Opinión

De la política y sus detractores

Romano Paz

Politólogo

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En la antigua Grecia solían afirmar lo siguiente: El estado primordial, primitivo, del mundo es el Caos. Este era, según los poetas, una materia eterna, de forma muy vaga, indefinible, imprescriptible, en que estaban confundidos los principios de todos los seres particulares. El caos era, por así decirlo, al mismo tiempo una divinidad rudimentaria, pero capaz de fecundidad (Commelin, 2017, pág. 13). Los griegos (por los que tengo singular aprecio), utilizaban este tipo mitos para explicar el mundo que los rodeaba, sobre este punto cabe destacar que si bien la forma de la metáfora es abstracta, el fondo del planteamiento es absolutamente racional y materialista, ya que una de las características fundamentales de todo ecosistema natural y todo sistema social es el “cambio permanente”, y a su vez en el marco de nuestro paso por este valle de lágrimas, hay un intercambio permanente entre el ecosistema y el sistema social, sobre este punto podemos citar que comemos, vestimos, pensamos, hablamos e interactuamos en función al lugar que habitamos, seamos nativos o estemos de paso.

Sigamos, desde nuestros antepasados homínidos hemos sido animales gregarios, necesitamos asociarnos para multiplicar nuestras posibilidades de éxito y supervivencia, primero como especie, luego como pueblo, nación, cultura, Estado, Imperio y finalmente como civilización. Asociarnos nunca ha sido una alternativa, es el único camino que tenemos para la defensa como para el ataque, indistintamente de los móviles y del adversario que tengamos en frente.

Dónde hay masa…, hay caos, frente a esta situación anárquica surge por inercia la necesidad de un grupo dominante. Como ejemplo podemos citar que en el reino animal lo identificamos como el Macho Alpha, que generalmente es secundado por sus secuaces. Volquemos nuestra mirada al ser humano, dónde este habita hay sociedad, y dónde hay sociedad tenemos una clase gobernante y una clase gobernada, indistintamente de los fundamentos ideológicos en los que se base esta relación de dominación y sumisión. 

Volvamos a los antiguos griegos que utilizaban el vocablo polemos para hacer alusión al combate dialéctico, a la discusión, la hostilidad y el conflicto, en síntesis, la polémica (el caos). Como puede verse el término hace referencia al grado natural de discordia u antagonismos existentes en las diversas relaciones humanas, diferencias que se manifiestan en todas las esferas de la sociedad.

Mientras que la política deriva del término griego Polis, que quiere decir Ciudad Estado, es decir la actividad humana que apunta a establecer el orden para poder vivir conjuntamente en sociedad, por decirlo de esta manera; pretende organizar la coexistencia humana, siempre en condiciones de conflictividad, pues esta se encuentra permanente atravesada por lo Político, es decir la polémica y la conflictividad natural entre las personas (caos).

Cómo hemos visto, la política es el arte de gobernar y de tomar decisiones, como tal es intrínseca a todos los fenómenos sociales, en sí misma no es ni positiva ni negativa, al igual que una herramienta, puede utilizarse para múltiples fines positivos o negativos, pero esto ya depende de las motivaciones del actor político y de la percepción que tengan de sus acciones los gobernados, siempre en un espacio y tiempo determinado, ya que cada pueblo tiene su propia idiosincrasia y su vecino no la entiende.

No participar de la dinámica política, es una posición política, cuestionar a la política dominante, es una posición política, ser indiferente a la política dominante, es una posición política. Cómo vemos es una de las dimensiones del ser humano, ni más ni menos importante, es parte indisoluble del ser. Al respecto podemos destacar y matizar que los politólogos, los economistas, los abogados, los sociólogos, etc., estudiamos por separado, lo que en la realidad está unificado.

En síntesis, no necesitamos menos políticos, necesitamos políticos con fines más justos, y ¿qué es lo justo?, es un debate milenario y demasiado fértil que ha detonado incontables conflictos de toda índole desde los orígenes de la civilización hasta nuestros días, estamos a años luz del “último hombre y del fin de la historia”. A manera de consuelo me quedo con una máxima del filósofo póstumo Friedrich Nietzsche; “El hombre es algo que debe ser superado”.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Romano Paz

Politólogo

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