Opinión

El gato azul y sus presas políticas

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Una lección que los políticos de las oposiciones bolivianas no aprenden es que las cercanías con el MAS no garantizan nada. Ocurrió con líderes que ya no están en el ruedo e incluso con aquellos que fueron sus aliados pues no admite competidores con posibilidades, menos cuando su juego es al todo o nada.

Manfred Reyes Villa pensó que llevar adelante una buena relación con los actuales exponentes del masismo podría darle opciones, pero parece que olvidó que el partido de gobierno siempre está en pie de guerra, listo para destruir.

Este viernes, después de que las voces masistas se multiplicaron pidiendo su separación luego de que el Tribunal Supremo de Justicia rechazará un recurso que busca impedir que una condena de cinco años en la cárcel cobre calidad de sentencia ejecutoriada, mostró que confiaba en que la guillotina judicial al menos tardaría en caer.

“He hecho seguimiento a todos los procesos, esto más o menos iba a ser en diciembre, la decisión; sin embargo, han adelantado porque Manfred estaba en Estados Unidos”, dijo Reyes Villa en tono de confesión después de denunciar que existe un plan para derrocarle.

Las preguntas ahora son: ¿Qué cosa hizo en Estados Unidos que enfureció al masismo y utilizó nuevamente a la justicia para ponerle contra las cuerdas anticipadamente? ¿Pensó que podía convencer al MAS de desistir hasta diciembre?

El masismo es como un gato que juega con sus presas antes del zarpazo definitivo y perversamente está jugando con los actuales liderazgos de las oposiciones. Acciones judiciales de diversa intensidad aprietan a los expresidentes Jeanine Áñez y Carlos Mesa y los alcaldes de Cochabamba y La Paz.

Incluso el Gobernador de Santa Cruz ha aparecido en medio del juego político porque el masismo lo tiene en la puerta del Ministerio Público desde hace meses, evitando que capitalice políticamente una eventual declaración ante los fiscales del caso inventado del “golpe de Estado”.

Reyes Villa tiene una posibilidad, remota pero alternativa al fin, para zafar de la trampa judicial orquestada por el masismo: la justicia constitucional. Su defensa presentó un recurso para que no se consume en los hechos la condena, es decir que la sentencia no sea ejecutoriada en los hechos.

Y mientras los resortes judiciales hacen lo suyo, el Alcalde cochabambino ha decidido activar las calles, el terreno de disputa política que en el que el masismo ha sufrido derrotas en el último tiempo, aunque Cochabamba es su territorio natural por la presencia de los cocaleros del Chapare, regantes, campesinos y sectores sociales urbanos.

Lo curioso en todo esto es que la decisión del masismo de apretar ahora al Alcalde cochabambino ha dado paso al oportunismo de personajes políticamente impresentables como el candidato perdedor del MAS en las últimas elecciones regionales, quien rápidamente se sumó a los pedidos de nuevas elecciones en el municipio capital de Cochabamba.

Seguramente tiene la peregrina idea de que puede volver a ser postulante del masismo después de haber quedado con más de 25 puntos de diferencia con relación a Reyes Villa. Nelson Cox es uno de los gruesos errores políticos de la élite masista en la elección de candidatos, pero su narcisismo le impide asumirlo.

Volviendo al juego del gato azul, parece que seguirá regulando la presión judicial sobre sus presas políticas hasta conseguir capitulaciones o provocar anulaciones. En ambos casos, el propósito es impedir una nueva articulación del país opositor y preparar las condiciones para el retorno del caudillo al poder, esta vez para siempre.


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