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Cuando hablamos de inversión, solemos imaginar nuevas fábricas o grandes proyectos que llegan al país. Pero en una economía que atraviesa dificultades hay una decisión menos visible y tal vez más valiosa: la de las empresas que permanecen, operan y reinvierten. ¿Qué podemos aprender de ellas? Y ¿qué hace falta para que otras se animen a invertir en Bolivia?
La pregunta cobró sentido con la presentación del Índice de Capital Constructivo (ICC) 2026, de Fundación Milenio, con apoyo del Centro Internacional para la Empresa Privada (CIPE) y colaboración de la UPB. Su idea es sugerente: la contribución empresarial no depende solamente del capital acumulado, sino de cómo invierte, se gobierna y demuestra resultados. De ahí sus tres pilares: inversión, integridad e impacto.
El primero importa especialmente ahora. Entre las empresas evaluadas, aquellas de mejor reputación corporativa, el 86% acreditó permanencia consolidada y reinversiones ejecutadas. Esta cifra ilustra que invertir supone compromisos que van más allá de un ciclo económico: desarrollar proveedores, formar trabajadores, incorporar tecnología y sostener relaciones comerciales. Cuando una empresa decide quedarse, preserva capacidades que sería costoso reconstruir.
El segundo pilar, integridad, plantea una distinción importante: tener reglas no equivale a hacerlas funcionar. Por ejemplo, sólo una cuarta parte de las evaluadas mostró datos verificables sobre el uso y resolución de sus canales de denuncia. La falta de evidencia no prueba la ausencia de buenas prácticas; pero sí limita la capacidad para verificar su funcionamiento. La confianza se fortalece cuando los compromisos pueden ser supervisados y no quedan solo en declaraciones.
Algo parecido ocurre con el impacto, el tercer pilar. No es igual realizar actividades que demostrar resultados. Un programa social puede beneficiar a muchas personas sin medir los cambios logrados; algo similar ocurre en lo ambiental. Evaluar no es un ejercicio de relaciones públicas: permite aprender, corregir y orientar mejor los recursos. Por eso, este índice vale más que un ranking: propone preguntas incómodas, pero útiles, para quienes dirigen empresas.
Los tres pilares dejan una enseñanza: necesitamos empresas que apuesten por el largo plazo, sean íntegras y traduzcan su actividad en resultados. Ningún atributo sustituye a los otros. Juntos, pueden dar más solidez a la economía. Reconocer a las evaluadas no debe hacernos olvidar a las pequeñas y medianas que apenas logran sostenerse. La oportunidad de invertir también debe llegar a ellas.
Aquí aparece el desafío nacional. Según las proyecciones del FMI, la inversión total de Bolivia sería menos del 13% del PIB en 2026. Simulaciones propias de crecimiento de largo plazo sugieren que, para sostener una expansión del 4% anual, necesitaríamos invertir entre el 24% y el 27% del PIB, casi el doble. Una mayor productividad reduciría ese requerimiento, pero mejorarla usualmente toma más tiempo y sus frutos tardan en llegar.
Por eso es oportuna la discusión de una nueva Ley de Inversiones. Su éxito debería medirse por la inversión nueva que consiga movilizar. Un incentivo tributario para una inversión que se habría realizado de todos modos reduce recursos fiscales sin cambiar decisiones, por lo que debemos centrarnos en aquellos que sí implican más inversión. Importan también la seguridad jurídica efectiva, la estabilidad de las reglas, el acceso previsible a divisas y procedimientos que no conviertan cada iniciativa en una carrera de obstáculos.
Hay un paralelismo entre ambas discusiones. Así como publicar un código de ética no demuestra que se cumpla, promulgar una ley tampoco garantiza nuevas inversiones. Las empresas deben hacer que sus compromisos funcionen; el Estado, que sus reglas sean creíbles y aplicables.
Bolivia necesita tanto el capital que permanece como el que todavía no llega. Lo decisivo es crear condiciones para que uno se multiplique y el otro esté interesado en venir.
*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo



