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Reivindicando el Recuerdo, por Ana Carola Traverso

Ana Carola Traverso

Socióloga y urbanista

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El año era 1959. La ilusión por festejar el cuarto centenario de la ciudad se sentía incluso con dos años de antelación. Es que los 400 años de fundación—al que se llegaría en 1961—no se celebran todos los días. Artistas, escritores, historiadores, estudiantes y ciudadanía comenzaron a organizar conmemoraciones y obras artísticas para esta fecha.

En este clima de altas expectativas, hasta el gobierno nacional quiso congraciarse con Santa Cruz. Durante un cálido mes de noviembre, Víctor Paz Estenssoro se encontraba de viaje en la ciudad haciendo campaña para las elecciones nacionales de 1960. Aprovechó la oportunidad para prometer obras de asfalto alrededor de la plaza principal. Encomendó esta tarea a la Corporación Boliviana de Fomento (CBF).

Pongamos esto en contexto. Desde finales del siglo XIX, Santa Cruz construía el anhelo colectivo de una ciudad moderna. Acceso a agua potable, electrificación, drenaje, vivienda, pavimento eran reclamos continuos de la agenda urbana cruceña. Pero década tras década, poco o nada se avanzaba por falta de influencia política en La Paz y por no contar con fondos suficientes. La ciudad yacía enclaustrada y sometida a una pobreza que se sentía desmerecida e injusta. 

Cuando Paz Estenssoro hizo la promesa electoral de asfaltar las calles alrededor de la plaza, estábamos a un mes de la promulgación de la Ley Interpretativa del 11%. La ley en cuestión solo fue aprobada cuando Rubén Julio, cruceño y presidente del Senado, ocupó temporalmente la presidencia de la república. La gente se encontraba aún dolida por las Luchas por las Regalías, durísimo episodio en la historia regional que se había iniciado en 1956. Mientras tanto, Luís Sandoval Morón, el líder del MNR en la ciudad, controlaba su partido cuya consigna populista favorecía a la clase obrera. 

Indistintamente del credo político, el clima de festejo y de celebración se volvió un aliciente esperanzador y unificador. No obstante, los planes de festejo del MNR no saldrían como se esperaba. Los técnicos de la CBF carecían de experiencia en obras urbanas, aunque tenían el respaldo y aval de la entidad estatal, que decidía desde La Paz, qué y cómo se iban a hacer las cosas. Desestimando las recomendaciones del Comité de Obras Públicas cruceño, la CBF puso manos a la obra. No reemplazaron el suelo arenoso con una sub-base, ni previeron desagües pluviales. Tampoco protegieron de filtraciones laterales la capa asfáltica. Ni bien llegaron las torrenciales lluvias, la arena y el alquitrán colocado en el corazón del centro se convirtieron en una masa de lodo negra, creando un menjunje intransitable.

Tal fue la rabia y la indignación, que, hasta Sandoval Morón, defensor a ultranza del nacionalismo revolucionario, hizo eco de su furia contra la CBF. El bochornoso episodio fue visto como un agravio del gobierno nacional hacia Santa Cruz, postergando el derecho de los cruceños a vivir con dignidad. Sandoval Morón obligó a los técnicos a desfilar por las calles alrededor de la plaza en medio del barro alquitranado. Para asegurarse que el castigo fuera consumado, designó un miliciano armado para controlar el evento y evitar que los técnicos se escabulleran. La población asistió a ver marchar a los ingenieros en medio del barrial que ellos mismos habían causado. 

Son sesenta años del intento fallido de asfaltado de la CBF. ¡Pero cómo se repite la historia inadvertidamente! Si bien ahora son otros los actores que determinan el rumbo y las políticas de desarrollo para nuestra ciudad, el intento fallido de asfaltado nos brinda una oportunidad para recordar el pasado. 

Hoy, debatimos sobre qué hacer con las calles del centro, si conservamos losetas o las retiramos sustituyéndolas por pavimento. Detrás de la historia de la loseta, existe una construcción social, política e ideológica que es imprescindible reivindicar. ¿Qué opinión se merece el eliminar un símbolo que marca el origen de la Santa Cruz moderna? Es optar por el olvido, negando las luchas históricas que marcan insoslayablemente nuestra construcción social como sociedad moderna. 

En el ámbito contemporáneo, el uso del pavimento priorizará al automóvil, en vez de las personas o la dinamización económica de propietarios y negocios, que es lo que en realidad deberíamos buscar para revitalizarlo. El centro requiere revigorización mediante políticas que promuevan el uso sano y cívico de calles, el estímulo al comercio formal, la vivienda asequible y el sentido de seguridad. Para garantizar la reactivación del centro, la remoción de losetas es un contrasentido desde todo punto de vista técnico, histórico, cultural y hasta económico. No es prioritario, ni es relevante para abordar los problemas que aquejan hoy al casco viejo.   

Reivindicar el recuerdo es una tarea constante en períodos donde muchos carecen de memoria y la rechazan. Pero es en el aprecio a nuestro pasado que desarrollamos pertenencia a la memoria histórica y al lugar. Esa premisa nos debe llevar a interactuar con las decisiones políticas del presente de manera directa, dialogando y proponiendo soluciones que afirmen nuestros orígenes, símbolos y pasado. De no hacerlo, perdemos el derecho a reivindicar el mañana como nuestro.

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Ana Carola Traverso

Socióloga y urbanista

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