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Deep-Head, y la generalización de la excepción

Carlos Valverde

Analista político y periodista

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Uno puede aceptar memes y chistes con relación al tema porque así somos y no vamos a cambiar. Es fácil reconocer un meme humorístico; ese no buscan otra cosa que hacerse la burla del resultado judicial del caso probablemente más seguido por el mundo entero; se entiende y, seguramente, más allá del mal humor de la ideologización y propaganda, son considerados simplemente eso… un chiste.

No seguí el pleito cotidianamente, pero, se que ganó la excepción y no la regla.

Me explico con una afirmación: no acepto en ningún caso eso de que el juicio haya puesto de manifiesto y que “exprese claramente” aquello que más se ha repetido en estos días: “no todos los hombres acusados de pegar, pegan ni todas las mujeres que denuncian dicen la verdad”, porque esa es una manipulación grosera y machista, porque se y aseguro que si una mujer denuncia agresión y maltrato hay que prestarle atención y actuar judicialmente y no dejarlo solo en una denuncia policial. Cuando una mujer denuncia, en la mayoría de los casos los policías actúan de “componedores o de agentes de conciliación”, cuando todos sabemos que la mujer que denuncia es porque ya está en el extremo y su vida corre peligro; a lo mejor no de muerte, pero si de ser convertida en cosa, (bolsa de boxeo incluida).

Una broma no agresiva es eso; un chiste que no hace daño es parte de nuestras vidas: “el primer hombre que le gana una discusión a una mujer”… es un buen chiste/broma de ocasión. Es machista? Si, claro… o puede ser, pero es inofensivo, porque no lleva validación de lo violento, ello es y será así por más que el radicalismo de colectivos extremos tire el grito al cielo; seguirá siendo una broma rápida y sin mala intención, porque las personas decentes (en el machismo hay una fuerte carga de indecencia), los que sabemos respetar a las mujeres entendemos muy bien cuándo el chiste deja de ser tal, para convertirse en esa especie de “reivindicación” sentida por muchos.

En efecto, tras de la sentencia, muchos hombres se ven “reivindicados” pero en serio… no entra en esa valoración la broma, no entra el chiste de ocasión, está entrando en eso un convencimiento y justificación de lo violento y eso es inadmisible porque conlleva una carga violenta que en algún momento puede aflorar; a lo mejor nunca, pero, está ahí… agazapada.

No es el tema, pero, es inevitable hablar de porcentajes y de cifras porque pueden servir para entender que los hechos de violencia contra la mujer no son hechos ni casos aislados; se trata de hechos permanentes, sostenidos y en peligroso avance. El dato: hasta el 8 de mayo del año que corre, en Bolivia se registraron 34 casos de feminicidios y se tiene registrado 11.963 casos de violencia; todos sabemos que se denuncia entre el 10 y 15%, de manera que este es un tema que nos debe preocupar y que no deja de ser una ventaja que lo profundo (Deep) le haya ganado a la cabeza (Head).

Intento decir que la violencia contra la mujer está en lo profundo de la sociedad y no “en la cabeza de las mujeres” como una “idea inculcada” por “las fundamentalistas”; cuando ellas no son la regla ni la expresión del hecho sino la reacción al mismo y que hay que entender que aun cuando tengan acciones y actitudes que la generalidad de la sociedad (hombres y mujeres) no tiene, necesariamente que aguantar porque son violentas y no siempre acertadas, hay que entender que se llegó a esa situación por el hastío, por el cansancio; por la necesidad de hacer visible un hecho al que se le negó el espacio de preocupación pública que debieran tener y, me niego a creer, se le está dando en la actualidad.

Si se mata a una mujer cada 5 días y se pega a 79 en el país de manera oficial, hay que pensar que al menos 5 veces más de mujeres son golpeadas o violadas sexualmente, asumiendo que golpear a una mujer es violarla física y sicológicamente, es someterla al miedo, al terror, es violar una mente y someterla, hasta que ella “asuma” que, de alguna manera es su culpa que ello pase; no soy especialista en el tema pero hablo por sentido común, que, entiendo, es el menos común de los sentidos y se que tengo razón, así no me exprese “técnicamente” porque aun cuando conozco “el valor de los expertos”, se que las teorías suelen “borrarse” cuando de violencia contra los que pueden menos, se trata.

Las denuncias por abuso sexual: 682, violación a menores de edad: 611 y estupro 368. Ello hasta el 5 de abril del año que corre; sabemos entonces, que son los números mínimos porque se denuncia menos de lo que ocurre.

Cuando llegó la pandemia, se llegó a considerar que una de cada 3 mujeres fue víctima de maltrato durante ese tiempo; antes de que el COVID-19 llegue, una pandemia de golpes estaba asentada y conviviendo en las mismas ciudades: 243 millones de mujeres y niñas de entre 15 y 49 años habían sido víctimas de violencia física o sexual por parte de la pareja, padres, hermanos o familiares, según sea el caso.

Creo que porque el “pirata del Caribe” haya ganado el juicio no cambia el fondo del asunto: en los hechos, la situación no ha movido absolutamente nada; la mujer sigue estando en desventaja social, porque la sociedad, por más que lleve el artículo femenino para hablar de ella, es tremendamente machista, es muy masculina y parece que no será la “modernidad” la que haga que eso cambie, si no la educación que no tenemos; ese es un hecho.

Me meto a escribir sobre el tema porque reclamo y vocifero en mis programas a partir de la indignación que me generan los hechos denunciados, pero, las justificaciones y reivindicaciones machistas me obligan a meterme en líos, porque los “machos” me van a mirar mal y las extremistas dirán que “pa que me meto si no se”… en fin, lo hago porque tengo derecho de hacerlo y, porque si no se dice nada, se es parte de lo que se hace.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Carlos Valverde

Analista político y periodista

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