Opinión

Conciliación y encuentro: virtudes pendientes

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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Días atrás se realizó en La Paz el Seminario Internacional de Experiencias para el Reencuentro, organizado por la Vicepresidencia del Estado y el Sistema de Naciones Unidas en Bolivia. Como lo considero un evento muy importante que, por la pandemia y por los muchos ruidos mediáticos de la crisis social y política (el video de Morales, acusaciones y aprehensiones como parte de la judicialización de la política, el affaire Murillo y la rocambolesca acusación, rápidamente diluida, de “invasión mercenaria en convivencia con las FFAA”, entre otros), fue poco divulgado y menos analizado, expondré mis percepciones al respecto.

¿Por qué titulo Conciliación y encuentro: virtudes pendientes y no, como se denominaba el seminario, Reencuentro? Conceptualmente concuerdo con el vicepresidente Choquehuanca Céspedes que para “reencontrarnos todos, absolutamente todos” hay, primero, que encontrarse —González Cueva, en su participación, confirmó que para que haya “reconciliación” debía haber antes una “conciliación”— y esa es una asignatura —ambas virtudes que menciono— que está pendiente. La Guerra del Chaco fue el alumbrón de la urgencia de un encuentro de las Bolivias y la Revolución del 52 lo empezó —la criolla y la indígena de Occidente principalmente— dando inicio a un mestizaje etnosocial, cultural y económico que no avanzó en empoderar realmente al indígena, perdiéndose la oportunidad de ese encuentro; tampoco se avanzó en profundizar el encuentro Oriente- Occidente y quedaron muchas Bolivias sin encontrarse definitivamente —interreconocerse— aunque unidas en el sentimiento de país, himno y bandera.

El seminario no era recetas sino experiencias. Los expositores fueron Rigoberta Menchú Tum, líder indígena y activista guatemalteca por los derechos humanos, premio Nobel de la Paz; Vera Grabe Loewenherz, antropóloga y política colombiana, exguerrillera del Movimiento 19 de Abril e integrante del Observatorio para la Paz de Colombia; Eduardo González Cueva, sociólogo peruano, director del Programa Verdad y Memoria en el Centro Internacional por la Justicia Transicional; fungió como moderador Francisco Díez Moscarda, abogado argentino y senior mediation advisor de la Unidad de Apoyo a la Mediación de la Organización de Naciones Unidas. Un grupo que, al margen de visiones ideológicas que pudieran ser diferentes, acumulaba una gran experiencia en mediación y solución de conflictos políticos y distributivos, religiosos, identitarios y etnolingüísticos en Latinoamérica, África y Asia.

Es muy importante primer paso, que este encuentro realizado por la Vicepresidencia del Estado haya sido patrocinado por la Organización de Naciones Unidas y contara con la participación de la Unión Europea porque ambas entidades, como se desprende de la Memoria del Proceso de Facilitación de Diálogo 2019- 2020 presentada por la Conferencia Episcopal Boliviana, fueron partes acompañantes del entonces proceso de transición política y constitucional y no apadrinaron ningún golpe de Estado.

Tres conceptos de los intervinientes — incluido del Vicepresidente desde su visión cosmogónica indigenista aymara— son fundamentales: “Respetar lo que piensa nuestro semejante” que no es comulgar con las mismas ideas pero sí oírlas y entenderlas en lo que de común tienen; “la búsqueda del territorio común” para el entendimiento y, fundamental para avanzar en los anteriores, “voluntad política”.

Lograr esa voluntad política —desarme de posiciones encontradas de todos los actores nacionales— será un proceso largo y minado. Coincido con Michael Doczy, embajador de la Unión Europea en Bolivia, en sus declaraciones a raíz del encuentro: “Para avanzar en la reconciliación es necesario bajar tensiones y tener voluntades. De lo contrario, no funcionará”.

Porque, como dijo el Apóstol Pablo, “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2Cor 12: 10).

Este artículo fue publicado originalmente en La Razon el 6 de julio de 2021. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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