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Estrategia simple para ganar la Gran Batalla

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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Nadie que esté en Bolivia y no sea un fanático evista o un medrador de la Cosa Pública —que no tiene que ser evista ni arcista sino sólo bandearse los ojos como Themis y olvidarse de su “cojeo inescrupuloso”— dudará que la Gran Batalla de nuestra sociedad es por la Democracia.

Democracia es el Fin Mayor, pero ¿cómo lograrlo? El Maestro Sun desde el siglo v a.C. nos da sus recetas en su El arte de la guerra de Sun Tzu (Sun Zi Bingfaǎ), el tratado estratégico para militares, empresarios y políticos —y hasta enamorados y matrimonios en crisis—: las Grandes Batallas se ganan ganando primero —con estrategia— las Batallas Intermedias.

Y las primeras Batallas importantes que tendremos en el camino de reganar la Democracia son «las elecciones judiciales este año y su antípoda: el referéndum constitucional de reforma de la Justicia» (“Oposición, con mayúscula”, P7, 14/01/2023). E inmediata va la receta infalible: «Un frente unido por el NULO a las primeras [las elecciones judiciales este año] y por el SÍ al segundo [el referéndum constitucional de reforma de la Justicia] son imprescindibles».

¿Receta fácil? ¡Para nada! Considerando que después del regreso a la democracia en 1982 —después del 1952 fue distinto mientras le duró al MNR su hegemonía— y antes del empoderamiento del MAS-IPSP, lo más parecido a “unidad” que existió fueron los gobiernos de la Democracia Pactada —no siempre muy armónicos— pero que, a final de cuentas, aseguraban la gobernabilidad. La última experiencia de una unión amplia de la mayoría no-MAS fue para 2005 con PODEMOS, aunque su variopinta suma y flojo liderazgo —no-liderazgo después de su tunda electoral— dio algunos fatales resultados, ya fuera de los desentendimientos PODEMOS-UN o el craso empujón —vía expedita por su mayoría podemista— al revocatorio de 2008 que le costó a la oposición las prefecturas —ahora gobernaciones— de La Paz y Cochabamba y mucho de su iniciativa.

Esa dispersión de candidaturas y frentes —primer craso error— tuvo su “mejor” momento antes de los comicios de 2020 en los de 2015, cuando MDS y UN fueron unidos en Unidad Democrática y terció PDC en una relación no permanente (aunque la ganancia para toda la oposición respecto de 2009 fue un senador y dos asambleístas más, aun en minoría). Para los de 2019 —las del fraude mayúsculo del MAS—, fue mayor la división de frentes pero su composición de la Asamblea Plurinacional en 2020 le arrebató al MAS-IPSP su rodillo de 2009 y 2015 en Diputados: vacuo éxito por los desentendimientos y estrecheces de miras de ambas corrientes.

Una segunda grave falencia es la de los caudillismos. Sin ir muy atrás, las oposiciones después de 2005 se armaron sobre caudillos: Morales para el MAS-IPSP —después de “barrer” los liderazgos provenientes del IPSP— y una lista de caudillos que no acaudillaron fervores —Quiroga (doble fracasado), Reyes Villa, Mesa o Doria Medina— o sólo lo arrastraron regionalmente —Costas (que no se atrevió a “quemarse” nacionalmente) o Camacho. Una buena advertencia en palabras de Germán Antelo «necesitamos un líder, no un caudillo» (El Mundo, 19/01/2023) que se entiende mejor desde la tercera pifia capital: la falta de estrategia —o, generosamente para los asesores: la falta de actores políticos estratégicos—; quizás otra buena caución está en Proverbios 10:19: «Sé prudente y mantén la boca cerrada».

Un elemento esencial de cualquier estrategia reivindicativa es que no puede ser un suceso regional —por mucha fuerza local que tenga— ni obviar a los políticos sino debe concitar la unidad de voluntades nacional: la defensa del censo terminó en una alargada demanda básicamente cruceña —que con las preguntas 3 y, sobre todo, 4 del segundo multitudinario Cabildo se atizó resta y no suma, «desatino —estratégico, de soberbia y falta de sentido de nación— […], que días después Calvo [Rómulo] repitió en una entrevista: “en Bolivia no nos quieren”» (“Censo, paro y la política de las Santa Guindillas”, P7, 25/11/2022).

Para este Cabildo Nacional del próximo 25 —necesitado de más explicación, porque voluntades las hay— sí se ha buscado la unidad de toda la ciudadanía que no está conforme con la destrucción de la Democracia y la libertad a través de la coordinación entre las organizaciones cívicas. Y aunque el reto es grande —por el tiempo faltante y por las elecciones próximas de los representantes cívicos cruceños— la expectativa y la esperanza lo son también.

Esas son las armas: debemos velarlas como el Hidalgo de la Mancha.

Un elemento
esencial de cualquier estrategia reivindicativa es que no puede ser un suceso regional

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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José Rafael Vilar

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