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La responsabilidad de vacunarse

Jorge Zogbi

Administrador de Empresas

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La historia del país no puede ser repasada sin mirar las cicatrices que las epidemias nos dejaron. Viruela, malaria, fiebre amarilla, cólera y dengue, entre otras dejaron una estela de llanto que no se olvida, pero tal vez una de las más duras en el tiempo fue la gripe española, la cual hace un siglo atrás acabó con aproximadamente el 6% de la población.

A medio año transcurrido del 2021, Bolivia sigue enfrentando el castigo de una especie de re-edición de aquella gripe española. Según datos oficiales a la fecha ya fallecieron a causa de Covid-19 más de 16.400 bolivianos, no hay camas suficientes, faltan medicinas y el oxígeno es escaso. Gran parte de la población ha perdido un amigo, familiar o conocido. Miles de trabajos han desaparecido y sectores enteros de la economía peligran.

Entonces es cuando surge como respuesta -a enorme desafío- que cada uno de quienes somos parte de la comunidad actuemos solidariamente con nuestras familias, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o demás con un solo acto llamado “vacunación”,  por el cual se nos inoculara un microorganismo debilitado o inactivo para permitir que nuestro cuerpo genere las defensas necesarias y por lo tanto, si llegara a entrar en contacto con dicho microorganismo activo, el propio organismo vacunado sea el encargado de defenderse. Esto, además de ampararnos impedirá que la enfermedad se propague. 

Vacunandonos no solo estaremos protegiendonos a nosotros mismos, si no que al bloquear la diseminación de la enfermedad dentro de la colectividad, estaremos indirectamente protegiendo a otras personas que no lo están, crearemos un especie de escudo protector al que la comunidad médica y científica denomina inmunidad colectiva. 

Por el contrario promover la no vacunación o decidir no vacunarse, más allá de ser un acto egoista e individualista significará que bebés que son demasiado pequeños para ser inoculados o que quienes no pueden recibir la vacuna por ser alérgicos e incluso aquellos que se vacunaron pero no lograron obtener las defensas esperadas puedan contagiarse, enfermar gravamente, quedar con secuelas e incluso finalmente morir.

Será posible que teóricas conspirativas, fanatismos religiosos, mitos populares, supuestos, temores o cualquier pretexto para evitar la responsabilidad individual de la vacunación sea más poderosa que la razón del actuar con amor y solidaridad con uno mismo o con el semejante? Confiemos que no.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo

 


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Jorge Zogbi

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