Opinión

Guerra de tiburones

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Cartas, denuncias, revelaciones, informes, vocerías… La mujer más poderosa de la última década y media en Santa Cruz y el experimentado político y actual Alcalde cruceño han desatado una guerra sin cuartel desde el encierro en Palmasola y desde el confinamiento por el Covid-19 que trasciende el escándalo de los ítems fantasmas.

Después de asumir su nueva realidad como detenida en el penal de Palmasola, todavía en un área de aislamiento sanitario, Angélica Sosa no quiso que pase más tiempo y disparó una ráfaga de cartas a través de su agrupación ciudadana con dos objetivos políticos concretos.

El primero, que puede probar el acuerdo entre Santa Cruz Para Todos y Unidad Cívica Solidaridad en la gestión del exalcalde Percy Fernández para gobernar la ciudad más grande del país sin fiscalización, a cambio de pegas y cuotas de poder.

Menciona los nombres de varios allegados al Alcalde de las camisas estridentes y señala que el acuerdo fue firmado en casa de Johnny Fernández.

El segundo es una advertencia de que si quieren enterrarla en corrupción, tiene con qué llevarse al fondo de la fosa a la actual gestión municipal. Un ejemplo, las supuestas irregularidades en el millonario contrato de recojo de basura en Santa Cruz de la Sierra.

“El Plan Tiburón era tirar mi cadáver político a los tiburones para tapar la corrupción del alcalde Johnny Fernández”, se lee en una de las cartas de Sosa, mostrándose como víctima y no como responsable de hechos ilegales que han escandalizado a Santa Cruz y al país.

Desde su aislamiento, ya que está contagiado de coronavirus, Fernández reaccionó durísimo a través de la Directora de Transparencia de la Alcaldía cruceña y del concejal de UCS Maykol Negrete.

La Directora de Transparencia recordó que el caso de los ítems fantasmas es uno de 18 casos presentados al Ministerio Público sobre presuntos hechos delictivos cometidos por Sosa y exautoridades de su gestión, causando un daño económico de al menos 300 millones de bolivianos.

Y para que la exalcaldesa realmente sienta el golpe, la Directora reveló que uno de los ítems fantasmas por los que Sosa está encarcelada fue otorgado a su propia hija, quien habría cobrado dos sueldos por un monto de 10.000 bolivianos, sin haber trabajado un solo instante en el gobierno municipal.

El concejal Negrete remató calificando a Sosa como cabeza de una “mafia” y de un “cartel” que se enriqueció a costa de los recursos de los cruceños y anunció que el Alcalde presentará nuevos elementos al Ministerio Público, por los que Sosa y sus cómplices deberían permanecer mucho tiempo en la cárcel.

El contraataque de la exalcaldesa no demoró. Este martes, la red Unitel mostró una nueva carta de Sosa en la que descarga toda su indignación contra Javier Cedeño, exdirector de Recursos Humanos de la Alcaldía y preso actualmente en Palmasola por los ítems fantasmas.

Pero lo relevante es que Sosa utiliza aparentes comentarios que Cedeño le hizo en sentido de que la Directora de Transparencia “tendría trabajando a sus familiares, desde tíos, tías y actual pareja”, en la Alcaldía, y le habría presentado un video que muestra al hijo del Alcalde, que ahora ejerce como concejal de UCS, en compañía de supuestos narcotraficantes.

Sosa y Fernández han comenzado una guerra encarnizada que no se compadece de la situación de alto riesgo que vive la capital oriental con el incremento imparable de casos de coronavirus, barrios inundados por las lluvias, falta de personal de salud en los hospitales y la incertidumbre ciudadana sobre cómo serán las clases en esta gestión escolar. En la guerra de tiburones, la política y el poder pesa más que la salud y el bienestar de la gente.


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