OpiniónEconomía

La maquinita de hacer dinero

Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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Hace 15 años me encontraba en la mañana dando clases en una universidad en La Paz. Es una de las tareas compatible con el servicio público, en mi caso en el Banco Central de Bolivia (BCB).

Les explicaba que el país estaba optando gradualmente desde 2005 por profundizar el uso del Boliviano en las transacciones económicos. Explique a mis alumnos que una de las razones para hacerlo es que Bolivia no tiene la atribución de imprimir moneda extranjera (dólares estadounidenses), pero si tenía la oportunidad de hacer funcionar la “maquinita” de imprimir Bolivianos cuando fuese necesario.

Por ejemplo, en línea con las buenas prácticas de los bancos centrales, el ente emisor puede inyectar liquidez a la economía para pasar una crisis, algo que se demostró necesario durante la pandemia en varios países, aunque algunos abusaron de esa prerrogativa.

Al final de ese día me visitó un colega del BCB con una preocupación: el banco central estaba escaso de billetes Bolivianos. Dado el impresionante cambio de las familias de dólares por Bolivianos, ya no se contaba con billetes disponibles para proveer al público.

En realidad, la “maquinita” no existe. El ente emisor lanza una licitación internacional para imprimir los billetes con las mejores características de seguridad, puesto que en el mundo existe un puñado de empresas serias para hacerlo. Y mandar a imprimir tomaba más tiempo del que durarían los billetes en un momento que existía “cola” de países para tal fin.

Recuerdo que la preocupación era que llegado cierto día el país se iba a quedar “literalmente” sin moneda nacional. Es decir, uno iba a ir al cajero automático y no hubiese podido sacar Bolivianos. Tampoco hubiese podido en las cajas de los bancos.

Afortunadamente la destreza de quienes dirigían el BCB entonces evitó que eso suceda. Al final, se hizo circular el dinero nacional más veces que lo usual y se pudo adelantar la impresión gracias a gestiones personales.

Recuerdo que en esa oportunidad se hicieron informes legales para usar el artículo 33 de la Ley 1178 que dice “No existirá responsabilidad administrativa, ejecutiva ni civil cuando se pruebe que la decisión hubiese sido tomada en procura de mayor beneficio y en resguardo de los bienes de la entidad, dentro de los riesgos propios de operación y las circunstancias imperantes al momento de la decisión, o cuando situaciones de fuerza mayor originaron la decisión o incidieron en el resultado final de la operación.”

En este momento como país estamos con baja liquidez en dólares, entre USD300 y USD400 millones. Tenemos más reservas (como USD3.200 millones) principalmente en oro y también en una “moneda” que usa el FMI llamada DEG.

Convertir el oro en divisas no es difícil operativamente; pero podría tener ciertas barreras legales. Es uno más de los activos que tiene el país para enfrentar la actual situación.

A diferencia de hace más de un siglo, el dinero nacional no necesita respaldo de una cantidad de oro o de plata, puesto que tiene un carácter de confianza (es fiduciario).

También se pueden hacer operaciones financieras con el oro y con los DEG sin necesidad de venderlos, para tener más divisas.

Estas medidas son más adecuadas para incrementar las divisas, que cualquier otra política que han usado otros países que han resultado contraproducentes como la limitación de retiro de efectivo, retenciones a exportadores, límites muy exigentes a entidades financieras u otras de ese tipo.

Obviamente son paliativos, porque para subir el nivel de divisas y de reservas estructuralmente se necesitan otras medidas. En ingresos, promover más inversión extranjera (aquella que sea socia y aporte con capital constructivo), impulsar las exportaciones más que restringir las importaciones, y atraer más remesas al país.

En egresos, prestar más atención al déficit de servicios, mejorar la administración de deuda externa y una estrategia eficaz para luchar contra el contrabando de mercancías y de oro.

Esperemos que lo actual también se convierta en una anécdota.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Pablo Mendieta Ossio

Economista en el campo de políticas públicas

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