OpiniónEconomía

El futuro de nuestros hijos está de por medio

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Concluye el 2022 y el 2023 está a la vuelta de la esquina. Como es natural, en momentos como éste se mira atrás para evaluar lo bueno y malo que pasó, y se intenta avizorar lo que viene por delante, pidiendo a Dios mejores días para nuestro querido país.

Bolivia deslumbró al mundo desde principios del 2022 por su crecimiento con estabilidad, reportando una subida de su Producto Interno Bruto (PIB) en un 4,1% y una inflación del 1,2% hasta el primer semestre. Sin embargo, la falta de una sinergia público-privada, los bloqueos, paros, cercos, la sui géneris manera de lograr conquistas sociales a punta de dinamitazos, así como la toma de tierras y predios productivos que persisten en el país, impidieron un mejor desempeño. De confirmarse las mediáticas aseveraciones vertidas por autoridades de Estado, de que el paro y el cerco en Santa Cruz habían significado una pérdida de 1.200 millones de dólares (¿?) la tasa de crecimiento del PIB podría bajar hasta 2 puntos porcentuales (ojalá se hayan equivocado, por el bien del país).

En todo caso, pese a las adversidades internas y externas, el sector exportador logró enormes resultados: sus ventas a octubre subieron 29% en valor y 3% en volumen, llegando a 11.632 millones de dólares, aguardándose que hasta fin de año consagren un nuevo hito superando los casi 13.000 millones del 2014. Hay que destacar la enorme performance de las Exportaciones No Tradicionales que, aportando un 30% al total, bordean ya los 3.500 millones de dólares, todo un récord comparadas con gestiones completas del pasado republicano y plurinacional. Si bien las importaciones subieron 44% en valor y 11% en volumen y van camino a marcar un récord, también, Bolivia logró un superávit comercial en bienes por 825 millones de dólares, aunque no por ello las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Bolivia (BCB) dejaron de caer, hasta llegar a una cuarta parte de lo que fueron en su mejor momento, en 2014.

De cara al 2023, las perspectivas no son auspiciosas. El FMI, Banco Mundial, OCDE, CEPAL y otros, auguran un menor dinamismo de la economía mundial, bajas de precios de materias primas y alimentos, inflación persistente, subida de tasas de interés, recesiones y hasta la posibilidad de estanflación en algunos países. “Lo peor está por venir”, sentenció hace dos meses el Economista Senior del FMI, como colofón del Informe sobre el Panorama Económico Mundial 2023. ¿Se imaginan si tal escenario se confirma y nos halla a los bolivianos confrontados, sin un plan de contingencia para enfrentarlo?

“El 2022 debía ser el año de consolidación de la recuperación económica del país, luego de que el crecimiento en 2021 de un 6,1% fue insuficiente para superar la caída del 8,7% del 2020, por la pandemia. La guerra Rusia-Ucrania, el contexto mundial marcado por la inflación, devaluaciones y amenazas de recesión; más, la alta conflictividad política y social en el país, y la terrible incapacidad que hemos demostrado tener los bolivianos para resolver nuestros problemas a través del diálogo, han impactado sobre la economía que no alcanzará el 5,1% de crecimiento proyectado para este año; de confirmarse los pronósticos de impacto del gobierno, debido a los paros, bloqueos y cercos, podría esperarse un crecimiento entre el 2% y 3%, insuficiente para generar más empleos y combatir la pobreza”, declaró el Ing. Demetrio Soruco Henicke, Presidente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), en una reciente Conferencia de Prensa (21.12.2022).

En función del 2023, para que haya un mayor crecimiento y más empleo formal; para que las RIN del BCB se fortalezcan y el tipo de cambio no suba y, para que la inflación esté controlada, el comercio exterior jugará un rol gravitante. Es de esperar que, en vez de restringirla, se aliente la exportación y se profundice la sustitución competitiva de importaciones -v.gr.- con una mayor compra de bioetanol por parte de YPFB, y se incentive al empresario privado a producir biodiésel y a invertir a tal fin en cultivos masivos de materias primas energéticas superiores a la soya. Una condición indispensable para ello es la confianza en el gobierno y en que las políticas públicas serán concertadas.

No podemos errar, el futuro de nuestros hijos está de por medio. O nos unimos o nos hundimos. Hoy más que nunca urge la unidad para que Bolivia no pare de crecer; para que la estabilidad, como patrimonio de los bolivianos, esté garantizada; para crear más empleos formales, dignos y sostenibles: imposible lograrlo sin un trabajo público-privado.

En un acto de fe en Dios -porque para Él nada es imposible- le tomo la palabra al Ministro de Economía y Finanzas Públicas, Marcelo Montenegro, cuando dijo: “Debemos buscar siempre las sinergias, como lo ha señalado el presidente cuando vino aquí en el aniversario de Santa Cruz” (“Ministro de Economía anuncia un giro en la relación Gobierno-empresarios cruceños”, EL DEBER, 22.12.2022). ¡Gloria a Dios, aleluya, por el bien del país, que así sea!

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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