Opinión

La falacia del falso dilema

Eduardo A. Herrera C.

Abogado, LLM Derecho Tributario Internacional

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Falacia, del latín “fallacia” que significa engaño. Para la lógica, es un argumento que parece válido, pero no lo es. Bajo este concepto se agrupan una serie de “falacias” que abarcan los distintos argumentos que para bien o para mal se utilizan en el día a día para justificar o rechazar posiciones.

En su momento, Aristóteles llego a identificar 13, sin embargo, a la fecha las falacias exceden el centenar, con nombres como “reductio ad Hitlerum”, “reductio ad Stalinum”, “del falso escocés” o “del hombre de paja” las falacias se han consolidado como verdaderas herramientas argumentativas de sostén o rechazo de una posición. 

A pesar de lo poco ortodoxo del nombre, hay cierta lógica detrás del mismo. La falacia de “reductio ad Hitlerum” se basa en la premisa de que Hitler era un hombre malo y por tanto entonces si Hitler apoyaba a X, la conclusión es que X debe ser malo. 

Este argumento puede parecer válido a primera vista, pero se trata de una falacia que tiene su contrapartida doctrinaria en el “reductio ad Stalinum” (Stalin era malo, por tanto, si Stalin apoyaba a X, la conclusión es que X debe ser malo). Tanto Hitler como Stalin gustaban de la música clásica y no por eso podemos deducir que la música clásica sea mala. Ambas falacias son ejemplos de la denominada falacia “ad hominem”, que deriva su nombre del hecho de que el argumento es desvirtuado en virtud del sujeto y no así por mérito del argumento en sí.

Las falacias varían y se adaptan de acuerdo a la necesidad de la posición que se busca defender o rechazar, la afirmación de que el individuo X es de izquierda y por tanto su opinión debe ser rechazada, es tan falsa como el argumento de que el individuo Y es de derecha y por tanto su opinión no es válida. Ambas falacias parten del mismo argumento y concluyen en el mismo error. 

Una de las falacias más comunes es la Falacia del Falso Dilema. Esta falacia involucra una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones posibles. En ese sentido es un sumario perfecto de la realidad boliviana que en muchos aspectos refleja la situación mundial. También conocida como dilema falsificado, falsa dicotomía o falsa oposición, esta premisa errada de que solo existen dos opciones, omitiendo cualquier alternativa condiciona la respuesta del interlocutor a una de las dos opciones asumiendo que la otra es errada. 

La polarización que reina en nuestro país es un fruto corrupto de esta falacia donde solo puedes alinearte con oficialismo u oposición sin reconocer ningún punto intermedio y rechazando cualquier acción o posición del contrario solo por el hecho de que se origina en la acera del frente. 

Las ramificaciones de esta falacia son aún más terribles a partir del momento en el que creyéndome dueño de la verdad absoluta niego la posibilidad de recibir críticas o sugerencias, toda vez que se asume que las únicas posiciones que existen son correcta e incorrecta. Y por supuesto, nadie esta dispuesto a asumir que su posición es la incorrecta.

Esta incapacidad de recibir cuestionamientos es un corolario a la incapacidad de autocrítica que caracteriza a aquellos que se han embriagado con la ambrosía del poder y se han vuelto impermeables a la lógica del contrario. 

Nuestras monedas hablan de que la unión es la fuerza, los más grandes avances de la humanidad han sido fruto del esfuerzo conjunto y sin embargo el mundo entero se encuentra polarizado.

El manejarnos en absolutos, asumiendo que nuestra existencia se resume a blanco y negro, ignorando todos los tonos de gris que existen en el medio es quizás la mayor debilidad de nuestro país.

Es sencillo identificar una falacia cuando se hace el esfuerzo de buscarla, la parte complicada radica en superarla y no caer en su trampa. El primer paso para salir de esta falsa dicotomía es aceptar que no existe una verdad absoluta, es momento de aceptar la crítica del contrario y buscar el terreno común.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Eduardo A. Herrera C.

Abogado, LLM Derecho Tributario Internacional

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