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¿Federalista tú? ¿Federalista él? Pucha, ¡qué joda!

José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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“Evo propone referéndum por el federalismo” (El Deber, 15/11); “Camacho propone federalismo” (Publico.bo, 22/11)… ¿Será, como se intituló  la versión galeana de Alicia… que todo está “patas arriba: la escuela del mundo al revés” y hasta los terraplanistas pudieran tener razón…?

Con su olfato de viejo  zoon politikón —por edad y experiencias atornilladas al Poder— Morales relanzó al debate el federalismo para Bolivia y quitó la primicia de agitar un tema latente desde el siglo 19; Camacho recogió el guantelete —no guante: de hierro y estaño para perdigones— y se sumó proponiendo “la construcción de un Estado federal”. Vamos por partes.

Federalismo ha sido bandera recurrente en Bolivia. El Estado Federal de Santa Cruz fue proclamado en dos ocasiones; entre febrero de 1876 y mayo de 1877 durante la Revolución Igualitaria que concluyó con el fusilamiento de su líder Andrés Ibáñez y algunos seguidores; la segunda —Revolución de los Domingos— posicionó entre enero y febrero de 1891 la Junta Gubernativa Federal del Oriente encargada de constituir los Estados Federales del Oriente, apoyada en el Beni. En palabras de Paula Peña (La permanente construcción de lo cruceño, 2003): “La revuelta de los Domingos fue reprimida y con ella los últimos vestigios de lograr la federación por la vía violenta [;] los cruceños desarrollarían nuevas formas de enfrentar el centralismo”.

En la etapa democrática post1982 el reclamo de autonomía alcanza espacios cada vez mayores: prolegómeno fue la Participación Popular, primer proceso de desagregación del centralismo hacia los municipios —by pass de los departamentos— y OTBs dirigido por Carlos Hugo Molina a partir de la Ley N° 1551/1994, que sería reafirmado en la Constitución Política del Estado de 2009 y la Ley Marco de Autonomías y Descentralización “Andrés Ibáñez” N° 031/2010. Pero ¿es real la autonomía?

La ausencia de un Pacto Fiscal entre el Estado boliviano y los entes subnacionales y universidades ha dejado básicamente al arbitrio del Gobierno central el manejo y distribución de los recursos públicos y, por ende, buena parte de las decisiones de desarrollo desagregado. La defensa que durante años han hecho José Luis Parada, Juan Carlos Urenda, el mismo Molina y muchos otros para concretar un Pacto Fiscal han chocado con el valladar del centralismo secante.

Pero volvamos a los federalismos de Evo y de Camacho. Coincido con Carlos Valverde que el “federalismo de Evo” es su vía para apurar su regreso al Poder y, agrego yo, para silenciar los sectores contestatarios, sobre todo desde la economía cruceña. También concuerdo con José Luis Santistevan que para llegar al federalismo en Bolivia son necesarios: primero, un referéndum para aceptar o rechazar una imprescindible Asamblea Constituyente que funde el Estado Federal; segundo, elegir los constituyentes y, tercero, otro referéndum para aprobar o no la nueva Constitución; procesos de tres a cinco años vista que darían tiempo para el regreso de Evo y la liquidación de las oposiciones.

¿Y el de Camacho? No conozco estadísticas de apoyo al federalismo en Bolivia —sectores en Potosí lo enarbolan— pero el apoyo a las autonomías es mayoritario. Entonces, ¿fue error estratégico —o incontinencia verbal— o necesidad de reconsolidar protagonismo?

Si en Caracollo Evo lanzó “la piedra” y Arce se subió a ella, al toque Gerardo García (vicepresidente del MAS: «Jamás vamos a permitir eso») y Andrónico Rodríguez (presidente del Senado: «[Es] por el odio contra el MAS») descalificaron la propuesta y obligaron a Evo a recular, desdiciéndose. ¿Silletazos más al Jefazo?

Manfredo Bravo señaló que «la oposición [refiriéndose a sus parlamentarios] está jugando con la agenda que le pone el MAS» a la par que los transfugios en CREEMOS y CC hacia el MAS han sido noticia continuada porque son «estructuras endebles» (Carlos Börth) y les falta «visión de país» (Marcelo Silva).

Con los tres coincido y recuerdo la oposición congresal en 2008 aprobando en patota la Ley N° 3850/2008 de Referéndums Revocatorios. ¿Nos volveremos a suicidar?

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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José Rafael Vilar

Analista y consultor político

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