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Parte de la lectura que se puede hacer sobre la segunda vuelta está relacionada con dinámicas específicas de cada departamento (en el caso de Santa Cruz es el relevo generacional, ya antes verificado en la alcaldía), pero también hay que tener en cuenta cierta penalización al gobierno central, en cuanto a la lentitud de las reformas económicas estructurales, que habría llevado a segmentos del electorado a buscar motores regionales para el cambio.
Lo que parece más empantanado en la gestión es el desmontaje del Súper-Estado masista, con su enjambre de empresas públicas deficitarias, que siguen pesando sobre las posibilidades de equilibrio fiscal.
Ya que el gobierno es, tal vez no en apariencia pero sí en el fondo, socialdemócrata, convendría recomendarle que busque consejo sobre cómo encaminar las reformas en la mejor versión de esa corriente ideológica en el ámbito de habla hispana, vale decir, la que encarna el ex presidente del gobierno español, Felipe González, que en su momento llevó adelante una administración liberalizadora, muy distinta a la socialdemocracia involucionada y “chavizada” de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.
Al menos 80 empresas estatales, provenientes de la etapa dirigista del franquismo, fueron privatizadas por Felipe, totalmente las deficitarias y de manera parcial (“capitalizadas”, diríamos aquí) las que ofrecían alguna rentabilidad, un proceso que le valió al erario de España ahorros y ganancias por 22.000 millones de dólares.
“Derechazo de Felipe”, gritaron en su momento los poderosos sindicatos ligados al Partido Comunista (Comisiones Obreras), que lanzaron una andanada de huelgas contra las reformas. Sin embargo, González ganó la partida, logrando además la estabilización inflacionaria.
Si con frecuencia apelamos a la historia desde esta columna, es sobre todo porque suele ofrecer un magnífico manual de operaciones para atravesar encrucijadas que, al presente, aparecen envueltas en una niebla decisional para los responsables de impulsar los cambios.
“Oír el consejo de Felipe”, de manera literal o metafórica, podría ser un buen reinicio para el gobierno, para lo cual también se necesita abandonar la equivocada tesis del “modelo híbrido” propuesta por uno de sus principales aliados. Tesis que olvida que el punto intermedio entre algo acertado y un error… es otro error.
Un término medio entre la liberalización y la continuidad del estatismo heredado, será probablemente una receta poco efectiva contra la actual estanflación. Pero ahí está el ejemplo a seguir de Felipe González, quien logró vencer la presión sindical en medio de riesgos políticos importantes (la democracia daba sus primeros pasos y el golpe del “tejerazo” había ocurrido un año antes de su llegada al gobierno). El inmovilismo o las reformas en cuentagotas no son una opción.



