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Los resultados electorales del pasado domingo han sido contundentes en la ciudad y nos hacen prever que se tendrá gobernabilidad formal por un Concejo casi hegemónico y social, puesto que habría un apoyo sólido a la candidatura ganadora.
Así se ha conseguido una arista clave para políticas públicas transformadoras: que sea políticamente viable. Los otros dos elementos son relevantes: que sea técnicamente correcta y que sea organizacionalmente posible. Esta última implica que además del “capitán” ya elegido, la partida por el desarrollo cruceño tenga los suficientes “jugadores” íntegros, capaces y no sólo con buena voluntad.
Eso nos lleva al primer punto, la técnica adecuada. Hoy con los medios digitales y la inteligencia artificial hay una tendencia perversa a que todos nos convirtamos en “todólogos”. Sabemos tanto de política en elecciones, medicina en pandemia, y de otros temas como urbanismo y economía según la ocasión.
Tal como se atribuye a Mark Twain al inicio de la película “La gran apuesta”, «No es lo que ignoras lo que te mete en problemas, sino lo que crees saber con certeza y que, en realidad, no es cierto». Esa frase es una llamada de atención para la “todología”.
Mi consejo que es que la nueva administración busque fuentes confiables para las técnicas adecuadas, porque se le acercarán muchos “vende-humo” nacionales y mundiales. Las fuentes confiables incluyen organismos internacionales, centros de pensamiento y también los análisis que ya fueron diseñados. No es necesario inventar de nuevo todo; por el contrario, es crucial aprender de lo pasado.
En lo particular como un ciudadano más, mi sueño para Santa Cruz de la Sierra y el área metropolitana es que no se conforme con ser la más grande de Bolivia, sino que inscriba la metrópoli a nivel internacional. Hoy, por ejemplo, no figura como tal en Metroverse de la universidad de Harvard y esa es una llamada de atención.
También me gustaría que al pasar por el hotel de más tradición en la ciudad después de una llovizna, no tener que lidiar con agua acumulada y vehículos salpicándose entre sí. Y si de agua hablamos, su efecto ha sido tan dañino que hoy varias avenidas no tienen baches, sino verdaderos cráteres.
Por otra parte, me encantaría que al circular por las avenidas enlosetadas no me acuerde del viaje por carretera hace tres décadas cuando los vehículos vibraban por el “calaminado” de las vías camineras. O se mejoran las vías con bien acomodadas losetas o se las asfaltan.
También sueño con una ciudad que tenga aceras. Cuando llegué hace casi 12 años, quise salir a pasear con mis hijos usando coche de bebés. Fue imposible hacerlo porque a partir del segundo anillo existen tramos largos sin acera razonable. Tampoco fue posible hacerlo porque no había sombra adecuada, a diferencia de, por ejemplo, Buenos Aires, donde la sombra de los árboles frondosos permite caminar en días de verano.
La ciudad y el departamento han sido bendecidos con abundante naturaleza. Por eso, duele ver que los parques, las aceras naturales y las rotondas parecen verdaderas zonas inhóspitas por la cantidad de maleza que existe, que no es quitada o por las autoridades respectivas o por los responsables particulares.
En el ámbito educativo, me encantaría que no sólo se discuta el desayuno escolar. Sería genial que se tenga un sistema de capacitación posterior a la escuela que brinde competencias y habilidades para que los estudiantes puedan estar a la par regional, no como ahora con resultados magros en lectura y escritura como lo muestra una prueba internacional. De esa forma, podremos asentar desde los cimientos el sueño de ciudad universitaria.
Y un detalle que sí lo digo como economista: la prosperidad de las ciudades depende muchísimo de la capacidad de generar producción y riqueza; esa es clave para todo lo anterior. No habrá metrópolis sin mayor productividad.
En fin, son muchos mis anhelos como el de otros ciudadanos. Éste es un comienzo que esperamos tenga, como en los cuentos, un final feliz.


