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Sobre el deterioro del casco viejo cruceño, por Marco A. Del Rio

Marco A. Del Río

Economista

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Caminar por el Casco Viejo de la ciudad es ya algo doloroso. Es innegable su deterioro y abandono. Y esto se hace más intenso en horas nocturnas, por el silencio de las calles, los pocos transeúntes, que se exponen así a encuentros indeseables con personas en condición de calle, o miembros de la Corte de los Milagros local. 

Hay prestigiosos urbanistas que proponen y apuestan a la peatonalización del centro del Casco Viejo, como una alternativa para su recuperación. Argumentan razones y experiencias internacionales para ello. Permítaseme descreer de tal alternativa. Conociendo la voracidad espacial de los sectores gremialistas, y la urgencia de miles de compatriotas por ganarse el pan nuestro de cada día, con las actividades mas elementales del sector informal, me temo que las calles peatonalizadas pronto caerán bajo su imperio y dominio. Con lo cual, el centro de la ciudad correrá el destino de las calles de La Ramada, y de las inmediaciones de Los Pozos, donde las áreas para peatones y ciclistas ya han sido fagocitadas por mercaderes y mercachifles. 

El primer problema de fondo es que el centro de la ciudad se ha despoblado. Los cruceños lo han abandonado para ir a residenciarse en condominios más o menos lujosos, más o menos seguros, más o menos lejanos del Casco Viejo. Las casas están vacías y abandonadas. 

Pero el segundo problema, agudizado por la pandemia del Covid, y la cuarentena del año pasado, es que los negocios, tiendas, boutiques, restaurantes, e incluso bancos y otras entidades financieras, han ido dejando el Casco Viejo. O sea, si aun un inmueble ya no tenía residentes en la zona interior, ahora también está vacío en las habitaciones colindantes con la calle. Y esto es lo que el transeúnte puede observar: tiendas que en sucesión se ven vacías, en alquiler o en simple abandono. Por alguna razón, sólo prosperan las ópticas, que sólo en el centro suman varias centenas. 

La actividad comercial languidece en el centro de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Al igual que los vecinos, las empresas van dejando el centro para trasladarse a las afueras, a los centros comerciales, o a negocios propios. 

Entre las muchas causas de este fenómeno, quiero destacar el aporte de las autoridades municipales y de tránsito a este proceso. Al haber privilegiado el flujo vehicular del transporte público (micros y minibuses), hay muchas arterias de la ciudad donde esta prohibido parquear. Y con ello, han clavado una espada en ciertos tipos de actividad comercial. Por ejemplo, todas las enfermerías ubicadas en la calle Libertad, han visto reducida su actividad dado que esta prohibido parquear en toda esa calle. Es obvio que si yo debo llevar a mi madre ochentona a ponerse una inyección entre semana, no podre ir a ninguna de esas enfermerías, pues en tal calle no se puede parquear. Y ahora, este problema de las restricciones municipales al parqueo, esta afectando a la actividad económica del Primer Anillo, con el BRT, matándola literalmente. 

El deterioro de los inmuebles ha encontrado una feliz solución gracias a las restricciones de parqueo, pues basta demoler el inmueble y habilitarlo como parqueo privado. Es como si la demolición del viejo edificio del Correo Central (Ayacucho esquina Independencia) a mediados de los años setenta del siglo pasado, haya sino una premonición del futuro de la ciudad. 

Sumándose a las normas municipales que limitan las posibilidades de parqueo de vehículos en el Casco Viejo, se suma la acción sostenida y permanente de secuestro de vehículos por parte de los efectivos de Tránsito. En efecto, es impresionante ver la “entrega y dedicación” que muestran tales policías en hacer respetar la franja amarilla de no parqueo, en todas las calles ubicadas en el cuadrante Rene Moreno – Sucre, en las inmediaciones de la CAINCO. Con mis propios ojos vi, como un sábado a las 13:00 una grúa se cargaba un vehículo por “mal” parqueo, justamente al frente de la CAINCO. No está demás observar que la franja amarilla entra entre cuatro a cinco metros a cada lado de la calle. Algunos juristas han indicado que tal actividad, el secuestro de vehículos, es ilegal. Pero hace un tiempo, incluso en tal actividad estaban metidas grúas privadas, lo que resulta curioso por decir lo menos. 

Con tantas restricciones al parqueo, qué incentivo tiene una persona o familia para ir al centro a comprar algún producto, o ir a almorzar a un restaurante, o visitar una librería entre semana. No hay donde estacionar, y si uno hace caso omiso de la franja amarilla, se corre el riesgo de no encontrar su vehículo donde lo dejo pues una grúa se lo cargo. Así, cualquier conductor cruceño se identifica con el Ingeniero Bombita (de Relatos Salvajes). 

Mirando lo que ocurre en La Ramada, y Los Pozos, a mi me parece que la única salvaguarda de la ciudad contra la voracidad de los gremialistas está en el flujo vehicular. Pero también, la actividad económica del Casco Viejo, necesita que los cruceños vuelvan allá en su vida cotidiana, y no sólo para el Carnaval. Las autoridades municipales tienen el desafío de lograr que la gente vuelva a vivir y trabajar en el Casco Viejo de la ciudad. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Marco A. Del Río

Economista

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