Opinión

Cuál es el horizonte en El Alto

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La reacción de Eva Copa a su doble caída en las encuestas de percepción ciudadana es políticamente riesgosa e institucionalmente contraproducente. Junto a su entorno, ha decidido revertir los números rojos acaparando las apariciones públicas y mediáticas en El Alto. Eso podría acelerar el desgaste de su imagen.

En los noticieros de televisión, la alcaldesa Copa aparece opinando sobre la vacunación anticovid, mostrando los preparativos en los cementerios para la llegada de los difuntos o inspeccionando trabajos municipales en los distritos.

Este miércoles, desde las 04:00, acompañada por un equipo de comunicación de la Alcaldía, Copa barrió las calles, limpió postes, pintó barandas y regañó a los choferes que se estacionan mal en el distribuidor de la Ceja de El Alto.

Mostrarse comandando el mantenimiento de la ciudad no está mal. Son apariciones epidérmicas que  pueden ayudar a incrementar el nivel de conocimiento de Copa en ciertos segmentos de la sociedad alteña que todavía no le ubican, pero nada más.

El problema de la joven Alcaldesa es más de fondo. No tiene o al menos no muestra cuál es el horizonte de transformación urbana de su gestión y cómo pretende alcanzarlo en términos de obras, programas y proyectos durante su administración municipal.

El miércoles de la próxima semana Copa cumplirá seis meses al mando de la ciudad de El Alto y no se conoce cuál es la ruta crítica que seguirá su gestión para mejorar las condiciones de vida de los alteños que naturalmente se han convertido en vecinos exigentes de sus autoridades.

No tener o no mostrar hacia dónde debe caminar El Alto provocará que la “única” responsable de esa carencia estructural sea la propia Alcaldesa, con todas las consecuencias políticas que puedan sobrevenir.

Dicho de otra manera, intentar convertir a Eva Copa en sinónimo de Alcaldía puede ser un bumerang y mostrarse sola frente a todas las batallas que produce la administración municipal, sin un equipo que la respalde, es cuando menos riesgoso.

Sus pares de Santa Cruz y Cochabamba, para poner dos ejemplos sobre estilos distintos, suelen aparecer ante los medios acompañados de secretarios municipales, directores o subalcaldes, casi todos jóvenes y con pinta de tecnócratas, aunque también están los más experimentados.

Transmiten sin decirlo trabajo en equipo, esfuerzo colectivo, responsabilidad compartida. Manfred Reyes Villa se ha dotado incluso de un portavoz cuya función es evitar un innecesario y acelerado desgaste de la imagen de la máxima autoridad del municipio cochabambino.

Al inicio de este artículo anoté que concentrar todo en la Alcaldesa también es institucionalmente contraproducente. Y es que en la función pública reina la ley del mínimo esfuerzo y al dejar que los responsables de las distintas áreas de la Alcaldía alteña se queden en la trastienda, provocará en ellos al menos desinterés por el cumplimiento de resultados

Estableciendo un buen sistema de control contra el “figuretismo” estéril, es siempre beneficioso para una institución, mostrar que existe trabajo en equipo y una suerte de sana competencia sin desbordar la estrategia central de transformación del municipio.

Eva Copa llegó a la Alcaldía alteña en mayo de este año con el 68,7% de la votación. En la primera encuesta de Captura Consulting para la revista Poder y Placer de julio su aprobación descendió al 41% y este mes se desplomó al 24%.

Tratar que ella se encargue de lanzar el corner, cabecear el balón, celebrar el gol, sacar la foto del festejo y vender el ejemplar del periódico con la buena noticia es a no dudarlo políticamente riesgoso e institucionalmente contraproducente.


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