillo al dedo del estado del arte electorero 22M:

Existe una crisis irreversible consistente en el evidente deterioro de la representación política, basado en aquella veterana idea de hace 200 años de la “sociología política gravemente imperfecta” (sic) de que se supuso una sociedad conformada por pocos grupos internamente homogéneos y autointeresados, que en esas instancias nos bien representarían. Ej.: Representantes de los “ricos” de los “pobres”, de los campesinos, empresarios, etc. El autor nos explica que, más aún ahora, aquella pretensión se ha desvanecido en el aire, pues hoy nuestras sociedades son diversas, plurales y multiculturales compuestas por cientos de grupos con intereses diferentes, siendo por tanto materialmente imposible que ninguna persona pueda ser reducida a una sola de sus múltiples facetas. Estas sus miradas y por supuesto sus diversos intereses y necesidades hacen hoy materialmente imposible que puedan ser abarcados mediante los congresos, asambleas, consejos y demás organismos con pretensión de representación. Probablemente entonces, más allá del insultante phajpakerío de los candidatos, podrían estar en una misión imposible prometiéndonos representarnos a todos y cada uno y peor a nuestros intereses diversos. Ese esquema institucional queda como “traje chico”, absolutamente incapaz de abarcar el cuerpo que pretende abrigar.

Po otra parte, el maestro Gargarella identifica también a lo que el voto por sí solo no puede lograr: la dilución del voto y la extorsión democrática. Si bien en el caso del 22M en alguna medida podrá escogerse alguito, al final del día terminamos votando a un conjunto de personas –concejos municipales o asambleas departamentales–, lo que nos dificulta premiar o castigar a algún representante por lo que hizo, dejó de hacer y/o estimar que no hará. Dentro de esas listas ciegas en combo puede haber sujetos a quienes deseamos premiar o castigar, que no conocemos, nos emputan o nos son indiferentes, pero… muchas veces, porque solo votamos y no elegimos realmente, quedamos extorsiva democráticamente obligados a votar por lo que repudiamos para sostener aquello que defendemos. Por ese sistema ciego, nos vemos constreñidos a votar por paquete completo, en combo, que suele incluir lo que más nos interesa y también lo que más repudiamos, sin tener la posibilidad real de discriminar, de elegir: “esto sí, pero por favor esto no”. El autor pregunta: ¿Cómo hace, entonces, un ciudadano para discriminar entre una opción (la que repudia) y otra (la que demanda) si no le otorgan la posibilidad institucional de hacerlo (ya que debe votar por un paquete cerrado que incluye ambas cuestiones)?

Con todos esos problemas y otros –aquí no mencionados– el votar por los miembros de ese tipo de autoridades y órganos no necesariamente transforma esos controles en democráticos –incluyendo al Judicial, por si acaso–, pues un cargo o una institución no se democratizan cuando nos quedamos en la puerta de entrada del problema votando a quienes ocuparán el cargo, ya que se requiere que la ciudadanía realmente decida sobre las cuestiones en juego, es decir tenga la capacidad cotidiana para intervenir en el proceso decisorio o supervisar lo que sus delegados hacen en nuestro nombre.

Así las cosas, y más allá de ese carnaval de phjapakus que nos atosigan por todos los medios y RRSS –el jueves nos libramos, aguanten–, probablemente esos y otros problemas hagan que el ciudadano común, ese que no tiene compromiso alguno con ellos, menos espera una peguita o debe cuidar la que actualmente tiene, vemos con escepticismo –si no asco– ese deplorable show de baja monta que están protagonizando en su mayoría, aunque desde el llano, nosotros los ciudadanos al tolerarles, les damos bola. Thomas Sowell escribió al respecto: “El hecho de ue tantos políticos son mentirosos reflejo de nosotros. Cuando la gente quiere lo imposible, solo los mentirosos demagogos pueden satisfacerlo”.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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