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El político sin poder de influencia es intrascendente

Hugo Carvajal Donoso

Sociólogo. Vicepresidente de ACADEMIA

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Estamos presenciando el agotamiento político del poder burocrático del “arcismo”, apacentado en las mieles del gobierno y con incondicionales ablandados, sin las convicciones suficientes para enfrentar el empuje y revancha del “evismo”. El cacique del Chapare continúa ostentando un poder social localizado esencialmente en su territorio, la defensa de los cultivos de coca es su principal motivación. Desde su espacio inexpugnable logra irradiarse a diferentes lugares mediante equipos organizados y empleando el dinero atesorado durante catorce años de corrupción.

Una vez más comprobamos que subestimar al enemigo es el primer movimiento para forjar tu derrota. El régimen y gran parte de la oposición democrática, consideraron que el evismo estaba arrinconado, casi acabado; llegaron a concebir la posibilidad de derrotar a Evo utilizando la avidez electoral del presidente y la apetencia al poder de sus seguidores.

Nadie vaticinó que el poder social de Evo se manifestara en toda su dimensión y menos que tuviera la capacidad de paralizar el eje central del país, haciendo naufragar la actitud indolente de Arce ante los acontecimientos. En esta ocasión no se debilitaron los bloqueos y la acción organizada de los representantes “evistas” se multiplicó en decenas de voceros para justificar la temible maquinaria de bloqueo. El deterioro de la economía, la inocultable corrupción gubernamental, la escasez de combustibles y el encarecimiento del costo de vida, contribuyeron al debilitamiento del gobierno.

No fue suficiente judicializar al movimiento, no convenció el relato oficialista de la existencia de un “pacto de Evo y Camacho”. El evismo al tener mucho por perder, recurrió a su vieja y conocida arma: la movilización y el bloqueo como la única opción para enfrentar el acorralamiento político perpetrado por la “traición del hermano Lucho y David”. El prorroguismo del Tribunal Constitucional busca consolidar la concentración del poder y desvela la estrategia del creciente autoritarismo del régimen de Arce.  Necesitan de un TCP sumiso para emplearlo como arma destructora de todo vestigio de oposición. Hoy el principal escollo es Evo, mañana será el opositor que estorbe los planes de reelección.

El gobierno teme a las manifestaciones callejeras y populares que puedan instalarse en la sede de gobierno o las que surjan en otros espacios geográficos y sean capaces de encontrar eco en el occidente del país. Estas fueron las motivaciones para secuestrar, encarcelar y defenestrar al Gobernador Camacho. Por ello también encarceló y persiguió a los lideres cocaleros de los Yungas, a la resistencia cochala, a los dirigentes de los pueblos indígenas del oriente, y a todo núcleo cívico —como el cruceño— que tenga capacidad de movilización ciudadana.

Ninguno de los lideres actuales ni las precarias estructuras políticas de oposición constituyen peligro alguno para la reelección de Arce, es más, se las consideran funcionales ante la imposibilidad de aglutinarse para construir una alternativa electoral seria. La señal más elocuente es que en veinte años no fueron capaces de cimentar una propuesta política atractiva y no consiguieron insertarse en los núcleos populares y estamentos gremiales. Hay algunas excepciones: el movimiento social cruceño, los cocaleros yungueños, la universidad Rene Moreno, algunos núcleos de análisis, y la presencia institucional en algunas gobernaciones y municipios. Todos asentados alrededor de personalidades destacadas, pero insuficientes para crear un colectivo político con opción de poder.

La oposición carece de capacidad de movilización y de presión social, sin vitalidad para remover a la arraigada y costosa estructura corporativa que instaló el masismo. Sin organización partidaria y políticos sin poder social, no consiguen influenciar en los acontecimientos nacionales y su accionar hasta el momento resulta intrascendente.

El cacique chapareño percibió que su autoridad y proyección política llegaron al “momento de supervivencia”, se preparó durante meses y no está improvisando, la experiencia le indica que debe derrotar a los “traidores” o tendrá que volver a huir. Su batalla no es contra la oposición, tiene el propósito de reposicionarse en el escenario nacional y retomar la hegemonía en la conducción de los “movimientos sociales”. Las imposiciones a dedo le enseñaron que no puede confiar en otro títere.

A las fuerzas democráticas les toca nadar entre tiburones, actuar sin fijaciones y con astucia heterodoxa, si continúan separadas serán engullidas como apetecibles sardinas.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Hugo Carvajal Donoso

Sociólogo. Vicepresidente de ACADEMIA

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