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Geopolítica molecular

Jorge Kafka

Politólogo

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El 3 de mayo de 2021, Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia, escribió un twitter que puso en la agenda de debate político una nueva forma de toma del poder por las fuerzas progresistas de América Latina. Se trata de un proyecto político denominado “Revolución Molecular Disipada” orientado  a demoler, destruir, desterritorializar, la sociedad capitalista.

Esta revolución molecular trastoca las formas tradicionales de cómo la izquierda internacional pensó la toma del poder, pues no se concentra únicamente en el control del poder estatal (macro-política), que tuvo vigencia en gran parte del siglo XX, sino en la activación de dinámicas micro-políticas que descompongan, molécula tras molécula, las relaciones de poder a nivel nacional e internacional.

Para ello, se parte de las mutaciones subjetivas de quienes se sienten oprimidos en la sociedad capitalista. Se busca, desde esta perspectiva, capturar y redirigir los deseos de cada individuo con el propósito de generar un malestar emocional. Con ello, se activa un proceso de carácter introspectivo de generación de conciencia personal, para que el individuo busque reconfigurar sus deseos y “diferenciarlos” intencionalmente de las necesidades impuestas por el orden establecido (homosexuales, medioambientalistas, animalistas, indígenas, autonomías regionales, minorías lingüísticas, etc). 

Esta multitud disconforme, sin embargo, por sí misma no puede generar caos, inestabilidad y destrucción del sistema capitalista como se pudiera pensar.  Para lograr esos resultados se necesita de un factor externo, que se localiza en el “actor estratégico invisible” que agita las movilizaciones, mediante el apoyo y financiamiento de Organismos No Gubernamentales, movimientos sociales, organismos internacionales, así como de medios de comunicación, redes sociales, intelectuales, líderes de opinión pública etc., que agendan los temas objeto de acción y debate público.

En el plano operativo, este actor invisible está conformado por grupos especializados en operaciones de guerrilla urbana. Se mimetiza en la masa para no ser identificado y la empuja a una fiesta de destrucción y caos, buscando “chivos expiatorios” que son sacrificados para incrementar la indignación social y elevar la escalada de violencia. A su paso incendian los referentes del orden opresor, desbaratan la imagen de paz y tranquilidad y crean la idea de una “sociedad esquizofrénica”.

Detrás de la idea de movilización social y de la insurgencia que se experimenta en la región latinoamericana, como son los casos de Bolivia, Chile, Ecuador y Colombia, se encuentra esta concepción filosófica y esquizofrénica del poder, empero, también se identifican los intereses de otros actores globales políticos, económicos y culturales articulados por el deseo de construir un nuevo orden mundial no liberal y no occidental.

Parte de esos nuevos actores trascienden las fronteras entre lo legal y lo ilegal en una perspectiva global de dominio. De este modo, el crimen organizado, el narcotráfico, grupos terroristas, fundamentalismos religiosos y proyectos políticos anticapitalistas confluyen en la idea de destruir el mundo occidental y la institucionalidad que lo sustenta en una guerra no declarada sin límites.

La “guerra irrestricta”, que se sobrepuso a la guerra fría, se desenvuelve a nivel global  e interno, en el ámbito político, económico, social, tecnológico y cultural, desmolecularizando y fracturando las sociedades nacionales y sus regímenes democráticos, para sustituirlos por modelos totalitarios que terminan por anular los deseos colectivos que propiciaron el caos político. 

En esta “guerra irrestricta y molecular” la violencia se disipa militarmente y se extiende molecularmente para destruir la subjetividad del individuo occidental y sus instituciones. Es una lucha que hoy en día se desarrolla privilegiadamente en la mente de las personas bajo la forma de una marea revolucionaria cuyas dimensiones y alcances son impredecibles. 

*La opinión expresada en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la posición oficial de Publico.bo


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Jorge Kafka

Politólogo

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