OpiniónSociedad

Viajes de navegación y políticos profesionales

Christian A. Aramayo Arce

Presidente de la Fundación Gobierno Abierto y Director del Centro de Desarrollo Humano y Empleabilidad de la UAGRM

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Décadas atrás, si realizábamos un viaje en altamar o si se viajaba por la amazonía, se necesitaban de mapas que nos indiquen cuál era la situación del territorio al que queríamos ir, se identificaban obstáculos, rutas e incluso se asociaban ciertas zonas con la existencia de monstruos que vivían debajo del agua debido a la escasa información y, evidentemente, a la imaginación de muchos navegantes.

En las historias uno suele imaginarse con razón a piratas o navegantes con mapas o cartas de navegación que los guiaban en circunstancias muy adversas como la situación de tormentas implacables cuando uno se encontraba rodeado de agua. De esa manera, los tripulantes trabajaban para alcanzar los objetivos deseados tomando como referencia fundamental lo detallado en los mapas.

En el siglo XX, los censos eran como nuestros mapas: se trataba de formas por las que uno descubría dónde estaba y hacia dónde uno iba, pero por las limitaciones tecnológicas y particularmente el coste de transmisión de información, era imposible contar con información actualizada en segundos, para lo cual se contaba con otras herramientas que complementaban la navegación y para ello las herramientas estadístico-muestrales fueron fundamentales.

Es así que, podríamos ver al censo como una actualización de nuestro mapa para saber dónde estamos y hacia dónde vamos, con la particularidad histórica de que gracias a las bondades de la libertad de comercio y la innovación tecnológica, en pleno siglo XXI contamos con mecanismos mucho más acelerados para el levantamiento de información y la toma de decisiones privadas y públicas que benefician desde los más pequeños negocios y emprendimientos, hasta las más altas esferas de influencia y poder político y cultural. 

Pero, ¿cuál es la importancia entonces del censo?, entre otras cosas, el censo define: 

  • La base de documentos oficiales de planificación territorial a nivel municipal, departamental y nacional que define la hoja de ruta de buena parte de las gestiones gubernamentales.
  • Redistribución de recursos públicos para contar con los fondos estatales que merecen las regiones.
  • Redistribución de escaños para que la población en los territorios sea debidamente representada.
  • La hoja de ruta para identificarnos a nosotros mismos como seres en sociedad.

Cabe mencionar que un censo no es agradable para gobiernos autoritarios. Los autoritarismos desprecian la verdad, no la toleran. Es por ello que para muchas autoridades procuran posponerlo, boicotearlo e incluso ignorarlo. De ahí que sea importante que la opinión pública y las élites políticas, económicas y culturales del país tomen como un paso fundamental al censo para garantizar cierta estabilidad y certidumbre para el futuro. Es, sin lugar a dudas, una oportunidad sumamente importante. 

Imagine, estimado lector, que va a una visita médica. Espero que coincida conmigo en que no es nada prudente mentirle a nuestro médico si sabemos que nuestro bienestar e incluso nuestra vida dependerán del diagnóstico que nos realizarán. Así, es importante ser completamente honestos con quien nos hará el diagnóstico y para lo cual, es prudente considerar algunos riesgos -algunos de ellos se dieron en el censo 2012-: 

  • Que autoridades y líderes de opinión llamen a pobladores a volver a su región siendo que dichos pobladores ya no viven ahí.
  • Que la cartografía -base fundamental para el censo- sea improvisada o esté mal realizada.
  • Que se promuevan asentamientos irregulares.
  • Que la institucionalidad cívica, académica, gubernamental y, fundamentalmente, que los jóvenes y empresarios se desentiendan de este proceso.

Así las cosas, el rol de medios de comunicación tradicionales y no tradicionales es vital porque la población debe reconocerse como realmente es y no como la imagen que pretendan instalar burócratas.

¿Qué hacer si sabemos que la institucionalidad democrática y la justicia del país es tan débil y no se reconocen acuerdos mínimos? 

Ante la polarización y crisis política nacional, lo ideal es que haya un acuerdo previo para respetar los resultados del censo. Es difícil que se logre (y dado el contexto, casi imposible), pero los actores locales son fundamentalmente importantes para iniciar este proceso. Por otro lado, como los políticos se mueven por motivaciones electorales, la sensibilización es vital para que la población que demande la realización del censo de manera coherente, transparente y participativa. 

Por cierto, no se trata de limitar el proceso a “censo = más representación política”, o “censo = más dinero para la región”, ambas ideas son importantes. Si bien dichas ideas son importantes para el círculo rojo, no son del interés del vendedor de la esquina, el productor que vive en provincia ni del grueso de la población en general. Se debe asociar la realización del censo con necesidades, intereses y expectativas. Por dar algunos ejemplos: con el censo llegarán más obras y oportunidades para los jóvenes, con un censo bien realizado los sectores más vulnerables del país lograrán ser identificados y se les podrá dar apoyo, con un censo bien hecho se podrán apuntar las oportunidades de inversión para los pequeños negocios y la generación de empleos, con un censo se podrá confirmar o identificar oportunidades de inversión para grandes empresarios, con un censo debidamente trabajado las organizaciones de filantropía y ayuda social podrán identificar de mejor manera a sus beneficiarios y así un larguísimo etcétera.

La realización del censo es un enorme gran paso a pesar de los desafiantes contextos que nos pretenda imponer la coyuntura. Uno de los frentes estratégicos para las regiones, campesinos, pueblos indígenas y empresarios es el censo (por lo escrito más arriba), luego está el territorio, la administración de justicia y, por último, pero de ninguna manera menos importante, el campo del relato y la narrativa. Para enfrentar dichos frentes se necesitan, cual si estuviéramos en una tormenta en altamar, de políticos profesionales. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Christian A. Aramayo Arce

Presidente de la Fundación Gobierno Abierto y Director del Centro de Desarrollo Humano y Empleabilidad de la UAGRM

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