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Cuando los sistemas de salud funcionan, los héroes descansan: una reflexión desde América Latina

Carlos J. Cuéllar

Médico Salubrista

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Recientemente, el Dr. Abel Nkolo, mi amigo y colega ugandés, escribió un artículo sobre “sistemas y héroes” que capturó con precisión una realidad que no es exclusiva del África. Quienes hemos trabajado en América Latina—y particularmente en Bolivia—reconocemos de inmediato ese patrón: sistemas débiles sostenidos por personas extraordinarias. En muchos de nuestros países, hay servicios de salud que funcionan relativamente bien. Sin embargo, muchos de ellos funcionan a pesar del sistema, no gracias a él. Cuando uno evalúa un hospital, una red de servicios o un programa de salud que logra resultados, casi siempre hay un nombre detrás. Un director comprometido, un gerente creativo, un líder que empuja más allá de los límites formales del deber. Bajo su conducción, los servicios operan, los equipos responden y los problemas se resuelven de alguna manera. Pero esa funcionalidad es frágil. Depende de la energía, la capacidad y la persistencia de esa persona. Y cuando esa persona se va, el sistema se cae. Esto es evidencia de que el sistema no funciona y requiere ser compensado por individuos excepcionales: los y las héroes.

En ese sentido, resuenan con fuerza las palabras de W. Edwards Deming: “Un mal sistema siempre le ganará a un buen gerente.” En nuestros contextos, lo que vemos es el esfuerzo heroico de buenos gerentes por retrasar, pero no evitar, las consecuencias de sistemas de salud débiles. En contraste, en países con sistemas de salud sólidos, la ecuación es distinta. Las personalidades cuentan, pero cuentan menos. El sistema establece reglas claras, procesos confiables y mecanismos de rendición de cuentas que funcionan independientemente de quién esté a cargo. Allí, el liderazgo se enfoca en innovar, mejorar y elevar el desempeño en vez de apagar incendios. Si aceptamos este diagnóstico, el verdadero desafío es invertir deliberadamente en la construcción de sistemas sólidos y sostenibles. Construir sistemas que no dependan de la buena voluntad individual, resistan los cambios de liderazgo, conviertan lo correcto en lo habitual y produzcan resultados consistentes, incluso con equipos promedio.

Esto implica un cambio de mentalidad. Pasar de esperar al héroe a preguntarnos qué condiciones hacen innecesario el heroísmo para que el sistema funcione. Así, los y las héroes del sistema de salud, tan valiosos y admirables, deberían poder descansar o, mejor aún, canalizar su energía y liderazgo hacia una tarea más importante: fortalecer sistemas que no dependan de ellos.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Carlos J. Cuéllar

Médico Salubrista

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