Opinión

¿Cuándo empieza a gobernar?

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¿En serio el Presidente cree que los mineros cooperativistas, gremialistas, transportistas, entre otros sectores, son manejados por la “derecha golpista”? Al reconocer que la convulsión se iba a apoderar del país si su gobierno insistía en el rechazado proyecto de Ley antilegitimación, en el fondo estaba admitiendo que gobierna desconectado de la realidad política de la patria.

Decir que los sectores sociales, tradicionalmente ligados al masismo y que le dieron el 55,1% de los votos en 2020, fueron engatuzados por intereses conspirativos es no conocer cómo funcionan, reaccionan y toman decisiones. Es decirles que se vendieron a comités cívicos y organizaciones políticas de la oposición.

Un editorial del periódico El Deber de Santa Cruz, además de criticar los excesos verbales del presidente cívico Rómulo Calvo, afirmó con claridad que el paro realizado el lunes de esta semana no debe ser atribuido ni a Calvo ni al Comité. Afirmó que los gremialistas fueron la punta de lanza de la protesta social en esa región.

Braulio Arguedas, principal dirigente de la Confederación de Cooperativas Mineras de Bolivia, sostuvo que pese a los cuestionamientos de su sector al proyecto de Ley, sus compañeros participaron en los “wiphalazos” organizados por el masismo y realizados en el eje del país, por el apego político que tienen los mineros cooperativizados al partido de gobierno.

En un artículo que escribí hace una semana afirmé que el presidente Arce se desenvuelve en una dimensión paralela, en la que sólo debe haber “buenas nuevas”, y en la que se siente cómodo porque se mantiene al margen de las tensiones, intereses, cálculos y medias verdades, propios de la realidad política que debe enfrentar a diario un gobernante.

Pues bien, sus afirmaciones de este viernes, horas después de la tercera derrota que sufrió en lo que va de este mes, confirman que el Primer Mandatario administra el país dentro de una urna de cristal, en la que no escucha, no ve y no siente lo que pasa a su alrededor.

No se conoce, al menos no de manera pública, si Arce se reúne periódicamente con los sectores sociales a los que su gobierno jura representar, no parece tener en su agenda presidencial anotados encuentros regulares, por ejemplo, con el recientemente reorganizado Estado Mayor de Pueblo o con lo que queda del Conalcam o con confederaciones o federaciones.

Su estilo de gobernar delegando responsabilidades a los ministros ha terminado de alejarlo por completo. Por supuesto que los ministros dialogan y/o negocian con los sectores sociales siguiendo sus directrices pero privilegian sus propios intereses. Un ejemplo: el conflicto cocalero fue encargado de principio a fin al Ministro de Gobierno y al Comandante de la Policía.

Por ello, cuando se produjo la derrota ante miles de cocaleros que recuperaron Adepcoca de manos de un dirigente oficialista y de la Policía, quien tuvo que dar la cara fue Eduardo del Castillo. El presidente Arce simplemente ignoró el episodio, como lo hizo cuando se suspendió sin fecha la declaración del gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, en la Fiscalía de La Paz por el caso del supuesto “golpe de Estado”.

Luis Arce cumplirá un año como Presidente de Bolivia en poco más de 20 días y ya es hora de que se ponga a gobernar el país, con tropiezos y aciertos, pero mostrando a todos, a los suyos y a los ajenos, que es él quien tiene las riendas del poder. De paso, es indispensable que rearme su equipo de ministros para que sea suyo y asuma el rol de principal interlocutor con los sectores de la sociedad, no solamente los vinculados al masismo.

Tal vez, así termine dándose cuenta que la “derecha golpista” es un espejismo y que la polarización es una pantomima. Arce es el Presidente del país y tiene que comenzar a creérselo.


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