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El uso de la IA en sociedad

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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En 1992 tuve mi primera computadora con un disco duro de 20MB. En 1998 navegué por primera vez en Internet y me facilitó ir a estudiar en el extranjero. En 2005 compré mi primer teléfono inteligente, una Palm Treo, que se convirtió en una extensión mía. Y desde febrero de 2024 uso la inteligencia artificial (IA) para mis labores.

La diferencia entre la computadora y la IA es que la primera me ayudó a hacer mejor mis tareas; en cambio, la segunda me permite delegarle varias tareas. Si antes hacer un análisis económico me tomaba media jornada, hoy ese mismo análisis puede ser hecho en menos de una hora.

En una jornada normal uso cuatro cuentas distintas de IA trabajando entre dos a cuatro tareas. Una forma de mejorar los resultados ha sido usar uno como el que compila la información y otro como el que audita y controla. Hago un continuo control de sus salidas y mi desafío continuo es la organización de métodos y resultados.

La IA me libera tiempo para otras actividades… o, paradójicamente, para profundizar aún más lo que hago ahora. De hecho, estos días hice un balance y me percaté de que el tiempo que paso en una tarea es mayor que antes porque ahora reparo en más detalles y veo más metodologías para un mismo trabajo. La ventaja es que me permite ampliar enfoques y ser más riguroso en lo que hago, mientras que la desventaja es que las tareas que hago se han vuelto más complejas.

Esta tecnología me permite explorar diversas ideas sin que signifiquen horas, días o semanas de trabajo inútil. También me abre la puerta a muchísimas alternativas que antes no exploraba porque implicaba mucho tiempo con resultados inciertos. Esas nuevas vías son fascinantes, pero también pueden representar desvíos que, de no ser controlados, me distraerían del objetivo.

Mi evaluación es que, de momento, la IA no puede reemplazar lo que hago, ni lo que pienso, ni lo que concibo. Me ha tocado corregir ingentes veces los trabajos de la IA. Y me he dado cuenta de que no tiene (todavía) la experiencia, intuición, criterio e incluso conocimiento.

Aunque, para ser honesto, me ayuda a hacer ediciones que no podía hacer antes. La mayor parte de mis documentos los hacía en Word y unos cuantos en Latex, un lenguaje para documentos científicos. Hoy puedo compilarlos en ese lenguaje con una herramienta llamada Prism para varias presentaciones y documentos con mejor formato. Por eso ahora el diseño y la programación en general los hago con instrucciones.

A veces me recuerda a mi segundo pasante o practicante que tuve en el Banco Central, cuando a inicios del día le daba las instrucciones de qué hacer, las cuales revisábamos al final de la jornada. Hoy mis agentes hacen eso, pero en minutos. Si mi comportamiento es general en otras partes, claramente plantea un desafío para el futuro del mercado laboral.

En 1945 el premio Nobel de economía Friedrich Hayek escribió un artículo emblemático titulado “El uso del conocimiento en la sociedad”. En el mismo, el autor defendía la importancia de sistemas descentralizados como el mercado, donde cada individuo tiene una parte de la información, pero precios y cantidades sirven para coordinar esta información de forma eficiente.

La IA hoy está concentrando cada vez más información y nos surgen dudas sobre las consecuencias que tiene incluso en la existencia humana. Además, se está constituyendo en un uniformador, para bien o para mal. Los formatos están siendo similares, también los enfoques y gradualmente los estilos de redacción.

También aparece gradualmente el dilema de qué parte es propia y cuál es resultado de la IA. En la película “El juego de la imitación”, que relata la vida de Alan Turing, uno de los creadores de las computadoras que ocupaban cientos de metros y miles de válvulas eléctricas, se desliza la cuestión de si el trabajo es humano o artificial. Y eso que hablamos de hace más de 70 años.

No tengo idea de qué viene con la IA. Mi desafío es domarla y a veces prescindir de ella. Por eso, esta columna es totalmente humana.

La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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