Opinión

Identidad nacional y Estado liberal

Marco A. Del Río

Economista

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¿Qué es lo que define a una Nación? Cuando desde 2009 Bolivia se define como “Estado Plurinacional” es evidente que la palabra Nación se define desde el punto de vista de la etnología o la antropología: una nación es una comunidad de personas con una cultura e historia comunes. Sin embargo, en el pasaporte del actual Vice presidente, el Sr. don David Choquehuanca, por poner un ejemplo evidente, en el apartado de “nacionalidad” no dice, como él se autoidentifica “aimara”, sino “boliviano”. Esta situación plantea otra definición: una “nación” es el conjunto de personas que han nacido y viven en un territorio determinado y sujeto a una estructura de poder estatal determinado, el Estado Boliviano (o la República de Bolivia). 

En su libro “El despertar de la historia” el filósofo francés Alain Badiou señala que “El Estado es una extraordinaria máquina para fabricar inexistentes”. Con esto, Badiou quiere señalar que todo Estado “crea” una identidad ideal (y por ello ficticia) para sus súbditos (que también en la medida en que se aproximan a ese ideal, se van tornando súbditos perfectos). Por ejemplo, dice Badiou, “el “francés”, el F promedio es, por caso, laico, feminista, trabajador, buen alumno de la escuela “republicana”, blanco, correcto francoparlante, galante, valiente, …”. 

Siguiendo la idea de Badiou, imaginemos un país X, cuyo Estado ha definido identidad nacional estableciendo un conjunto de atributos que tendría su súbdito ideal, y denotemos también con X esa identidad ideal del súbdito (o ciudadano) del país X. Ahora tomemos tres personas Juan, José y Pedro. Supongamos que Juan posee todos los atributos ideales de la identidad nacional X, por lo cual anotemos Id(Juan, X)= 100, donde Id es un operador de comparación y que nos indica de que Juan tiene el 100% de los atributos del súbdito-ciudadano de la nación X, es el súbdito ideal, perfecto. En cambio supongamos que Id(José, X)=50, con lo cual tenemos que José solo tiene los atributos ideales de la nación X en un 50%. Finalmente, Id(Pedro, X)=0, con lo cual Pedro carece de  todos los atributos deseables del súbdito de la nación X, por lo cual, aparecería como un elemento extraño a la nación. 

Un Estado puede establecer algún atributo como fundamental en la definición identitaria. En tiempos pasado la religión era un atributo identitario fundamental. Por ejemplo, recordemos que los Reyes Católicos Fernando e Isabel consideraron que la profesión de la fe católica era fundamental para la posibilidad de pertenecer a su Reino, y con tal motivo expulsaron de sus territorios a los judíos y a los seguidores de Mahoma.  La Alemania Nacionalsocialista fue un caso aún más extremo, pues no poseer al atributo racial (ser ario) era ser un súbdito inferior, y en el caso de los judíos, causal de muerte. 

Dado que la religión, la lengua, las costumbres, la raza (?), etc., son los elementos que definen a las naciones, en el sentido etno-antropológico, se hace evidente que tomar estos elementos como componentes fundamentales de la “identidad nacional” implica peligrosos riesgos. Los dos ejemplos citados (y hay muchísimos otros, unos más dramáticos que otros) muestran que cuando la identidad estatal se funda en un criterio étnico, se corre el riesgo de la intolerancia y el crimen, pues surge necesariamente el problema de que hacer con aquellas personas que no cumplen con los requisitos de la pretendida Identidad Nacional. 

Ahora bien, en el liberalismo político se renuncia precisamente a definir la identidad nacional en términos étnicos o raciales. Bajo el paraguas de la igualdad ante la ley, se postula que el Estado renuncia a definir la identidad nacional en términos de religión, cultura, etc. Porque, necesario es decirlo, la igualdad ante la ley supone y exige también que la ley es una, y es la misma para todos. En el ideal del Estado Liberal, cada súbdito tiene la libertad para elegir y vivir el plan de vida que prefiera, en todas las dimensiones de la vida humana: elegir los dioses a lo que va a adorar, la iglesia a la que va a pertenecer, qué cosas comer, cómo vestirse, el oficio del que va a vivir, como vivir su sexualidad, e incluso debería poder elegir el momento de ir al encuentro de la eternidad, entre mil otras cosas. 

Sin embargo, un Estado Liberal, debe crear su identidad nacional; todo Estado moderno la necesita. Será un conjunto mínimo de atributos, uno de los cuales tiene que ver con el respeto a las leyes; leyes que aseguren la convivencia pacífica y que abran el mayor espacio de libertad para los súbditos. Si se trata de un Estado Democrático, sin duda se incluyen los valores del civismo democrático. 

Pero, el minimalismo de la definición del Estado Liberal se expresa en una fórmula cuya importancia no se puede minusvalorar: para tener la nacionalidad basta haber nacido en el territorio sujeto a la autoridad del Estado. Así, la nación, se convierte en la casa de todos, sin exclusiones ni preferencias originadas en la ideología del Estado. Tal fue uno de los legados fundamentales de las Revoluciones Norteamericana y Francesa. Bajo este paraguas jurídico, los grupos desfavorecidos o discriminados, pueden levantar las banderas de su lucha y reivindicación con mayor efectividad, pues pueden recriminarle al resto de la sociedad el incumplimiento de sus valores fundamentales. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco A. Del Río

Economista

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